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TRAMA
: El padre Merrin investiga en unas excavaciones arqueológicas
en Irak, y encuentra señales de un culto hacia un demonio
alado. Mientras tanto, en Gerogetown, la actriz Chris MacNeil comienza
a notar extraños comportamientos en su hija Regan. Se le
practican numerosos exámenes médicos y se elaboran
diversas teorías, pero el comportamiento de Regan se hace
cada vez más violento, y la ciencia no descubre ningún
problema físico. Al final del proceso, Regan se ha transformado
en una creatura deforme y extremadamente violenta. Chris acude a
un sicólogo, pero la sesión termina con la agresión
física hacia este por parte de la niña. Desesperada,
acude al Padre Karras, exigiéndole que le practique un exorcismo.
Karras no pasa por un buen momento - su madre murió recientemente,
y se encuentra en una crisis de fe -. En su primer contacto con
Regan, desconfía de las causas posibles que hayan llevado
a la niña a ese estado. Pero comienza a experimentar sucesos
sobrenaturales, y acude a la sacristía en busca de ayuda.
Pronto se le unirá el padre Merrin, quien descubrirá
que la niña se encuentra poseída por el mismo demonio
que él ha encontrado en Irak.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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¿Es El Exorcista la mejor película de terror
de todos los tiempos?. Este es el tipo de pregunta capciosa que se
suele realizar en los círculos de cinéfilos. Es difícil
aseverarlo, pero sin duda es una de las más fuertes candidatas.
Se trata de un film brillantemente construído, que demuestra
que tan bajo han caído los cineastas de terror de los tiempos
actuales. Mientras uno ve El Exorcista, imagina lo que un director
rutinario podría haber hecho con el guión : incorporar
sustos baratos a los 5 minutos de proyección, inundar la pantalla
de FX y gore, golpear con efectismos. Es una cinta ejemplar
de cómo antes se hacía buen cine y buenos guiones. El
estilo de la dirección me recuerda a muchos filmes de Hitchcock
y, nombrando casos más recientes, de M. Night Shaymalan. Un
comienzo anodino, mucho desarrollo de personajes, una escalada lenta
pero indetenible de tensión hasta un clímax shockeante
y soberbio. Sin dudas, es un filme de horror inteligente.
Es indescriptible el impacto que tuvo El Exorcista en su
tiempo. Hoy, que hemos visto como despedazan personas vivas en Hellraiser
o perros partiéndose al medio y transformados en seres
abominables en El Enigma del Otro Mundo, a uno le parecen
poco shockeantes las imágenes del film. Pero el comienzo
de todo lo que conocemos, proviene de esa época y de películas
como ésta. Ya había antecedentes de terror explícito
en los 60 (sin ir más lejos, La Noche de los Muertos Vivientes,
pero en un blanco y negro que atenuaba ciertamente el impacto de
sus imágenes), pero recién con El Exorcista
vemos algo monstruoso (y shockeante) a todo color. Mencionar las
impresionantes colas de gente para verla, las toneladas de vómito
de en los cines, el escándalo y debate en los medios ...
son impactos que sólo obtendrían otros títulos
seminales del horror como Tiburón, años más
tarde.
¿Pero por qué tuvo tanto impacto este film?. Es posible
que tenga que ver con una cuestión cultural. En la cinematografía
mundial, el terror siempre ha venido por el lado de los monstruos,
contando la época de oro de la Universal con sus Frankensteins,
Dráculas, Hombres Lobos, Momias o seres de la Laguna Negra.
Después la posta pasó a Europa, donde la Hammer
popularizó el horror gótico en colores. Pero nunca
pasó a ser nada demasiado explícito, y la mayoría
de creaturas tenían un espíritu malvado por naturaleza,
con algún que otro atisbo de redención. Nunca hablamos
de un ser común y corriente transformado en algo demoníaco.
Y menos de una niña que es una simbolización de pureza
e inocencia como la Regan de El Exorcista. Quizás
sea este factor el que resulte más angustiante para el espectador:
no es un adulto que se ha atrevido a retar a las fuerzas del mal
y le ha sobrevenido una maldición. Es una criatura inocente
que comienza a ser poseída, inesperadamente, por fuerzas
fuera de nuestra comprensión. Si uno se atiene a la construcción
del film, es en el fondo el desarrollo subliminal de una violación
infantil : primero por la ciencia, con los terribles exámenes
a que se somete Regan, después por la posesión demoníaca
en toda su fuerza (en su punto cúlmine, con la masturbación
y flagelación que Regan se hace con un crucifijo).
Pero el otro factor cultural es precisamente el demonio. Es por
ello que en Europa el film tuvo un impacto menor que en América.
Los europeos han vivido inquisiciones, han convivido con culturas
paganas, y saben lo que es el diablo. En su historia y en su cultura,
el temor al mal (y lo sobrenatural) se encuentra arraigado. Totalmente
diferente es, en una America carente de misticismo, setear una posesión
demoníaca en una clase media acomodada, lo cual resulta algo
impensable. Esto es algo que aterrorizó a las plateas yanquis
: que una fuerza externa (y sobrenatural) puede atacar a mi familia.
Si uno considera la época del film, en donde no hacía
mucho se habían dado los crímenes satanistas del Clan
Manson, no sería muy delirante arriesgar que El Exorcista
explota la paranoia de que el mal se encuentra entre nosotros y
que puede violentar nuestros hogares.
