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TRAMA : En tiempos muy muy remotos, la
población del universo fue esclavizada por una raza de robots.
Existió una revolución que terminó con el dominio
de las máquinas, y las diferentes razas se volvieron enemigas
de la tecnología. Alcanzado un nuevo orden, decidieron organizarse
en un sistema feudal bajo la égida de un emperador. Y la base
de la fortuna del imperio es una extraña substancia conocida
como la Especia Mezclada, un material que permite la expansión
de los poderes mentales de unos pocos elegidos como los miembros de
la hermandad Bene Gesserit (que pueden dominar a las mentes humanas
y preveer el futuro) y la especie mutante que forma La Guía
de los Navegantes (capaces de realizar viajes interespaciales sin
necesidad de moverse). Tanto las Bene Gesserit como La Guia de los
Navegantes dominan completamente las acciones del emperador.
En el año 10191, el emperador Shaddam
IV decide cambiar la tutela de la producción de la Especia
Mezclada, que sólo se obtiene en el planeta Arrakis - también
conocido como Duna -, pasando de manos de la casa Harkonnen a las
de la casa Atreides. Pero en realidad es todo una trampa : el emperador
lo único que desea es exterminar a los Atreides, que los
considera una amenaza a su poder, además de restarle los
beneficios extra que obtenía cuando los Harkonnen regían
Duna. Además La Guía de los Navegantes ven una amenaza
en el hijo del Duque Atreides, Paul. Es que el duque tiene por cónyuge
a una Bene Gesserit, cuya misión no sólo es la de
vigilar las acciones del duque, sino la de asegurarse que tenga
hijas como herederas, para eventualmente fusionar las casas contrayendo
enlace con el hijo del Barón Harkonnen. Pero Lady Jessica
se ha enamorado del duque y le ha dado un hijo varón.
El problema que ven las Bene Gesserit y la
Guia de los Navegantes, es que la existencia de Paul Atreides puede
ser el inicio del cumplimiento de la profecía de la llegada
del mesías Kwisatz Haderach : un ser todo poderoso que acabará
con el actual sistema feudal y reestablecerá la justicia
en el universo. Un super ser con poderes superiores a las Bene Gesserit,
quienes se encontraron experimentando durante miles de años
con la Especia Mezclada para intentar engendrarlo artificialmente
y poder dominarlo.
Por intereses religiosos, políticos
y económicos, la Guía, las Bene Gesserit, el emperador
y los Harkonnen conspiran y aplastan a los Atreides en Duna. Pero
Paul y su madre, Lady Jessica, escapan al desierto donde moran los
Gusanos Gigantes - los seres que producen la Especia -, y no tardarán
en dar con los Fremen, la raza de los moradores de las dunas. No
pasará mucho tiempo antes de que Paul y los Fremen se alíen,
y decida contraatacar a la nefasta alianza que produjo la muerte
de su padre y la caída de su casa. |
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Hitchcock solía decir que una película es realmente
buena cuando puede resumirse su argumento en una sola frase. Sin embargo,
como se puede ver en el resumen de la trama que publicamos en esta
review, se trata de la sinopsis más larga que hemos escrito
hasta ahora.
Eso no implica que Duna sea una mala historia; el tema es
que es un relato enorme y excesivamente complejo. La novela original
de 1965 de Frank Herbert es frecuentemente considerada como un hito
de la literatura sci fi, comparable en estatura a, por ejemplo,
El Señor de los Anillos
de Tolkien - su influencia en otras obras de ciencia ficción
es notable; sin ir mas lejos, La Voz de las Bene Gesserit
es comparable a los trucos mentales Jedi - . Pero se encuentra terriblemente
lastrada por un argumento con demasiadas vuelcas de tuerca que precisaría
no una sino varias películas (o novelas) para poder narrarlo
de modo digerible. Se podría comparar la complejidad de Duna
con la de resumir la trilogía del Señor
de los Anillos en una sola película : demasiados
personajes, demasiadas historias - los antecedentes de las casas
feudales, las intrigas políticas, religiosas y económicas,
las resonancias a nivel metafísico - como para que quepa
en un formato standard sin que el lector (o el espectador) se sienta
abandonado por el narrador, saturado de miles de detalles y con
poco tiempo para asimilarlos.
