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Brasil, 1976 : Sonia Braga (doña
Florípides "Flor" Guimarães),
José Wilker (Valdomiro 'Vadinho' Santos Guimarães),
Mauro Mendonça (Dr. Teodoro Madureira), Dinorah
Brillanti (Rozilda), Nelson Xavier (Mirandão)
Director - Bruno Barreto,
Guión - Bruno Barreto, Eduardo Coutinho &
Leopoldo Serran, basados en la novela homónima
de Jorge Amado
TRAMA : Bahia, Brasil, año
1943. Flor es una bella mulata que se ha casado con
Vadinho, un vago, mujeriego y apostador. No pasa mucho
tiempo antes que el desquiciado estilo de vida de Vadinho
haga mella en la delicada Flor, pero la chica se resiste
a aceptar los consejos de parientes y amigos de que
abandone al sátrapa de su marido. En una
de sus descontroladas salidas Vadinho sufre un ataque
al corazón y fallece. Ahora Flor se ha transformado
en una apetecible viuda y Teodoro, el sobrio farmacéutico
del pueblo, ha comenzado a insinuársele. Siguiendo
el consejo de sus amigos Flor se casa con Teodoro y
todo parece ir sobre ruedas, aunque el farmaceútico
es demasiado rutinario y aburrido. Pero Flor extraña
la pasión de Vadinho ... y la extraña
con tanta fuerza que termina por invocar al fantasma
de su fallecido esposo, el cual parece haber regresado
tan lascivo como siempre, y con intenciones de no irse
nunca más de su vida.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Ciertamente uno no puede dejar de tildar a Doña
Flor y sus Dos Maridos como una película optimista.
No sólo por su temática, sino también
por haber aparecido en una etapa negra de la historia
sudamericana - en donde las dictaduras, las torturas
y los desaparecidos estaban por todos lados, pero difícilmente
se los podía nombrar -. Es difícil imaginar
que en semejante escenario alguien haya aparecido con
un relato - tan tonto como simpático - sobre una
joven viuda que extraña tanto la pasión
de su primer marido que termina por invocarlo para revolcarse
con el fantasma de su ex.
Pero los brasileros tenían ese poder, y lograron
atrapar la atención de multitudes, convirtiendo
a Doña Flor y sus Dos Maridos en todo
un clásico. La gente quería magia y quería
humor, y el filme les prometía todo eso, transportando
a la audiencia a un paraíso colorinche durante
casi dos horas. En algunos lugares el filme estuvo en
cartel durante meses, y siempre con funciones agotadas.
El boca a boca fue monumental, y las multitudes
hacían enormes colas para ver esa delicia cinematográfica
de la que todos hablaban.
Es innegable que Doña Flor y sus Dos Maridos
tiene su ángel. En una época marcada por
el puritanismo, su desfachatez era un bálsamo
refrescante. Todo pasa por José Wilker, el que
absorbe el filme en todas las escenas en las que aparece.
Ok, está Sonia Braga, que es una buena
actriz y no tiene el menor problema en desnudarse cada
vez que le chistan, pero lo suyo aquí es secundario.
Quizás se haya ganado el estrellato por su piel
café, sus labios hiperrojos y sus gruesas cejas
negras, lo que le da un encanto latino similar a Carmen
Miranda o Frida Kahlo; pero también es cierto
que demoraría 10 años más en llegar
a Hollywood para capitalizar el éxito del filme
... y posiblemente lo haya hecho como la novedad exótica
del momento.
Debo admitir que me llevé cierta decepción
con la película. Toda la situación fantástica
de marras - que fué lo que me inclinó
a incluirla en este portal - recién surge
en los últimos 15 minutos de la película,
y ni siquiera está demasiado desarrollada. Por
contra, hay situaciones del filme que se hacen eternas.
He aquí una película a la que le sobra
media hora con facilidad, y se nota. Hay una continua
repetitividad de las acciones - Vadinho es mujeriego,
es mujeriego, es mujeriego; Vadinho va a jugarse todo
a la ruleta, a la ruleta, a la ruleta; etc, etc, etc
- que a veces cansa. Es cierto que el personaje es la
piel de Judas y tiene su encanto, pero tampoco el racconto
repetitivo de sus excesos termina por aportar algo más
substancioso a su perfil de lo que ya conocemos.
Este tipo sí que es un auténtico tiro
al aire: estafador, apostador, mujeriego, borrachin,
golpeador, que vive la joda loca y sólo es fiel
a sí mismo. Está casado con una mujer abnegada
y trabajadora, quizás por la necesidad de tener
a alguien normal a su lado para tener algún asidero
en el mundo y, de paso, poder explotarlo financieramente.
Hay algún que otro detalle que, si bien no redime
a Vadinho, al menos le da un matiz menos detestable: cuando
se excede, pide perdón y arma ostentosas fiestas
para agasajar a Flor; y su pasión por esta mujer
es ardiente y auténtica.
Pero el amor es ciego y sólo el destino - con
la muerte del desquiciado egoista - terminará
por tomar una decisión que Flor debería
haber tomado hace años. Y, aún en la paz
y la normalidad, el recuerdo de esas noches de pasión
asaltan y torturan a la ardiente viudita... quien
se ha involucrado con el tipo más pasmado de
todo el pueblo.
Si hay una moraleja en todo esto, es que lo perverso
tiene su gracia y termina ponerle a sal a nuestra existencia.
Lo de Flor es como una especie de versión brasilera
del Fausto, en donde el cumplimiento del contrato
es tan torturante como intenso, y resulta mucho más
satisfactorio que una aburrida y rutinaria vida normal.
Doña Flor y sus Dos Maridos es una película
simpática y algo lenta. Quizás uno se
ha acostumbrado a otros ritmos cinematográficos
con el paso de los años, y por ello obtiene esa
sensación de morosidad. La anécdota del
título llega tarde, dura demasiado poco y está
a medio cocinar, cuando uno esperaba que el filme empezara
realmente a partir de allí. |