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USA, 2006 : Ryan Phillippe (John
"Doc" Bradley), Jesse Bradford (Rene Gagnon),
Adam Beach (Ira Hayes), John Benjamin Hickey (Keyes Beech),
John Slattery (Bud Gerber)
Director
- Clint Eastwood, Guión - William Broyles Jr.
& Paul Haggis, basados en el libro homónimo
escrito por James Bradley & Ron Powers
TRAMA : La Segunda Guerra Mundial
está llegando a su fin, y los norteamericanos
se aprestan a pisar suelo japonés en la isla
de Iwo Jima. Pero la batalla es descomunalmente cruenta
y deja un tendal de bajas en ambos bandos. Un puñado
de soldados decide levantar una bandera en lo alto del
monte que domina la isla, acto que es debidamente registrado
por la prensa militar. Sin embargo las autoridades deciden
quedarse con la bandera como souvenir y ordenan levantar
otra en la cima del monte. Curiosamente la foto del
segundo alzamiento sale mucho mejor que la anterior,
y pronto causa sensación en la prensa. Ahora
los tres soldados sobrevivientes de Iwo Jima (y que
alzaron la segunda bandera) son llevados a Norteamérica
en la calidad de héroes e iconos de la nación,
en virtud de la popularidad obtenida por dicha foto.
Pero la presión del gobierno y del publico comienza
a carcomerlos por dentro, especialmente porque se trata
de una fama inmerecida - el pelotón que alzó
la primera bandera fue exterminado en las arenas de
Iwo Jima, y ellos son unos reemplazos montados por el
gobierno para vender bonos de guerra -. Y ése
será un estigma que los perseguirá durante
el resto de sus vidas.
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A principios del 2000 Clint Eastwood estaba interesado
en adaptar el libro Flags of Our Fathers, en donde
se narraba la historia verdadera detrás de una
mítica foto de la Segunda Guerra Mundial - en
donde un pelotón de soldados alzaba un mástil
con una bandera norteamericana en las arenas de Iwo Jima
-, y la suerte que corrieron sus protagonistas. Pero
los derechos los tenía Steven Spielberg y Eastwood
comenzó a perseguirlo hasta que llegaron a una
sociedad. El resultado final es el filme que ahora nos
ocupa.
Es casi imposible no haber visto alguna vez la foto
de Iwo Jima. Se transformó en un icono cultural
que recorrió el mundo y cuya influencia sigue
hasta nuestros días - hasta se construyó
un monumento en base a dicha imagen -, pero la historia
real es bastante menos heroica. Hubo un primer alzamiento
de la bandera; hubo un oficial que se quiso quedar con
la bandera de recuerdo; y hubo un segundo alzamiento
con otra bandera y otros protagonistas, en donde se
tomó la mítica foto. Como a) los
tipos del primer alzamiento se murieron b) el
segundo alzamiento se veía mucho más bonito
- y, sobre todo, épico -, decidieron traer
a los supervivientes de éste último, darle
el título de héroes y usarlos como carne
de cañón para una campaña publicitaria
destinada a recaudar fondos con la venta de bonos de
guerra. Los tipos, que al principio se sentían
como unos reyes, comenzaron a sentirse torturados con
el paso del tiempo, como que le estaban robando el honor
a los verdaderos héroes que yacían masacrados
en Iwo Jima. Chin, púm, ese es el meollo
dramático de la historia.
Por supuesto los norteamericanos pueden hablar maravillas
de Banderas de Nuestros Padres, diciendo que
es revisionismo valiente y un canto al patriotismo,
pero la verdad es que es una película dramáticamente
muy floja. El problema es que la atención está
dispersa en demasiados asuntos y eso le resta potencia
al hilo central de la historia. El filme arranca de
manera formidable, con la reflexión de la versión
anciana de uno de los protagonistas sobre lo que es
la guerra, y uno se frota las manos anticipando que
ésta va a ser una película potente, pero
lo que sigue deja que desear.
Hay varios detalles que desmerecen el esfuerzo de Eastwood.
Hay demasiados personajes, compuestos por actores blandengues
y que no son memorables. Aquí deberían haber
dos pelotones - el original que levanta la primera
bandera, y el que levanta la segunda bandera -, cuyos
miembros resultaran fáciles de distinguir y recordar
- una verdadera prueba de talento para los guionistas:
definir la personalidad de un personaje en dos frases,
ya que se carece de tiempo y hay demasiados caracteres
por desarrollar -, como para que después uno
se sienta afligido por su muerte. No pasa nada de eso;
es una masa anónima que perece bajo las balas japonesas
y, de no ser porque uno sigue el argumento en la Wikipedia,
jamás se enteraría de quién es quién
(hubiera sido mejor contratar a pelotones de actores famosos
y fáciles de recordar: ¡mirá! ¡ahí
mataron a Johnny Depp!). Por otro lado Eastwood se
distrae con una masivas secuencias de acción que
dejan a la hecatombe inicial de Salvando
al Soldado Ryan a la altura de un duelo con pistolas
de juguete. Sin dudas son escenas formidables - es
la primera vez que se ve un combate de la Segunda Guerra
Mundial como si fueran las puertas abiertas de Infierno
-, pero no estoy seguro de que fuera eso lo que el
relato requería. Tampoco termina de convencerme
el drama posterior: aún cuando fueran falsos héroes,
esta gente contribuyó desde su lugar a ganar la
guerra recaudando fondos (son héroes a su manera).
Si yo hubiera sido Eastwood, hubiera podado casi todo
y me hubiera centrado en la historia de Ira Hayes, el
soldado indio que participó en la toma y cuyo remordimiento
lo llevó al alcoholismo y a la muerte a temprana
edad. Mientras que los otros dos son unos vivillos explotadores,
la crónica de Hayes era potencialmente muy rica
- podía reflexionar sobre la raíz del
heroísmo, el horror de la guerra, el drama de ser
una minoría en los años 40, etc. -
pero está relegada a un segundo o tercer plano.
Y todo esto para intentar abarcar demasiadas cosas - el
soldado que se siente culpable por haber abandonado a
su amigo, al que capturaron y torturaronr los japonesas;
el hijo del héroe de guerra que investiga la verdad
de todo, etc - y dándole la tarea a actores
blandos y sin carisma.
Banderas de Nuestros Padres me resultó
decepcionante. Pretende hacer muchas cosas y no se enfoca
en ninguna. El drama suena hueco y disperso, y da la
sensación de que la fama del filme ha sido inflada
simplemente porque es prolijo, revisionista y patriótico...
pero dista bastante (a mi juicio) de ser la obra fundamental
que todos pretenden vender.
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