Sea en el celuloide o en el papel, Duna es un brillante
desastre, que desborda de ideas originales pero que perece bajo
el peso de malos narradores que carecen de sentido didáctico
como para esbozar de modo digerible toda la pintoresca cultura que
desean que compremos. Posiblemente la adaptación más
fiel del libro sea la miniserie de TV del año 2000, ya que
en un formato de varias horas y manejando otros ritmos permite de
que el público pueda entender tanta trama y, especialmente,
seguir el hilo de la historia. El mayor problema del film de David
Lynch es que comienza la narración en el medio de una historia
mucho más larga, con lo cual uno no sabe por qué ciertos
personajes hacen lo que hacen.
La historia de la filmación de la película es tan
fascinante como el film en sí. Es también una historia
de errores de concepto de los diferentes productores y directores
que pasaron por el proyecto. De algún modo, alguien entendió
que una historia sobre posibles mesías y sobre drogas que
expanden la mente y permiten viajes espaciales debía caer
en manos de artistas, y que el resultado debía ser cine arte,
en vez de directores que tuvieran más sentido narrativo y
menos delirios intelectuales. Viendolo desde un punto de vista actual,
un Spielberg, un Jackson o incluso un Kubrick podrían haber
sido mejores elecciones para manipular la historia en vez de un
intelectual de cine arte. Esto no significa que los directores ante
mencionados no tengan aspiraciones intelectuales de explorar las
resonancias del libro, pero son sabios artesanos que saben con explicar
una historia al público y mantener la atención del
mismo.
Pero el libro pasó por muchas manos. En un principio estuvo
bajo la tutela de Roger Corman (!), lo tuvo Arthur P. Jacobs (el
productor de El Planeta de los
Simios, que iba a filmar Duna con David Lean), y después
fue a para a manos de capitalistas europeos. Ridley Scott estuvo
a punto de montar Duna, pero el proyecto resultaba enorme
y decidió desligarse para desarrollar Blade
Runner. Y, de todos los proyectos que hubo, el más legendario
y salvaje fue el del chileno Alejandro Jodorowsky, que tenía
una dirección de arte por parte de artesanos como H.R. Giger
y el dibujante Moebius, donde David Carradine sería el duque
Leto Atreides, Charlotte Rampling como Lady Jessica, Orson Welles
como el Barón Harkonnen, Gloria Swanson sería la madre
Bene Gesserit, el hijo de Jodorowsky sería Paul Atreides,
y Salvador Dalí interpretaría al emperador - desnudo,
sentado en un retrete de oro -, la música de Pink Floyd y
la colaboración en efectos especiales de Dan O´Bannon
(que los había hecho para la opera prima de John Carpenter
Dark Star, y que desarrollaría un carrera exitosa
como guionista a partir del argumento de la mítica Alien).
