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¿Es El Exorcista la mejor película de terror de todos los
tiempos?. Este es el tipo de pregunta capciosa que se suele realizar en los círculos
de cinéfilos. Es difícil aseverarlo, pero sin duda es una de las
más fuertes candidatas. Se trata de un film brillantemente construído,
que demuestra que tan bajo han caído los cineastas de terror de los tiempos
actuales. Mientras uno ve El Exorcista, imagina lo que un director rutinario
podría haber hecho con el guión : incorporar sustos baratos a los
5 minutos de proyección, inundar la pantalla de FX y gore, golpear
con efectismos. Es una cinta ejemplar de cómo antes se hacía buen
cine y buenos guiones. El estilo de la dirección me recuerda a muchos filmes
de Hitchcock y, nombrando casos más recientes, de M. Night Shaymalan. Un
comienzo anodino, mucho desarrollo de personajes, una escalada lenta pero indetenible
de tensión hasta un clímax shockeante y soberbio. Sin dudas, es
un filme de horror inteligente.
Es indescriptible el impacto que tuvo El Exorcista en su tiempo. Hoy,
que hemos visto como despedazan personas vivas en Hellraiser o perros partiéndose
al medio y transformados en seres abominables en El Enigma del Otro Mundo,
a uno le parecen poco shockeantes las imágenes del film. Pero el comienzo
de todo lo que conocemos, proviene de esa época y de películas como
ésta. Ya había antecedentes de terror explícito en los 60
(sin ir más lejos, La Noche de los Muertos Vivientes, pero en un
blanco y negro que atenuaba ciertamente el impacto de sus imágenes), pero
recién con El Exorcista vemos algo monstruoso (y shockeante) a todo
color. Mencionar las impresionantes colas de gente para verla, las toneladas de
vómito de en los cines, el escándalo y debate en los medios ...
son impactos que sólo obtendrían otros títulos seminales
del horror como Tiburón, años más tarde.
¿Pero por qué tuvo tanto impacto este film?. Es posible que tenga
que ver con una cuestión cultural. En la cinematografía mundial,
el terror siempre ha venido por el lado de los monstruos, contando la época
de oro de la Universal con sus Frankensteins, Dráculas, Hombres
Lobos, Momias o seres de la Laguna Negra. Después la posta pasó
a Europa, donde la Hammer popularizó el horror gótico en
colores. Pero nunca pasó a ser nada demasiado explícito, y la mayoría
de creaturas tenían un espíritu malvado por naturaleza, con algún
que otro atisbo de redención. Nunca hablamos de un ser común y corriente
transformado en algo demoníaco. Y menos de una niña que es una simbolización
de pureza e inocencia como la Regan de El Exorcista. Quizás sea
este factor el que resulte más angustiante para el espectador: no es un
adulto que se ha atrevido a retar a las fuerzas del mal y le ha sobrevenido una
maldición. Es una criatura inocente que comienza a ser poseída,
inesperadamente, por fuerzas fuera de nuestra comprensión. Si uno se atiene
a la construcción del film, es en el fondo el desarrollo subliminal de
una violación infantil : primero por la ciencia, con los terribles exámenes
a que se somete Regan, después por la posesión demoníaca
en toda su fuerza (en su punto cúlmine, con la masturbación y flagelación
que Regan se hace con un crucifijo).
Pero el otro factor cultural es precisamente el demonio. Es por ello que en
Europa el film tuvo un impacto menor que en América. Los europeos han vivido
inquisiciones, han convivido con culturas paganas, y saben lo que es el diablo.
En su historia y en su cultura, el temor al mal (y lo sobrenatural) se encuentra
arraigado. Totalmente diferente es, en una America carente de misticismo, setear
una posesión demoníaca en una clase media acomodada, lo cual resulta
algo impensable. Esto es algo que aterrorizó a las plateas yanquis : que
una fuerza externa (y sobrenatural) puede atacar a mi familia. Si uno considera
la época del film, en donde no hacía mucho se habían dado
los crímenes satanistas del Clan Manson, no sería muy delirante
arriesgar que El Exorcista explota la paranoia de que el mal se encuentra
entre nosotros y que puede violentar nuestros hogares.
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La construcción de El Exorcista es brillante, con un director
como Friedkin en el pico de su talento. La lenta parsimonia de la secuencia de
Irak sirve para ir escenificando el tono de la obra. Ciertamente quedan algunos
puntos no muy claros en el film : si la medalla que encuentra Merrin en las excavaciones
- que después aparecen en los sueños de Karras, en la versión
extendida del film, y que resulta ser la medalla de éste, que Chris MacNeil
quiere darle al padre Dyer al final - es algún tipo de señal sobre
el destino, o es una prueba de que en ese lugar se han cometido exorcismos antes.
