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USA, 2009 : Adrian Paul (Gunner
Reynolds), Megan Blake (Barbara Hawkins), Luke Eberl (Jarett
Hewes), Danny Trejo (G-Man), Dale Girard (Sankur)
Director - Richard Clabaugh,
Guión - Richard Clabaugh & Fran Clabaugh
TRAMA : El temor hacia los ataques
terroristas ha impulsado que el congreso norteamericano
dicte el Acta de Libertad de Observación,
en donde un ejército masivo de androides - conocidos
como Eyeborgs - harán las veces de centinelas,
conectándose con la red nacional de videocámaras
de seguridad, y pudiendo interferir teléfonos,
celulares y todos los medios de comunicación
en busca de charlas sospechosas. Los robots han pasado
a asistir a las fuerzas de seguridad y ahora sus videos
se constituyen en el primer elemento de prueba en los
juicios contra posibles terroristas. Gunner Reynolds
es un agente del departamento de Seguridad Interna que
ha capturado a un sospechoso de terrorismo, pero el
mismo perece en un intento de fuga del edificio federal
en donde se encontraba confinado para ser interrogado.
Las pruebas parecen indicar que el individuo - quien
intentó asesinar al sobrino del presidente norteamericano
- pudo salir de su celda debido a que Reynolds dejó
la puerta electrónica sin cerrojo, cosa que el
agente niega rotundamente. Pero a medida que Reynolds
comienza a investigar la muerte del posible terrorista,
empieza a descubrir una complicada trama de encubrimiento
y traición, que tiene que ver con el creciente
poder que ha ido obteniendo la masiva fuerza de los
eyeborgs, los que parecen estar en todos lados.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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A veces una buena idea termina siendo arruinada por la
impericia de su creador. Es lo que ocurre con Eyeborgs,
pergueñada por Richard Clabaugh y cuyo único
referente previo es Python (2000), un mediocre
telefilme de terror. Si Clabaugh se hubiera auto-relegado
al rol de productor y hubiera contratado a otro director
y a otro guionista, Eyeborgs hubiera recibido la
pulida que precisaba y podría haberse transformado
en algo disfrutable e incluso memorable. Pero aquí
el nivel de mediocridad es generalizado, lo que no impide
que un puñado de buenas ideas terminen por relucir
en medio de la avalancha de desprolijidades.
Eyeborgs se ve como un filme bien barato, propio
de las producciones habituales del Sci Fi Channel;
incluso la ciudad en donde filman parece canadiense
y no norteamericana, y todo destila modestia por los
cuatro costados. Al menos los FX son más que
aceptables, con robots animados de todo tipo, tamaño
y color. Por su parte está Adrian Paul, ex Highlander,
que acá luce un inapropiado corte de pelo pendejeril
que me hace acordar a Pablo Rago en Amigos Son
Los Amigos (1989 - 1992), y que no le queda muy
bien a un tipo con más de cincuenta años
(aunque Paul no lo parece; recordemos que es inmortal).
Sí, la calidad de la producción apesta,
pero por suerte la historia es un poco mejor que el
magro presupuesto que gastaron en el rodaje.
Hay momentos en que Eyeborgs intenta ser una sátira
de los medios al estilo de los flashes informativos de
Robocop y Starship
Troopers, con la diferencia que Clabaugh no tiene
ni el 10% del talento de Paul Verhoeven. Incluso hay un
par de presentadores apellidados Romero y Coppola,
que es una muestra del nivel de creatividad (ja!) que
tienen los libretistas. Por suerte el guión abandona
esa veta pronto, y nos vemos mezclados en la típica
conspiración de turno, con agente federal descubriendo
algo sospechoso que resulta ser la punta de la madeja
de un enorme plan para apoderarse del gobierno. Decir
que la mitad de los personajes está escrito como
el demonio es quedarse algo corto; en un momento un periodista
sobrevive un ataque de los robots asesinos y se queda
festejando durante cinco minutos, diciendo idioteces y
bravuconadas de todo tipo y color, hasta que el robot
revive y termina por matarlo. Se lo tenía
merecido.
Y aún con todas sus desprolijidades, hay un
puñado de ideas que impiden que uno termine por
odiar a Eyeborgs. La primera es la idea del estado
omnisciente con robots vigilando todo el tiempo, que
debería haber dado lugar a un film mil veces
más paranoico que éste. Como dice Danny
Trejo en un momento, "imagínate si cada
uno de esos seis millones de robots tuviera un arma
escondida". Los ciborgs interfieren señales,
no duermen nunca, fabrican pruebas... Es un concepto
interesante. Lástima que las armas que tienen
los robots van de lo patético a lo estúpido,
como lanzas, pequeñas sierras circulares, o encendedores
de cocina (!). Sí, los robots más chicos
tienen un Magiclick incorporado y, al parecer,
nunca le tienen que reponer el gas. El segundo tema
interesante es la conspiración en sí,
que termina con algunas revelaciones que podrían
ser sorprendentes si no fuera porque al guión
le importa un comino armar una situación de mediana
credibilidad. (alerta spoilers)
Uno podía anticipar el hecho de que el Presidente
fuera en realidad una construcción electrónica
de la megacomputadora que controla a los eyeborgs,
pero el libreto se encarga de arruinar la revelación
con multitud de detalles idiotas. Por ejemplo, ¿no
hay una limusina y no hay guardias de seguridad que
transportan al presidente a todos lados? ¿no
ven que nadie desciende del auto presidencial? ¿nadie
vigila el estudio de televisión por dentro?.
¿nadie se ha dado cuenta que el presidente no
existe?. El tercer tema (que es el que termina
por levantar el puntaje de la película) es que
al menos tiene la decencia de terminar mal. La conspiración
continúa, y dos tipos no pueden hacer nada por
detenerla, sólo esperar a que el público
se de cuenta de la verdad a través de un video
viral que pusieron en Internet. No es una resolución
limpia (queda abierta la posibilidad de una secuela),
pero al menos es una resolución lógica.
(fin de spoilers).
Eyeborgs tiene algunos
momentos buenos y unos cuantos momentos mediocres, pero
al menos se deja ver. La idea del estado totalitario
con control masivo de ciudadanos es interesante. La
idea de la conspiración - que sirve de excusa
para armar un falso ataque terrorista, culpar a un pais
petrolero, e invadirlo - está bastante bien hecha.
El tema es que la ejecución de la historia es
muy desprolija. Hay un terrible casting (sino vean
a la líder de SWAT, que se parece más
a la almacenera de mi barrio en vez de una soldado profesional
altamente entrenada), una dirección chata,
y varias secuencias descolgadas del tono de la trama.
Por contra, hay un puñado de escenas y conceptos
que sí funcionan, y que hubieran merecido mejor
suerte en vez de ser plasmados en el celuloide por alguien
tan insulso como el director Richard Clabaugh. |