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Ya hemos comentado en las reviews de Sin
City y Pulp Fiction,
un poco sobre los orígenes del policial americano.
El género popular fue la serie negra, que devolvía
básicamente el crimen al callejón - al contrario
de otros autores elitistas como Agatha Christie - y reflejaba
mejor la realidad del mundo de los años 30, corrupto
y decadente. El héroe resultaba ser el intachable
detective privado, que actuaba como catalizador de miserias
humanas y como una especie de caballero andante sin armadura.
Posiblemente sea la figura del detective privado de
moral intachable lo que germinaría la decadencia
del genero. Resulta lógico que del 30 al 50 Nroteamérica
aún vivía el sueño americano, y
podía darse el lujo de los héroes inmaculados.
Pero llegaría la década del 60, y los
Estados Unidos entrarían en una etapa de convulsivos
cambios. La muerte de paladines de la libertad como
los Kennedy, Malcom X o Martin Luther King, la guerra
de Vietnam cuya victoria se eternizaba y que terminó
por no llegar nunca; el movimiento hippie, el sexo sin
ataduras, el abandono del cine del código
Hays de ética, las revueltas raciales, la
guerra fría... Norteamérica estaba vomitando
todos los ideales y pudores del sueño americano
y, de pronto, se encontró convertida en una sociedad
cínica, que había perdido sus ilusiones,
violenta y con un lenguaje realmente crudo para expresarse.
Es lógico pensar que la era de los héroes
inmaculados dentro de la ley se desbarrancara, y surgiera
una nueva generación, marcadamente cínica,
amoral y, por qué no, fascista.
Harry el Sucio es la piedra basal de esa nueva
generación. Perdidos los ideales, ¿por
qué confiar en los gobiernos, las autoridades
y las leyes?. Cuando la burocracia y los intereses impiden
la matanza de miles de americanos en Viet Nam, no hay
motivos para seguir confiando las instituciones. Y esa
generación de héroes ultraviolentos y
marginales son los que toman justicia por su propia
mano. Sin duda el Inspector Callahan es el molde sobre
el cual surgirán muchos otros; desde el Vengador
Anónimo hasta Rambo, Robocop
(y tantos otros), y casi toda la filmografía
de Charles Bronson, Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger
está nutrida de clones de Harry el Sucio.
El culto a las armas, el castigo violento y desmedido,
el juicio expeditivo de los villanos, el actuar por
fuera de la ley y, fundamentalmente, el festejo de la
platea de dichos métodos brutales.
Harry el Sucio es un film fundamental de los
70. Cambió el lenguaje cinematográfico
del género policial, y lo expuso en sus términos
más simples y primarios. Es, en más de
un sentido, una transposición de las reglas del
western a la ciudad moderna, pero con un lenguaje mucho
mas crudo. No hay conflictos de conciencia por parte
del héroe; simplemente, es lo que debe hacer.
Para 1971, Clint Eastwood era una figura algo conocida,
pero que no había podido consolidarse como una
estrella. Ciertamente su currículum incluía
obras de culto como los westerns que filmara con Sergio
Leone en Europa, y tenía una vasta trayectoria
en el clásico género del lejano oeste.
Y sorprendentemente le llega la oportunidad de este
film, después de que fuera rechazado (por coincidencias
varias laborales o discrepancias con el guión)
por Frank Sinatra (¡ quien fuera la primera opción
!), John Wayne, Steve McQueen, Jack Nicholson y Paul
Newman. Después de la película, su carrera
se dispararía hasta el pedestal que hoy ocupa
merecidamente en Hollywood.
Y es que, a pesar de no ser la primera opción para
el papel, es impensable en otro actor que Eastwood para
interpretar a Harry Callahan. Su expresión lacónica
y cínica, su voz suave y de furia reprimida, su
larga estampa portando el Smith & Wesson 44 ... es
una imagen imborrable. Como así también
el duelo que mantiene con Scorpio, que podría resumirse
como una batalla de mentes retorcidas. Las escenas del
film son memorables : desde el asesinato de la chica en
la piscina, pasando por la cacería del homicida
en el estadio o el duelo en la fábrica. Y por supuesto,
el clásico robo al banco, detenido a balazo limpio
por Harry, donde todos aprendimos el poder de un Magnum,
y con frases que quedan para la historia (¿Hoy
te sientes con suerte, imbécil?).
