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Brasil, 2008 : José Mojica
Marins (Zé do Caixão), Jece Valadão
(Coronel Claudiomiro Pontes), Adriano Stuart (Capitán
Oswaldo Pontes), Milhem Cortaz (Padre Eugênio),
Rui Resende (Bruno) Director
- José Mojica Marins, Guión - José
Mojica Marins & Dennison Ramalho
TRAMA : Zé do Caixao
ha sido liberado de la cárcel después
de 40 años de reclusión. Y aún
continúa obsesionado con la continuidad de su
sangre. Junto con su fiel ayudante Bruno y una banda
de secuaces se dedica a secuestrar mujeres y torturarlas
para probar que son las adecuadas para concebir su hijo.
Pero a su vez el accionar del funebrero se topa con
las violentas incursiones de la policía en las
favelas. Y el Coronel Pontes junto con su hermano
se sumarán al padre Eugenio - quienes han sido
víctimas de Zé do Caixao en algún
momento de sus vidas -. Ahora el siniestro funebrero
deberá enfrentarse a este trío de némesis
que desean matarlo y acabar con su sendero de violencia
y corrupción.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Esta es la segunda secuela oficial basada en la figura
de Zé do Caixao, creada por José
Mojica Marins en la década del sesenta. Zé
do Caixao era un personaje de terror típicamente
exploitation, pero terminó por transformarse
en un ícono del horror en Brasil y le dío
status de estrella a Mojica Marins. El personaje haría
una gran cantidad de cameos en otros filmes dirigidos
por Mojica Marins, pero su historia oficial - detenida
en Esta
Noche Poseeré tu Cadáver (1967) - no
había sido continuada desde aquellaépoca.
Hay algo glorioso en ver semejante film exploitation
avalado por el imponente sello de la 20th Century
Fox en los títulos iniciales. Es una muestra
de la trascendencia de la obra de Marins, que ha superado
los límites del Brasil. No estoy muy seguro de
si la continuidad tiene sentido o no - como las sagas
de Jason o Freddy Krueger, siempre hay omisiones para
reestablecer el hilo de la historia, aunque vaya en
contra de la coherencia -, pero aporta un capítulo
final razonable para culminar la trilogía.
Resulta obvio que Mojica Marins tuvo aquí a
su disposición un presupuesto mucho mayor que
el habitual en su filmografía. La secuencia de
títulos son lujosas animaciones CGI que muestran
el interior del cuerpo humano - concretamente en el
proceso de formación de un feto -. Además
el director se da el lujo de recrear con toda la fanfarria
una secuencia en los infiernos que parece a años
luz de los decorados de tergopol de escenas similares
de Esta
Noche Poseeré tu Cadáver. Realmente
se han gastado los pesos en la puesta en escena.
Incluso el guión parece mucho más equilibrado.
Las aventuras de Zé do Caixao usualmente era
larguísimos monólogos de Mojica Marins
y el resto de los personajes quedaba pintado. Aquí
se compensan de una manera enorme esas cosas, dándole
al funebrero una trinidad de enemigos realmente potentes
- un oficial de policía cuyo hermano perdió
un ojo con Zé en Esta Noche Poseeré
tu Cadáver; un sacerdote extremista que resulta
ser el hijo del doctor que atendía a la esposa
de Zé en el mismo filme - que van en busca de
su sangre. El duelo final tiene su intensidad.
Pero el que parece haber perdido su energía es
Mojica Marins. Con setenta y pico de años a cuesta,
se lo ve demasiado viejo y gordo como para generar amenaza.
Mojica Marins no se ha conservado muy bien, y es difícil
creer que éste sea el mismo tipo bajito y flaco
con mirada penetrante que provocaba terror en los años
sesenta. Para compensar las cosas, ahora dispone de una
banda - reclutada por quien sabe quién - que se
encarga de la parte física y operativa.
El otro punto que debilita la historia es el engolosinamiento
con la pornografía de la tortura. Es como si
Mojica Marins hubiera visto Hostel o Hellraiser,
y lo hubiera llevado mucho más allá en
términos de sadismo y sangre. El tema es que
muchas de esas escenas shockeantes (y muy bien montadas)
terminan siendo gratuitas, sin mayor peso dentro de
la historia. Por ejemplo, Zé do Caixao secuestra
algunas oficiales policiales enviadas a acosar a las
favelas, y las tortura de las maneras más terribles
- a una de ellas, la unta con melaza en el pubis y deja
que una rata encuentre el camino de salida ... devorando
a través de donde ustedes saben -. También
hay un montón de secuencias que parecen reales,
protagonizadas por faquires u otro tipo de individuos
del mismo estilo, que involucran la incrustación
de ganchos en la espalda y su colgamiento - no, no
son efectos de maquillaje -, devorar arañas
y otras alimañas, amén de flagelaciones
de todo tipo y color montadas con impresionantes FX
- quitarle el cuero cabelludo a una mujer en vida, amputar
glúteos, despellejamientos, etc -. Resultan chocantes
visualmente, pero cuando hay una enorme cantidad de
escenas similares con personajes con poco o cero grado
de desarrollo y que hacen de víctimas, sólo
termina siendo un show circense de mal gusto. Al menos
en los sesentas, el show freak barato de Mojica
Marins involucraba a personajes que tenían algún
peso en la historia, lo cual terminaba impactando por
lo inesperado y estaba montado de manera dosificada;
torturar aquí a 30 o 40 personas ya es un exceso.
Hay algunos momentos en que La Encarnación
del Demonio se eleva por encima de su calidad exploitation;
cuando Zé hace el amor con la hija de las brujas,
que la habitación se inunda de sangre (tal como
en Corazón Satánico de Francis
Ford Coppola); el funebrero acosado por los fantasmas
de sus víctimas; algunos discursos de Zé
do Caixao, y la visita de éste al purgatorio,
que está muy bien montada. Pero lo que uno echa
de menos es que semejante despliegue de violencia le
ha hecho perder el sabor pulp a las aventuras
del funebrero. Mojica Marins ha adaptado el personaje
a los tiempos que corren, pero a su vez ha perdido bastante
de su identidad.
Una cosa curiosa es el subtexto que puede leerse en
la trama de La Encarnación del Demonio.
Ahora la residencia de Zé do Caixao ha pasado
de un pueblo a ser una favela. Allí hay un ambiente
densamente criminal y muy religioso - todos tienen santos
o figuras umbanda, hay ritos y mais dando
vueltas por la zona -, y los habitantes de la favela
son mucho más cínicos y violentos que
los tontos ignorantes del pueblo donde vivía
el funebrero en los sesenta. Con los escuadrones de
la muerte de la policía, la historia pareciera
en un momento que fuera coquetear con la idea de transformar
a Zé en un vengador de los desposeídos,
hasta que la gente también termina por rechazarlo.
Con lo cual Zé do Caixao termina al mismo nivel
que los policías asesinos, despreciados por la
favela porque sólo aterrorizan a la comunidad.
Es el rechazo de los humildes a cualquier manifestación
violenta sobre sus integrantes.
La Encarnación del Demonio está
ok, con algunos momentos muy buenos pero empañada
por un desborde de violencia gratuita. Zé do
Caixao ha perdido amenaza y presencia, aunque igual
sigue asustando. Es un buen capítulo final para
el personaje, y una adaptación pasable para que
las nuevas generaciones tomen contacto con él.
Pero en el ajuste, ha perdido algo de su sabor.
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