Prácticamente no habría guión - Dali improvisaría
frente a cámara (al módico precio de u$s 100.000 por
hora de filmación) - y se centraría todo sobre el
aspecto lisérgico de la obra - la Especia Mezclada como medio
para expandir los límites de la mente -, terminando el film
con la muerte de Paul, con todos los Fremen hablando con la voz
de Paul como si fuera un inconsciente colectivo, y la transformación
de Arrakis en un planeta verde, sagrado y migrante, viajando por
todo el Universo. El Duque sería un castrado, y la fecundación
de Paul sería por el contacto de uan gota de sangre del duque
con la piel de Lady Jessica. Muchas de estas ideas suenan brillantes
en el papel, pero en los hechos Alejandro Jodorowsky se veía
a sí mismo como un iluminado - el portador de un mensaje
-, donde fuerzas trascendentales le habían dicho que Duna
debía ser su próximo film, y consideraba a la
obra como una especie de Biblia del siglo XX, cargada de
significados metafísicos. Esto derivó en que el proyecto
escalara en costos y delirios desproporcionados a medida que pasaba
el tiempo. Considerando el enorme capital necesario para montar
semejante producto (además que después de 4 años
y 2 millones de dólares, la gente del proyecto comenzó
a desligarse poco a poco), y la escasa recepción que podría
tener un film de semejantes características, era lógico
que el proyecto de Jodorowsky quedara en el olvido. Posteriormente
Jodorowsky reciclaría la mayor parte de su imaginería
en la larga serie de comics La Casta de los Metabarones,
con una historia donde resuenan personajes clonados de los Harkonnen,
y donde también se pelea por una substancia conocida como
la Epifita.
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Después de Jodorowsky, la saga cayó en manos de Dino
de Laurentiis, quien primero tentó a Scott - es una lástima
que abandonara el proyecto, hubiera resultado mucho mejor que la actual
película -, y después se lo ofreció a David Lynch.
Lynch es un intelectual que es un hábil explorador de las perversiones
de la mente, pero no sé si es un buen narrador de lo que se
propone contar. Tampoco es un buen director de actores. Es más
un brillante guionista que se pone detrás de cámaras,
y que a fuerza de originalidad de ideas (y de disparar cientos de
ellas a la cámara) obtiene su reconocimiento, que buen director.
Pero en Duna Lynch es guionista y, resulta obvio decirlo por
los resultados, se encuentra desbordado. Carece de tiempo de metraje
para darle coherencia a una historia tan larga y complicada (bueno,
uno debe considerar que el proyecto legendario de Jodorowsky planeaba
un metraje de 14 horas para el film). En la avalancha de información
sobre nuevas culturas e intrigas, no terminamos de comprender por
qué civilizaciones tan avanzadas se manejan con algunos artefactos
tan anticuados, o qué rol juegan los Mentat - las computadoras
humanas en una cultura que odia la tecnología, precisamente
por los sucesos pasados -. En la edición especial para TV (que
Lynch desaprobó, y optó por firmar con el seudónimo
Allan Smithee), que provee 40 minutos de metraje extra, explica
mejor ese trasfondo. Es cierto que la mayoría de estos agregados
- un largo prólogo con dibujos de mala calidad y un narrador
explicando toda la prehistoria de la trama - son de calidad técnica
mediocre, pero esclarecen enormemente la mayoría de los aspectos
sombríos de la historia - nuestra sinopsis se basa en esa versión
-, y al menos el espectador llega mejor preparado para el inicio de
la acción, entendiendo muchísimos más aspectos
que Lynch prefirió dejar en un abstracto intelectual.
No es un film malo pero tampoco uno brillante. El problema es la
saturación de información, con el agregado del problema
de Lynch para narrar la historia. Muchos diálogos son muy
veloces, citando los complicados nombres de los personajes o complejos
términos culturales; con el problema adicional de que, mientras
el espectador está ubicando mentalmente qué es tal
cosa o quién es quién, Lynch opta porque todos los
personajes tenga monólogos internos, lo cual es irritante
y era un recurso narrativo que se podía haber suprimido perfectamente.
Además, salvo el prólogo de la versión para
TV, tampoco termina de quedar muy claro por qué todos conspiran
contra los Atreides.
Pero hay muchas cosas destacables en el film; el diseño
de arte es muy bueno, en una onda retro con similitudes al Flash
Gordon de los 80 que también produjo De Laurentiis. La
prueba está en que la miniserie de TV no pudo deshacerse
completamente del estilo, que es el que mejor refleja el tenor del
relato. La música es notable, pero los efectos especiales
sin embargo se ven anticuados, muy plásticos o mal integrados
a la cinta original (se nota la superposición de imágenes).