Tampoco se explica el porqué del atentado a la virgen de la iglesia. ¿Acaso
Regan se fugaba por las noches y cometió el sacrilegio de la estatua?.
Y por cierto, hay algunos personajes algo descolgados de la trama, como el teniente
Kindermann. Precisamente ingresa a la historia para investigar el sacrilegio de
la Iglesia así como la muerte del director de la película en la
que trabajaba la madre de Regan. Pero su papel es bastante decorativo : sirve
para que el espectador relacione que la muerte del director Dennings fue a manos
de Regan, y que lanzó el cuerpo desde la ventana de su habitación
(¿acaso Dennings había ido a molestarla a su cuarto?; hay
pistas de conductas extrañas de Dennings en la escena de la fiesta). Y
para brindar una presencia policial en el clímax del exorcismo.
Pero estos baches no desmerecen al film. Hay una prolija y densa construcción
de personajes al inicio : el atormentado Karras, en su crisis de fe, en su depresión
personal a causa de la muerte de su madre, y en su debate interno entre ciencia
y religión (es cura y sicólogo) cuando presencia a la niña
poseída. La construcción, en cambio, de la familia MacNeil tiene
algo más de clisé - son pantallazos para mostrar una familia
feliz, curándose de las heridas del divorcio -. Acá hay dos puntos
para rescatar : una es la visión de inocencia de una niña de 12
años, dibujando y haciendo artesanías, que resulta algo infantil
para estos tiempos cínicos del nuevo milenio. Es una imagen que uno asociaría
a una niña de 8 años, pero no a una pre adolescente - que podría
estar más interesada en sus relaciones sociales escolares, pasando por
un período de rebeldía o comenzando algún tipo de etapa conflictiva
-. El otro punto es el divorcio mismo : recordemos que las manifestaciones atípicas
de Regan comienzan después de que no pueden encontrar telefónicamente
a su padre para saludarla en su cumpleaños. De algún modo, el guión
esboza que existe la posibilidad de que una crisis sicológica pueda ser
la causante de los hechos que se suceden.
Pero el film continúa con su escalada de tensión. La investigación
de los ruidos del ático pudo haber sobrevenido en una escena rutinaria,
con shocks baratos, acercamientos y música in crescendo de fondo.
Pero Friedkin opta por dar los shocks en seco, en pleno silencio, lo que es mucho
más impactante. Nuevamente hablamos de lo malo que filman los directores
de terror hoy en día. Uno puede observar que las secuencias más
densas e impactantes del film transcurren en silencio, sin música de fondo
ni tomas de cámara especiales. El largo clímax del exorcismo es
ejemplar en ese sentido. Hay cierto realismo documental en esas escenas (la caída
del padre Karras es estremecedora), donde las imágenes hablan de por sí.
El director acomoda a la cámara como un espectador más, no como
un protagonista.
La versión del director contiene algunas escenas adicionales. En especial,
una larga secuencia onírica donde Karras sueña con su madre y se
le presentan visiones de un demonio. Este mismo demonio vuelve a aparecer mientras
Regan se hace los estudios (en este último caso, la aparición queda
algo descolgada la secuencia, ya que Regan se encuentra violenta pero no visiblemente
poseída). Hay algunas sobreexposiciones de imágenes en las paredes
de la casa mientras Chris va al cuarto de Regan (previo a la escena donde le notifican
la muerte de Dennings). Y claro está, la famosa escena de "la araña"
donde Regan baja de espaldas y en cuatro patas las escaleras, vomitando sangre
frente a la cámara, que es altamente shockeante. En algún modo realzan
a la obra; salvo la mencionada secuencia del demonio en el hospital, están
bien integradas. Se acoplan el final "feliz" (si se quiere) del relacionamiento
de Kindermann con el padre Dyer; algunos comentan que es una suerte de continuación
de la relación del teniente con Karras, cuando - como dijimos antes - Kindermann
resulta ser tan secundario, y la escena donde interroga a Karras realmente no
produce la química que todos comentan.
Es un gran film de terror; pero funciona más como horror sicológico,
que como shock puro. Hay secuencias impactantes, sin duda, pero la película
llega a ello después de un muy bien construído desarrollo dramático.
Es una película al servicio de la historia y no de los efectos especiales.
Es un guión inteligente y bien desarrollado, y se encuentra magistralmente
dirigida. Desarrollaría toneladas de imitadores baratos, y una serie muy
despareja de secuelas. Pero ninguno de los filmes posteriores ha alcanzado el
grado de impacto cultural que obtuvo en su momento El Exorcista. |
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