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EROTISMO Y PORNOGRAFIA EN LOS AÑOS 70

un artículo de Alejandro Franco

Resultaba imprescindible hablar en nuestra web de cine de culto, sobre el erotismo y la pornografía, en especial sobre su período de eclosión en la década del 70. Si bien lo pornográfico es cine de consumo de alta caducidad, hoy en día podemos hablar de títulos como Garganta Profunda, El Diablo en Mrs. Jones o Emanuelle, y la gente sabe - por conocimiento directo o por rumores - de lo que estamos hablando. Es increíble pensar que productos de una cinematografía marginal se hayan hecho un lugar en la historia, y continúen siendo reeditados hasta el día de hoy.

Este no es un compendio de lo mejor del cine erótico de la historia; pero es un repaso por aquellos títulos destacados y, en especial, por el entorno que históricamente los rodeó. Porque en el fondo, esta no deja de ser una historia sobre la censura.

 
 
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Intolerance
Desde los inicios de la historia, el hombre siempre ha tenido una fascinación por la sexualidad. Desde las representaciónes gráficas en las cavernas de los hombres primitivos, pasando por la desnudez de las esculturas griegas, hasta los dibujos explícitos que pulularon en la cultura china. Ya desde esos tiempos inmemoriales existían representaciones pornográficas (gráficas y escritas, explícitas sobre el acto sexual), que circulaban en circuitos marginales, en contraste con lo que es el erotismo - la representación gráfica de la desnudez humana - que siempre fue comunmente aceptado, ya que se encontraba vinculado con lo artístico. Mientras que el erotismo es arte, la pornografía es la representación del sexo en acción, destinado al placer personal. Aunque suene una perogrullada, es importante realizar la aclaración, puesto que no siempre - a lo largo de la historia - quedaron claros estos límites. Y durante mucho tiempo, erotismo y pornografía cayeron en la misma bolsa, y fueron perseguidos y marginados. Ya en la época del cine mudo, Hollywood tenía fascinación por el sexo. Aunque suene increíble, una gran parte de la producción mainstream hollywoodense mostraba escenas sexuales, en grado más naif o más explícito según el cineasta. Desde los desnudos de D.W. Griffith en Intolerance (1916) hasta los baños de Pola Negri resultaban escandalosos, aunque se encontraran plenamente justificados por la trama del film. En esa época dorada del cine, los escándalos dentro y fuera de pantalla (las orgías de Patty Arbuckle donde una corista fallece, por ejemplo), impuso que los popes de la industria le pidieran a Will H. Hays, presidente de la Asociación de Productores de Hollywood, que creáse un férreo código moral sobre el cual se elaborarían los libretos y las producciones de los estudios. Era necesario un inquisidor para que terminara con el desbande de la Nueva Babilonia. Este es el nacimiento del infame Código Hays, que regiría por más de 30 años la producción americana de films, hasta su abolición en 1967.

El Código Hays imponía una serie de fuertes restricciones : no habría escenas de cama, no habría desnudos, no podía mostrarse ninguna referencia a la homosexualidad, e incluso los besos estaban limitados. Cada guión pasaba por una estricta supervisión de los censores, quienes muchas veces terminaban editando porciones enteras del libreto.

Pero mientras el Código Hays regía en Hollywood, comenzó a desarrollarse todo un circuito marginal de películas prohibidas. Este es el comienzo de los Stag Films, también conocidos como Smokers (ya que se proyectaban en pequeñas salas privadas, y estaba permitido fumar). Buena parte de estas producciones era filmaciones de actos del llamado teatro burlesque (bailes exóticos con poco y nada de ropa; strip teases). A estos filmes se los conoció como nudies (desnudos) y eran totalmente inofensivos.