Mientras que los gusanos se ven aceptables, las naves y los viajes
espaciales parecen increíblemente falsos. Para una producción
que costó 47 millones de dolares de su tiempo, y siendo producida
muchos años después de La
Guerra de Las Galaxias, los FX se ven baratos, propios del
cine italiano clase B o Z. Otras producciones americanas de la época
(sin ir mas lejos, Viaje a las Estrellas)
se ve mucho mejor. En cuanto a las actuaciones, el nivel es desparejo
: mientras que los personajes principales están correctos,
secundarios como Freddie Jones o Brad Dourif parecen extasiarse
en la sobre actuación. Y si nos referimos a la dirección,
Lynch consigue algunos momentos notables y otros terribles. En la
dirección de las secuencias épicas es torpe, hay momentos
en que parece cine amateur o experimental, mientras que en otros
- como las visiones de Paul sobre su futuro - son de alto vuelo
imaginativo. Pero el excesivo trasfondo del relato hace que a veces
las transiciones sean muy abruptas : la conversión de Lady
Jessica en una auténtica Bene Gesserit, o la aceptación
automática de los Fremen a la leyenda del elegido no están
explicados.
Hay enfoques en la cinta muy propios de Lynch, especialmente cuando
el relato gira hacia los Harkonnen, que temáticamente están
más ligados al estilo del director. Los Harkonnen representan
la perversión pura, con su supuesto hermafroditismo y su
placer por la matanza. Sin duda una de las imágenes más
duraderas del film es ver al obeso barón Vladimir Harkonnen,
pleno de pústulas, volando por el aire y sangrando por todos
los poros. Es algo totalmente contrapuesto a la ingenuidad (y virginidad)
de los Atreides. O como las imágenes del Navegante, el espermatozoide
gigante que desarrolla el viaje interdimensional del ejército
de Atreides al principio del film. Cuando el argumento toca tópicos
vinculados a los sexual o lo perverso, es cuando Lynch se siente
en su casa. También el final, distinto al del libro, donde
el Kwisatz Haderach transforma a Duna en un vergel, provienen
de la inspiración de Lynch, cuando no, del borrador del proyecto
de Jodorowsky. Duna no es una versión taquigráfica
de Herbert, y eso queda claro. Pero la innovaciones sobre la historia
original no siempre tienden a hacer el producto más potable.
Sin dudas cuando De Laurentiis adquirió los derechos sobre
Duna en los años 70, lo planeó como una suerte
de rival para la franquicia de Star Wars (el contrato con
Lynch establecía la posibilidad de filmar dos secuelas).
Pero no sólo la complejidad de la obra, el desborde o impericia
de Lynch para potabilizarla (estuvo 3 años y medio en el
proyecto hasta llegar al estreno), o la incidencia del puritanismo
intelectual del mismo autor en el guión (Herbert tenía
el visto bueno sobre el libreto final y obligó a Lynch a
escribir 7 versiones del mismo, con la mayor fidelidad posible al
relato original) atentan contra ese propósito. Es una obra
oscura. Sin duda el advenimiento de un mesías resulta en
un argumento fascinante de desarrollar, pero el exceso de historia
bien podría haber ameritado dividirla en dos filmes. Si bien
Star Wars es el otro extremo
- es una aventura de serial bien narrada -, Lynch debería
haber considerado que para un épica donde hay tantos personajes
las cosas deben desarrollarse de modo simple. Realizar el boceto
de los personajes en breves trazos (no hay demasiado tiempo de metraje
para hacer todo) de modo que resulten carismáticos y no individuos
anónimos, a los cuales la platea no les interesa su destino.
Y eso, lamentablemente, es lo que pasa la mayor parte del tiempo
en Duna.
El libro de Frank Herbert tuvo dos adaptaciones: Duna
(1984), dirigido por David Lynch; y Duna
(2000), una miniserie dirigida por John Harrison. Children
of Dune (2003) es su secuela y adapta los libros Hijos
de Duna y El Mesias de Duna |
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