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USA, 1966 : Stephen Boyd (Charles Grant), Raquel Welch
(Cora Peterson), Donald Pleasence (Dr Maxwell Michaels),
Arthur Kennedy (Dr Peter Duval), William Redfield (William
Owens), Edmond OBrien (General Carter), Arthur OConnell
(Coronel Reid) Director - Richard Fleischer,
Guión - Harry Kleiner sobre la adaptación
de David Duncan de una historia de Jay Lewis Bixby &
Otto Klement, Musica - Leonard Rosenman |
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TRAMA : El agente secreto Charles Grant colabora
en la deserción del científico Jan Benes
a Occidente. Pero un atentado termina por poner en serio
peligro a la vida de Benes, que permanece en coma. Grant
es llamado a una base militar donde Benes permanece
internado, y el General Carter le presenta el CMDF (Fuerzas
de Defensa Combinada Miniaturizada), un proyecto ultra
secreto que se basa en la miniaturización de
objetos y personas con propósitos de defensa.
Pero los hallazgos del CMDF tienen una vida útil
de 60 minutos, y Benes ha sido el único científico
que ha develado el secreto que evita que los objetos
miniaturizados recuperen su tamaño normal pasado
ese plazo - razón por la que resulta imprescindible
que no muera -. Grant se une a un equipo militar y médico
que abordará el submarino Proteus, el cual será
reducido al tamaño microscópico y lanzado
en el torrente sanguíneo de Benes, con el propósito
de llegar al cerebro y eliminar un coágulo que
está matando al científico. Pero el agente
deberá lidiar con las enormes sospechas de que
uno de los integrantes es un traidor e intentará
sabotear a la misión.
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Del lento pero indetenible revival que comenzaría
a experimentar la sci fi en los años 60,
éste es posiblemente uno de los títulos
más destacados. La premisa es bastante simple pero
a la vez impresionante: adaptar las peripecias al estilo
de 20.000
Leguas de Viaje Submarino, pero ahora en un escenario
miniaturizado (en este caso, el interior del cuerpo humano).
Qué mejor para esta historia que volver a contar
con el narrador de la gran aventura de Julio Verne de
1954: el director Richard Fleischer.
El concepto es sencillamente fascinante. Como suele
pasar con los mejores filmes de sci fi, la premisa
es tan absorbente que no resulta necesario dar rodeos
en perfiles dramáticos o tridimensionalidad de
los personajes. Como hemos citado en numerosas ocasiones,
Them! (La Humanidad en Peligro)
es el gran clásico de este sub género
- el del seudo documental científico -, en donde
una idea es analizada en todas sus posibilidades, y
los actores cumplen una función mayoritariamente
de interlocutores entre la platea y las premisas científicas
que disparan los guionistas. En este caso es una fabulosa
lección de anatomía narrada en clave de
ciencia ficción, donde el propósito es
simplemente maravillar al espectador.
Por supuesto la historia sigue ciertos clisés
narrativos que son habituales en los filmes de misiones:
cosas que se rompen y no hay repuesto, cliffhangers
que amenazan a la vida de los tripulantes, eventos planeados
que nunca se cumplen como se han previsto, etc. Todos
esos clisés no son demasiado originales ni tampoco
poseen mucho suspenso - a lo sumo la llegada del Proteus
al Cerebro presenta algo de tensión -. Pero el
filme lo compensa sobradamente mostrando un universo totalmente
diferente y alienígena - ya no es el espacio, meteoritos
o creaturas espaciales, sino que es el torrente sanguíneo,
los órganos, células y anticuerpos -. A
pesar de que los FX sean bastantes desparejos - los planos
generales de la navegación del submarino están
ok, pero las peripecias en los pulmones, el oído
o el cerebro se ven algo toscas, sin mencionar que la
corriente sanguínea parece una gigantesca lámpara
de lava - cumplen con su propósito de manera efectiva
(el espectador siente una enorme curiosidad de cómo
se verá la siguiente escala de la misión
en alguno de los órganos del cuerpo humano).
Es precisamente en esa fascinación por descubrir
los secretos del cuerpo humano, en que el filme basa
su éxito frente a la gigantesca cantidad de agujeros
de lógica que plantea el libreto. Como siempre
decimos aquí, lo que calificamos es la satisfacción
en cuanto a la experiencia como espectador - medimos
cada film con su propia vara, y nuestras mediciones
no sirven para comparar películas entre sí
-. Desde el punto de vista de la platea, el film cumple
el propósito planteado en el título -
fascinar al espectador -. Desde el punto de vista crítico,
es un colador plagado de incoherencias : comenzando
por la discusión acerca de la probable utilidad
de miniaturizar fuerzas militares; prosiguiendo por
la escena de la molécula atómica miniaturizada
que potencia al submarino - que recupera su tamaño
cuando equipo y nave son reducidos a tamaños
microscópicos -; continuando con las andanzas
submarinas de los miembros de la misión, que
no utilizan guantes (con lo cual agarran a mano desnuda
todo tipo de elementos que flotan en la sangre) ni gorras
para el pelo (¿qué pasaría si
el pelo de uno de los integrantes del equipo quedara
flotando en la sangre?); siguiendo con la inconsistencia
de los niveles de presión de aire; el tema de
recuperar el tamaño en cuestión de 60
minutos, considerando que al final el traidor y el submarino
(así como todo el suero miniaturizado insertado
inicialmente con la jeringa) debería recobrar
el tamaño original y hacer explotar al cuerpo
de Benes desde dentro ... Sin duda es una película
que demanda poner el switch del cerebro en off
para poder disfrutarla en todo su esplendor visual.
No es una película que tenga siquiera un debate
mínimo. A lo sumo el personaje de Arthur Kennedy
se limita a generar loas a la maravilla de la condición
humana, pero después de la segunda observación
ya termina por aburrir. Ni por asomo contiene alguna
reflexión de semejante profundidad como otro
film de temática similar, como es el clímax
de El Increíble
Hombre Menguante. Precisaba aunque fuera unos minutos
de reflexión profunda que sería la reacción
natural de un ser humano ante la visión de semejante
espectáculo.
El concepto (y la premisa de la CMDF) regresarían
en una serie animada de Filmation Associates
(1968 - 1970), donde el submarino sería trocado
por un avión. En 1987 Joe Dante conduciría
una película basada en una premisa similar pero
en clave de comedia (Inner Space), de calidad
muy dispar. |