La construcción de El Exorcista es brillante, con
un director como Friedkin en el pico de su talento. La lenta parsimonia
de la secuencia de Irak sirve para ir escenificando el tono de la
obra. Ciertamente quedan algunos puntos no muy claros en el film
: si la medalla que encuentra Merrin en las excavaciones - que después
aparecen en los sueños de Karras, en la versión extendida
del film, y que resulta ser la medalla de éste, que Chris
MacNeil quiere darle al padre Dyer al final - es algún tipo
de señal sobre el destino, o es una prueba de que en ese
lugar se han cometido exorcismos antes. Tampoco se explica el porqué
del atentado a la virgen de la iglesia. ¿Acaso Regan se fugaba
por las noches y cometió el sacrilegio de la estatua?. Y
por cierto, hay algunos personajes algo descolgados de la trama,
como el teniente Kindermann. Precisamente ingresa a la historia
para investigar el sacrilegio de la Iglesia así como la muerte
del director de la película en la que trabajaba la madre
de Regan. Pero su papel es bastante decorativo : sirve para que
el espectador relacione que la muerte del director Dennings fue
a manos de Regan, y que lanzó el cuerpo desde la ventana
de su habitación (¿acaso Dennings había
ido a molestarla a su cuarto?; hay pistas de conductas extrañas
de Dennings en la escena de la fiesta). Y para brindar una presencia
policial en el clímax del exorcismo.
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Pero estos baches no desmerecen al film. Hay una prolija y densa construcción
de personajes al inicio : el atormentado Karras, en su crisis de fe,
en su depresión personal a causa de la muerte de su madre,
y en su debate interno entre ciencia y religión (es cura y
sicólogo) cuando presencia a la niña poseída.
La construcción, en cambio, de la familia MacNeil tiene algo
más de clisé - son pantallazos para mostrar una
familia feliz, curándose de las heridas del divorcio -. Acá
hay dos puntos para rescatar : una es la visión de inocencia
de una niña de 12 años, dibujando y haciendo artesanías,
que resulta algo infantil para estos tiempos cínicos del nuevo
milenio. Es una imagen que uno asociaría a una niña
de 8 años, pero no a una pre adolescente - que podría
estar más interesada en sus relaciones sociales escolares,
pasando por un período de rebeldía o comenzando algún
tipo de etapa conflictiva -. El otro punto es el divorcio mismo :
recordemos que las manifestaciones atípicas de Regan comienzan
después de que no pueden encontrar telefónicamente a
su padre para saludarla en su cumpleaños. De algún modo,
el guión esboza que existe la posibilidad de que una crisis
sicológica pueda ser la causante de los hechos que se suceden.
Pero el film continúa con su escalada de tensión.
La investigación de los ruidos del ático pudo haber
sobrevenido en una escena rutinaria, con shocks baratos, acercamientos
y música in crescendo de fondo. Pero Friedkin opta
por dar los shocks en seco, en pleno silencio, lo que es mucho más
impactante. Nuevamente hablamos de lo malo que filman los directores
de terror hoy en día. Uno puede observar que las secuencias
más densas e impactantes del film transcurren en silencio,
sin música de fondo ni tomas de cámara especiales.
El largo clímax del exorcismo es ejemplar en ese sentido.
Hay cierto realismo documental en esas escenas (la caída
del padre Karras es estremecedora), donde las imágenes hablan
de por sí. El director acomoda a la cámara como un
espectador más, no como un protagonista.
La versión del director contiene algunas escenas adicionales.
En especial, una larga secuencia onírica donde Karras sueña
con su madre y se le presentan visiones de un demonio. Este mismo
demonio vuelve a aparecer mientras Regan se hace los estudios (en
este último caso, la aparición queda algo descolgada
la secuencia, ya que Regan se encuentra violenta pero no visiblemente
poseída). Hay algunas sobreexposiciones de imágenes
en las paredes de la casa mientras Chris va al cuarto de Regan (previo
a la escena donde le notifican la muerte de Dennings). Y claro está,
la famosa escena de "la araña" donde Regan
baja de espaldas y en cuatro patas las escaleras, vomitando sangre
frente a la cámara, que es altamente shockeante. En algún
modo realzan a la obra; salvo la mencionada secuencia del demonio
en el hospital, están bien integradas. Se acoplan el final
"feliz" (si se quiere) del relacionamiento de Kindermann
con el padre Dyer; algunos comentan que es una suerte de continuación
de la relación del teniente con Karras, cuando - como dijimos
antes - Kindermann resulta ser tan secundario, y la escena donde
interroga a Karras realmente no produce la química que todos
comentan.
Es un gran film de terror; pero funciona más como horror
sicológico, que como shock puro. Hay secuencias impactantes,
sin duda, pero la película llega a ello después de
un muy bien construído desarrollo dramático. Es una
película al servicio de la historia y no de los efectos especiales.
Es un guión inteligente y bien desarrollado, y se encuentra
magistralmente dirigida. Desarrollaría toneladas de imitadores
baratos, y una serie muy despareja de secuelas. Pero ninguno de
los filmes posteriores ha alcanzado el grado de impacto cultural
que obtuvo en su momento El Exorcista. |
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