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USA, 1931 : Bela Lugosi (Conde
Dracula), Edward Van Sloan (Abraham Van Helsing), Helen Chandler (Mina
Seward), Dwight Frye (Renfield), David Manners (John Harker), Frances
Dade (Lucy Weston), Herbert Bunston (Dr Seward) Director
- Tod Browning, Guión - Garrett Fort, con díalogos
adicionales de Dudley Murphy, sobre la versión teatral de
John L. Balderston & Hamilton Deane, y basados en la novela
homónima de Bram Stoker |
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TRAMA
: El agente mobiliario Renfield viaja a Transilvania para cerrar
la venta de la abadía de Carfax en Inglaterra con su nuevo
propietario, el conde Drácula, quien resulta ser un vampiro.
Drogado por un vino que le ofreciera el conde en la cena, Renfield
sucumbe ante Drácula. Convertido en su sirviente, Renfield
enloquece y custodia al ataud del conde en su viaje en el crucero
Vesta, el cual llega a puerto británico con toda su tripulación
muerta. Mientras Reinfeld es internado en el manicomio del Dr. Seward
- continuo a la abadía de Carfax donde mora el conde -, Drácula
comienza sus ataques sobre familiares y conocidos de Seward, comenzando
por la joven Lucy Weston, a quien le provoca la muerte. El análisis
del cuerpo - extrañas marcas en el cuello, poca sangre en
el cadáver - llama la atención de Seward, quien acude
a su amigo Abraham Van Helsing, el que le informa sus sospechas
que Drácula realmente es un vampiro y es el responsable de
estos ataques. Y cuando Dracula se apodere de la joven Mina, Harker
y Van Helsing se verán obligados a enfrentarse al vampiro
en su morada para rescatar a la chica de sus garras.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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Esta es la primera adaptación oficial de la novela de Bram
Stoker, y posiblemente la más famosa de sus puestas en escena
(sin considerar al Nosferatu de Murnau, que alteraba nombres
y locaciones por carecer de los derechos de autor, razón por
la cual fue perseguida legalmente por los herederos de Stoker hasta
la destrucción de casi la totalidad de sus copias). Salvó
a la Universal de la quiebra, hizo una estrella a Bela Lugosi,
creó la figura prototípica del conde vampiro, y tuvo
una repercusión tal que pronto el estudio se vería envuelto
en una sucesión de producciones de terror, comenzando por Frankenstein.
Por cerca de 30 años la Universal sería sinónimo
de cine de terror, llevando a la pantalla a Dracula, Frankenstein,
el Hombre Lobo, la Momia... siendo su última
creación notable el Monstruo de la Laguna Negra.
Pero a pesar de todos sus méritos históricos y de
toda la fama que lo rodea, el Dracula de 1931 es definitivamente
un film bizarro. Algo de esto tiene que ver con los caóticos
orígenes de la producción. Para fines de los 30 la
Universal amenazaba con irse a la bancarrota y el hijo del
dueño del estudio, Carl Laemmle Jr - a cargo de la dirección
ejecutiva - decidió probar suerte con el género del
horror. Su idea era llevar a la pantalla la obra de Stoker, que
estaba teniendo un resonante suceso en Broadway - precisamente el
film se basa en dicha versión teatral -. Para ello llamó
a Tod Browning, quien inmediatamente pensó en Lon Chaney
para el papel central. Chaney y Browning habían trabajado
varias veces juntos - en The Unknown y London After Midnight
-, y la fama de Chaney como formidable intérprete era legendaria.
Pero para esos momentos en que el film aún era un proyecto,
Chaney no sólo resultaba demasiado caro para los planes de
Laemmle sino que además contrajo el cáncer de garganta
que lo llevaría a la tumba en 1930. Sin duda, una versión
con Chaney como el conde debería haber sido algo digno de
verse.
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En reemplazo de Chaney, Laemmle pensó en otros actores y
no en Bela Lugosi, que era el intérprete de la obra teatral.