Pero el éxito del film no se basa sólo
en el argumento o en la interpretación de Eastwood.
Como suelo decir, el peso de la historia de un héroe
depende del villano, y Scorpio es una creatura repulsiva
que incluso utiliza a la ley para castigar y provocar
a Harry. Sus actos son de un sadismo indescriptible,
y la platea termina por consentir la escalada de violencia
de la película, buscando un desquite brutal que
haga pagar al asesino por sus salvajes actos. En sus
propios términos resulta justificable, aunque
obviamente es inducido por los guionistas (en especial,
John Milius que actúa como script doctor del
guión, y que se caracteriza por mantener posiciones
pro armamentistas en todos sus personajes), lo cual
termina por resultar peligroso. No olvidemos que en
1971 el film impactaba por su violencia - claro, muy
pocos se habían expresado en esos términos
previamente , y que ese lenguaje corrió como
reguero de pólvora, masificando la brutalidad
hasta el día de hoy. No existe serie de TV ni
película de acción que no muestre violencia
en sus escenas, o posters de individuos portando armas.
Puede decirse que es un culto idiota que rinde la gente
a esta clase de productos (me incluyo), y que pasa a
ser algo cultural. Hoy, cualquier espectador de un film
que incluya a un villano desea su muerte, y cuando el
nivel de sadismo aumenta, el héroe debe responder
con medios similares o peores. Sin duda es triste y
es un tema de largo debate, porque Harry el Sucio
debería ser una obra aislada (o una de tantas),
obviamente con su importancia, pero no debería
haber sido copiada hasta el hartazgo, pasteurizando
los métodos violentos y masificando el culto
a las armas. Quizás el tema pase porque en el
mundo moderno hemos perdido la ingenuidad o la creencia
en ciertos valores, y hoy crecemos y aceptamos el hecho
de que todos tenemos derecho a la venganza frente a
la agresión. Y ya no hablo de justicia, sino
de devolver la moneda con igual o mayor violencia. Posiblemente
el lector crea que quien redacta estas líneas
vive en un monasterio, pero debe tomar esto como una
reflexión en su justa medida.
Si hoy hiciera un viaje en el tiempo y mostrara Harry
el Sucio a una persona de los años 50 o 60,
se shockearía. Posiblemente repudiaría
el film. Pero hoy, en la era de la violencia masificada,
es un simple film de matineé en comparación
con otras obras que la han superado en brutalidad (sino,
vean cualquier film de Verhoeven). Y con el problema
que hemos rendido culto a las armas, y festejamos la
potencia del Magnum 44, perdiendo noción
que el impacto descomunal de semejante disparo recae
sobre un ser humano. Es cierto, sobre un villano, pero
no deja de ser una persona. E incluso, llegando a mas
allá, podríamos aterrorizarnos si redefinieramos
el concepto y planteáramos que Harry el Sucio
estuviera obsesionado con alquien que piensa que es
el asesino y termina siendo una persona inocente (usted,
yo, cualquiera). El problema de la masificación
del modelo es que se pierde la noción de la realidad,
tal como cuando vemos la Guerra de Irak en la
CNN, con el mismo interés y asombro como
quien ve un video game (por ejemplo, el bombardeo nocturno
de la Guerra del Golfo), sin pensar en vidas
humanas, carne y sangre destrozados por las bombas.
Es un problema de valores y de cultura. Cualquier film
violento o sádico que supere en métodos
sangrientos a los anteriores, seguramente shockeará,
pero al cabo de unos años será el standard
del género, y lo veremos a las dos de la tarde
por cable. Quizás el ser humano tiene una tendencia
pornográfica por la violencia, asimilando cada
vez mayor cantidad de métodos sanguinarios y
explícitos con menor incomodidad. Indudablemente
Harry el Sucio es un gran film, ampliamente disfrutable,
pero como metáfora sobre la violencia es un fracaso.
No provoca que el individuo se sienta incómodo
con sus escenas y con los ideales de sus personajes,
sino que termina por pedir más. Y a partir de
este film, continuarían otros de la serie con
Eastwood como protagonista, ampliando las características
ultra violentas del personaje y de los villanos, pero
disminuyendo el nivel de calidad del argumento hasta
la patética Sala de Espera al Infierno
en 1988, donde Harry el Sucio termina por ser una caricatura
de sí mismo. |