The Immoral Mr. Teas
Pero además de los nudies, comenzaron a circular filmes pornográficos. Estos filmes eran rodados en forma casera, generalmente con prostitutas como protagonistas. Muchas de estas películas porno de los años 20, 30 y 40 incluso, provenían de filmaciones clandestinas hechas en burdeles de lugares tan dispares como incluso la misma Argentina. Fuera en exposiciones privadas como su venta de mano en mano en forma marginal, la cinematografía erótica y pornográfica inició una especie de crecimiento subterráneo que prosperaría a lo largo de los años. En los años 50 el panorama comenzaría a cambiar, en gran parte por la incursión cada vez mayor de la mafia en este tipo de negocios. Los nudies seguirían prosperando, aunque comenzarían a incluir algunos elementos softcore (sexo simulado). Es la época en que surge Bettie Page, la diosa del nudie, estelarizando escenas totalmente ingenuas de sadomasoquismo. Comparado con lo que hoy uno entiende por SM, lo de Paige era totalmente risible.

Pero los primeros golpes contra el Código Hays y contra la censura de cualquier tipo, vendrían por parte de los medios gráficos y no del cine. En 1953 Hugh Hefner fundaría Playboy, una revista destinada a los hombres, que proveía tanto de una serie de importantes entrevistas e investigaciones como de una copiosa cantidad de fotografías de desnudos femeninos. En su momento Playboy fue considerada una publicación bizarra, y Hefner iniciaría una larga serie de batallas legales en contra de la censura. Pronto surgirían al amparo de los logros de Hefner otras publicaciones (sin ir mas lejos, la Hustler de Larry Flint).

Mientras Hefner hacía escuela e iniciaba el debate sobre la censura, el erotismo y la pornografía, de las filas de Playboy surgiría el hombre que terminaría por culminar la revolución que había empezado en 1953. Hablamos de Russ Meyer.

Meyer era fotógrafo de Playboy. No pasaría mucho tiempo antes de que incursionara en el cine, de la mano de estudios independientes. En 1959 rodaría The Immoral Mr Teas, donde el protagonista del título poseía la habilidad de ver sin ropas a las mujeres que le rodeaban. Si bien es cierto que los nudies eran algo bastante extendido, The Immoral Mr Teas fue un film inusualmente popular en su época (recaudó más de un millón de dólares de aquel entonces). Y al igual que Hefner, impuso a Meyer un largo periplo por tribunales. Sin embargo, los ojos de Hollywood se posaron en Meyer, que siguieron con atención las obras siguientes del cineasta. Ya a mediados de los 60, la filmografía de Meyer era softcore (sexo simulado), con obras como Lorna, Mudhoney, Motor Psycho, y uno de sus títulos más conocidos, Faster, Pussycat!, Kill!, Kill!. En sus producciones alternaban amateurs de generosos pectorales, pero también algunas modelos y actrices que desarrollaron una carrera en el género hardcore, como Uschi Digart o Kitten Natividad. Y posiblemente Hollywood, harto del Código Hays y de la censura (amén de las malas recaudaciones), usarían a Meyer como ariete contra la censura y lo contratarían para filmes mainstream : la bizarra Mas Allá del Valle de las Muñecas (que fuera un éxito) en 1970 y Los Siete Minutos en 1971, esta última una obra sobre la censura en un tono dramático y serio - inusual para Meyer - que resultó ser un absoluto fracaso. Meyer volvería a sus carriles durante los 70 con títulos como Vixens y su larga serie de secuelas.

Pero mientras Meyer iba abriendo el camino hacia el erotismo en el cine de Hollywood, el género pornográfico estaba ascendiendo posiciones lentamente, posiblemente por arrastre de todos estos cambios. En los 60 la pornografía era un negocio legalizado en Dinamarca, y gran parte de su producción gráfica y fílmica se exportó a todo el mundo, siempre por vías poco ortodoxas. En Norteamérica, los cortos pornográficos ya eran moneda corriente en los circuitos marginales, y los nudies comenzaban a desaparecer. El sexo explícito reemplazó al simulado. En estos cortos comenzaban a vislumbrarse intérpretes que serían estrellas del género, como Vanessa del Rio, John Holmes o la misma Linda Lovelace.