El fuerte lobby que hizo Lugosi presionando al estudio y
rebajando a niveles ínfimos su salario, terminaron por convencer
a Laemmle pero no a Browning, que empezó a llevarse mal con
el húngaro en el set. Se suman a esto otros factores: un
rodaje caótico, donde gran parte de la filmación quedó
en manos del director de fotografía, Karl Freund; Browning
arrancando porciones enteras del libreto, y totalmente desinteresado
de la filmación; y por último el divismo del propio
Lugosi, que terminó por hacer lo que quería delante
de cámaras. Ciertamente existe la leyenda urbana de que Lugosi
no sabía hablar inglés y de que el papel lo había
aprendido fonéticamente; lo cierto es que para 1931 Lugosi
ya hacía varios años que estaba en Norteamérica
y hablaba fluídamente el idioma aunque con acento. Eso significa
que comprendía perfectamente la historia y los diálogos,
con lo cual uno puede decir que su interpretación exagerada
del personaje es absolutamente ex profeso. La extraña
pronunciación, las largas pausas, la profunda modulación
son todas decisiones creativas de Lugosi y no las de un actor que
no entiende ni jota de los parlamentos que está recitando.
Pero es precisamente la perfomance del húngaro lo
que le da un enorme toque bizarro al film. De cualquier modo que
se lo analice, es una actuación terriblemente afectada. Lugosi
exhibe desorbitantes gesticulaciones, o se va al otro extremo de
la total impasibilidad. Los primeros planos de su rostro con los
ojos iluminados y con un rictus salvaje - que debieron asustar
a las audiencias de la época - son descomunalmente ridículos.
La gran mayoría del estilo en que están dirigidas
las escenas de Dracula 1931 no difieren demasiado de una
película típica de Jess Franco: exagerados primeros
planos, sobreactuaciones a niveles siderales, diálogos rimbombantes
o francamente risibles. Y si los manerismos de Lugosi son absurdos,
esperen a ver Dwight Frye como Renfield. Viendo escenas del film
uno no deja de pensar en Dracula: Dead and Loving It de Mel
Brooks - que si bien es una comedia mala - copia con fidelidad el
estilo y las secuencias de esta versión, exagerando lo ridículo
de las mismas. Es prácticamente una versión a color
donde sólo falta Lugosi, y donde la sobreactuación
salvaje de Peter MacNicol en el film de Brooks se saca chispas con
la perfomance de Frye en el original.
Es una película que no contiene horror, siquiera misterio.
Los ataques de Drácula son realmente asépticos. Su muerte
es expeditiva y tiene lugar fuera de cámaras. Y la trama en
general no tiene mucho sentido, si uno piensa en qué motivos
inducen a Dracula a realizar los ataques - la versión
1958 al menos plantea una venganza contra sus cazadores, y en
la de Coppola es la búsqueda de un amor reencarnado -. Los
efectos especiales son terriblemente malos, y la dirección
en general de cámaras es muy estática. No hay mucha
diferencia entre el film y presenciar una puesta teatral.
Lo único que realmente funciona es el diseño de los
escenarios; tanto la abadía de Carfax como especialmente
el castillo del conde en Transilvania son impresionantes. Todas
las cosas parecen tener tres o cuatro veces el tamaño normal:
las puertas, las sillas, las escaleras, la chimenea. Con los efectos
de niebla, la atmósfera está muy bien lograda - la
aparición de las novias del conde tiene cierta magia -. Pero
el resto del film no funciona: los diálogos, las interpretaciones,
las líneas del guión, el manejo de cámaras
... todos son muy afectados. A pesar de su nivel bizarro fue un
filme influencial : la gran mayoría de intérpretes
posteriores del personaje (o de vampiros similares) han seguido
la escuela de la actuación de Lugosi. Desde su recitado de
líneas hasta la estampa en frac y capa. Pero como clásico,
es un filme que ha resistido muy mal el tiempo. Le queda el mérito
de piedra fundacional del género, pero artísticamente
es mediocre. |
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