| |
Junto con La Maldición de Frankenstein (1957), estos son los filmes
que pusieron a los estudios Hammer a competir en las grandes ligas. Durante
15 años la Hammer impondría su marca en el género
del terror y tendría un dominio casi absoluto, siendo seguida de cerca
por estudios menores (Amicus, AIP, etc) que copiarían su
estilo pero que no podrían obtener la misma resonancia del estudio inglés.
Pero Drácula (o El Horror de Dracula, como también
se la conoce) no es un filme que haya resistido muy bien el paso del tiempo. En
todo caso, queda como una adaptación muy digna, seria y bien interpretada,
pero carece de efecto de shock y bien podría ser exhibida en una matiné
sin corte alguno.
El problema pasa por la cuestión de cómo ha evolucionado el lenguaje
cinematográfico del terror. Comparada con la versión de la Universal
de 1931 es superior; es una película mucho más explícita
en cuanto a violencia, sangre y sexo. Pero a los estándares de hoy, se
ve rutinaria. Un podría decir que la versión
1931 es muy teatral, inmóvil y con escaso horror - a lo sumo, algo
de misterio sobre el personaje -; y la versión de Fisher es en todo caso
más operística : hay escenarios enormes, mayor lujo, brillantes
colores, y un sentido del destino mucho mayor en los personajes. Van Helsing es
una fuerza implacable que simboliza al bien, un héroe sagaz que no se anda
con medias tintas y que se encuentra totalmente convencido de conseguir sus objetivos.
Por el contrario, Dracula es la encarnación del mal, un animal sediento
de sangre decidido a castigar a sus cazadores. El tema está en que en la
cinta esto se traduce más por los diálogos de los caracteres y algunas
escenas ocasionales, que por una sensación abrumadora que pueda transpirar
la pantalla. Es un filme sin atmósfera, sin suspenso, y sin capacidad de
impacto.
 |
Obviamente en los años 50 los códigos cinematográficos
eran distintos, y para su época era una película shockeante. Este
Drácula es un distinguido aristócrata que se transforma en una bestia
demoníaca, con enormes colmillos y sus ojos inyectados en sangre. Es también
una figura distinguida que destila sex appeal, y ataques como el que ocurre
en la alcoba de Lucy o al comienzo del filme - con la compañera del vampiro
exhibiendose en sensuales gasas transparentes - dejan traslucir el erotismo del
carácter. Uno supone como ésto pudo haber caído en el conservadurismo
de la época, sumándole además un par de escenas de violencia
explícita - como cuando Van Helsing estaquea a Lucy en la cripta -, que
sin duda deben haber tenido un fuerte impacto.
La Hammer había obtenido los derechos para adaptar la novela;
pero la Universal tenía los derechos sobre su versión de 1931, con
lo cual debía encarar las cosas de un modo muy diferente para no sufrir
un juicio por violación de derechos. Así es que este Dracula
1958 no es una remake de la versión de Bela Lugosi, sino que
funciona como una reimaginación de la historia donde algunas cosas y personajes
coinciden, pero el enfoque es diferente. Harker está aquí, pero
ya no es la inocente víctima que llega al castillo del conde, sino un cazador
de vampiros. El tema es que la secuencia inicial está filmada de un modo
terrible; no sólo Harker se ve muy torpe - confía en el conde, se
toma sus tiempos para llenar su diario, deja pasar las horas alegremente -, sino
que en el momento que decide atacar la cripta opta por liquidar a la compañera
de Drácula antes que terminar con la vida de éste, que debería
ser el personaje más peligroso. El maquillaje de Christopher Lee tampoco
ayuda, con unas absurdas entrecejas que hacen que su primer plano inicial resulte
inintencionalmente cómico. El encierro de Harker en su cuarto, y el pasar
todo el día escribiendo su diario para atacar a los vampiros sobre el atardecer
es de una estupidez colosal.
Pero como es habitual en los productos de la Hammer, si los actores
secundarios son terribles y sus escenas malas, las cosas salen a flote cuando
Christopher Lee o Peter Cushing están en pantalla. El Van Helsing de Cushing
es un personaje inteligente, sin medias tintas, estoico frente a la adversidad.
Cuando él ingresa al relato, es cuando el filme eleva su calidad. El problema
es que hay poca acción (y eso que el enfoque de que Harker y Van Helsing
ya son cazadores de vampiros, lo que debería sumergir al espectador inmediatamente
en una aventura trepidante), y la que hay está filmada sin mucho nervio.
Los ataques de Dracula son expeditivos pero carecen de shock. A lo sumo la única
escena bien filmada en tal sentido es el enfrentamiento final entre Van Helsing
y Dracula, que es original y disfrutable. Pero el resto termina por resultar anodino.
Es una película sólida aunque algo tediosa. Hay una gran economía
de medios que provoca que porciones enteras del relato clásico desaparezcan
- no está el personaje de Reinfeld; el supuesto viaje de Drácula
a Inglaterra en el Demeter se resuelve expeditivamente con un ataud montado
en una carroza funebre sin conductor -; pero en cuanto a terror, hay poco y nada.
El color de la sangre es risible, los ataques de los vampiros no impresionan,
y sólo quedan las buenas actuaciones y un guión serio como rescatables.
El problema es Terence Fisher, que a mi gusto siempre fue un director sobrevaluado.
El estilo de filmación de la película no difiere demasiado de los
rutinarios policiales de los años 50: actores recitando largos parlamentos
del guión, escasa acción, personajes estoicos, resolución
expeditiva. Precisamente este estilo es el que terminaría por derrumbar
a la Hammer con el paso de los años, con su incapacidad para superar
(o al menos equiparar) el nivel de violencia, erotismo o siquiera suspenso que
otras películas iban forzando sobre los códigos morales (y cinematográficos)
de la época. Uno puede comparar este filme (o uno de los últimos
de la Hammer en los 70) con El Exorcista,
o yendo más atrás, con The Tingler de William Castle, El
Hombre de los Ojos de Rayos X de Roger Corman - películas de esa misma
época y que aún hoy tienen capacidad de impacto - ... y puede apreciar
que el horror Hammer es infantil. El otro problema pasa por la familiaridad
con la historia : la Hammer se dedicaría a canibalizar a Dracula
en 8 filmes más, cada vez de peor calidad, intentando seguir haciendo
caja con el personaje. Es explotar una marca, es cierto, pero también uno
se pregunta si no se puede crear otra mitología relacionada con un vampiro,
algo que resulte fresco y original como fue la brillante Conde Yorga. Lo
que terminaría por hacer la Hammer es saturar el mercado y quemar
la impronta que ellos mismos habían creado. No hay demasiada evolución
en su enfoque del terror. Terminan siendo obras serias, con un estilo propio,
pero con una muy diluída capacidad de shock. |
|