Deep Throat
Cuando en 1968 se derrumba el Código Hays, nace una nueva forma de calificar a los filmes. Y aparece la valuación X, reservada para filmes que contengan sexo o violencia en dosis elevadas. Comenzaría a llegar una catarata de filmes softcore europeos (generalmente daneses o suecos), pero llegaría la prueba de fuego estadounidense en 1972 con el film Mona. Mona sería la primera película porno que tendría un estreno sin restricciones fuera del circuito marginal al que solía estar acostumbrado. A pesar de que Mona es el primer film hardcore de estreno público, la historia lo eclipsa por el estreno de Garganta Profunda (Deep Throat) sucedido meses después. El impacto de su argumento lo establece como el film pornográfico más popular de todos los tiempos.

En Deep Throat, LInda Lovelace es una mujer que no puede tener orgasmos, hasta que un exámen médico revela que posee el clítoris en su garganta (lo que es la excusa para innumerables actos de sexo oral). Deep Throat es un ejemplo clásico de film porno : malas actuaciones, escaso argumento, breves secuencias de exposición para actuar como disparadores de una escena de sexo. Sin embargo, Deep Throat tenía la ventaja de no tomarse demasiado en serio a sí misma, además de contar con recursos de edición inusuales para un film de estas características. La llegada del orgasmo de Linda Lovelace alternando con las imágenes del despegue de un cohete espacial es ya todo un clásico.

The Devil in Miss Jones

Extrañamente en estos primeros años de legalidad, la industria pornográfica desarrolló cualidades pseudo artísticas. No dejaba de ser cine consumista, es cierto, pero intentaba desarrollar algunas ideas interesantes o, cuando menos curiosas. En El Diablo en Miss Jones (The Devil in Miss Jones - 1972), Georgina Spelvin era una mujer madura que se suicida, cansada de una vida anodina. El Diablo le concede la oportunidad de entregarse a la lujuria y la pasión, para recuperar el tiempo perdido. Pero, sorprendentemente sobre el final, Miss Jones debe pagar el precio, y es castigada a morar eternamente en un cuarto junto a un hombre impotente. Al igual que El Diablo en Miss Jones, surgirían otras obras de porno-art como Mas Allá de la Puerta Verde (Behind the Green Door - 1972) o Café Flesh. Incluso actrices porno como Georgina Spelvin o Marilyn Chambers desarrollarían breves carreras secundarias en Hollywood (Chambers protagonizaría Rabid bajo las ordenes de David Cronenberg).

Pero mientras la pornografía iba ampliando su espacio, el mundo entraba en una serie de cambios convulsivos. Después de la revolución cubana, vendría el surgimiento de la guerrilla en los países latinoamericanos. No pasaría mucho tiempo para que comenzaran a caer las democracias, siendo reemplazadas por gobiernos militares pro americanos. Y en estos gobiernos de facto, la censura sería cosa de todos los días. La censura a nivel intelectual, con obras como Z, Estado de Sitio, La Naranja Mecánica y otros tantos filmes de contenido político y social; y, por qué no, el cine erótico y pornográfico caería bajo el peso de las botas. Mientras que la pornografía regresó - en estos pagos - a un circuito marginal, el cine erótico prosperó, pero fuertemente podado. Un dato interesante a observar es que la cinematografía erótica siempre pudo sobrevivir mientras la pornografía estuviera prohibida. Visto hoy, en pleno siglo XXI, en donde cualquier videoclub o incluso la Internet proveen pornografía a raudales al alcance de la mano, el cine erótico prácticamente ha desaparecido.

Caligula
Pero el panorama era inverso en los años 70. Quizás conscientes de esta oportunidad, comenzaron a surgir títulos que han dejado su marca en la historia del cine, más por el escándalo que por sus cualidades reales. Es el caso de El Imperio de los Sentidos de Nagisa Oshima, un realizador mainstream (entre sus obras figura Merry Christmas, Mr. Lawrence con David Bowie) que concreta una obra de cine arte con escenas pornográficas. La relación sexual obsesiva de dos amantes termina con la muerte y oblación del varón, como símbolo de última entrega. Pero si bien El Imperio de los Sentidos es cine arte, hay otras obras que han terminado siendo experimentos en lo bizarro. Desde la sobrevalorada obra softcore de Pier Paolo Pasolini (en especial, la repulsiva Salo o los 120 días de Sodoma), hasta la descomunal incongruencia de Calígula, quizás una de las obras más infames del cine. En Calígula, Tinto Brass dirige una superproducción internacional con actores como Malcolm McDowell y John Gielgud, centrada en los desmanes del emperador romano. Pero los productores optan por incluir escenas pornográficas, lo que convierten a la obra en un multimillonario ejemplo de cine trash. Repudiada por los actores y por el director, la fama de Caligula se basa en la infamia. Como tantas otras obras, Calígula no pasará la barrera de la censura latinoamericana.

Pero sin jugar con lo pornográfico, los años 70 son generadores de innumerables obras softcore. El mismo Tinto Brass contribuiría al género con títulos como Salon Kitty y La Llave. Es también el surgimiento de la revolución softcore que se inicia con Emanuelle (1974).

Emanuelle
Emanuelle cuenta la historia de la esposa de un diplomático francés, que debe viajar a Bangkok y que en el camino realiza un viaje de auto descubrimiento en el sexo. Lo exótico en el film pasa desde los paisajes hasta los encuentros sexuales de la protagonista, pero no deja de ser un film softcore mediocre, con pseudo pretenciones intelectuales. Es mayor la fama que obtiene por su censura, por la belleza de Sylvia Kristel y por el tema central de la banda sonora, que por los méritos como película. El impulso de Emanuelle llevaría a una época dorada para su director Just Jaeckin, que dirigiría films como Historia de O o Madame Claude. Reiterando los esquemas de Emanuelle, en todos los casos son viajes de descubrimiento, cuando no descensos al estilo de El Corazón de las Tinieblas, explorando todas las posibilidades que el sexo ofrece.

Pero el erotismo y la pornografía comienzan a abandonar su marginalidad a fines de los años 80, a causa de dos factores : el regreso a la democracia (en latinoamérica) y la instalación de gobiernos menos conservadores (en otras partes del mundo). Y fundamentalmente, la popularización del VHS. La aparición del videocassette hogareño hace que surjan, como una enorme marabunta que esperaba la oportunidad en el interior de la tierra, toneladas de títulos - prohibidos, re editados, o de reciente aparición - de erotismo y pornografía. Tal como se relata en Boogie Nights, la industria del sexo no estaba preparada para el boom del video hogareño. Y muy pronto el film pornográfico desaparecerá para dar lugar al video pornográfico; y el film erótico quedará relegado a películas de cable, filmadas para canales adultos no hardcore.

¿Qué ha pasado con el cine erótico y el cine hardcore?. La tecnología cambió las reglas y masificó el acceso a películas que antes resultaban prohibitivas. Terminadas las épocas de censura, no existe nada prohibido. Sin embargo hoy en día recordamos a varios títulos del cine adulto de aquel entonces. ¿Son realmente filmes que valgan la pena?. En su enorme mayoría, no. Quedan como vestigios de una época pasada, donde la existencia de la censura les daba un misticismo que posiblemente no merecieran. Ciertamente varios títulos han hecho historia, pero por cualidades foráneas al verdadero valor artístico como obras. Posiblemente haya una serie de títulos softcore producidos por Hollywood (como Nueve Semanas y Media, Bajos Instintos o Atracción Fatal) - mezclados o no con ingredientes policiales - que intenten desarrollar más acabadamente una idea sobre una temática basada en el sexo. Pero la inmensa mayoría de los títulos reseñados en este artículo van desde lo bizarro hasta lo mediocre, salvo excepciones, y carecen de cualidades excepcionales. Les queda la cualidad de leyenda, pero bajo la lupa de los espectadores del nuevo siglo, terminan resultando absolutamente naif.

 
 
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