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USA, 2007 : Bruce Willis (John McClane),
Justin Long (Matthew Farrell), Timothy Olyphant (Thomas Gabriel), Cliff Curtis
(Director del FBI Miguel Bowman), Maggie Q (Mai Lihn), Kevin Smith (Frederick
‘Warlock’ Kaludis), Mary Elizabeth Winstead (Lucy Gennero McClane),
Jonathan Sadowski (Trey), Zelijko Ivanek (Molina), Yorgo Constantine (Robert Russo),
Joe Gerety (Jack Parry), Tim Russ (Chuck Summer), Jake McDorman (Jim), Andrew
Friedman (Casper) Director - Len Wiseman, Guión - Mark Bomback
& David Marconi, basados en el artículo A Farewell to Arms de John
Carlin y sobre personajes creados por Roderick Thorpe, Musica - Marco Beltrami |
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Duro de Matar 4.0 es la última entrega de la saga iniciada en 1988,
y que provocara una revolución total en el género del cine de acción.
Resulta curioso observar que la original Duro de Matar
estaba basada en la novela Nothing Last Forever (1979) de Roderick Thorpe,
donde el detective Joe Leland visitaba a su hija en su trabajo en Los Angeles
y un comando terrorista tomaba el edificio, debiendo Leland liquidarlos uno a
uno. Joe Leland es el mismo personaje que Frank Sinatra interpretó en El
Detective (1968), y que después evolucionó hasta John McClane.
La última entrega de la saga había sido Duro
de Matar 3: La Venganza en 1995, que la crítica la trató de
modo muy desparejo. Los problemas con las sagas de calidad es que generalmente
nunca cumplen con todas las expectativas, pero de allí a decir que Die
Hard 3 era mediocre hay mucho trecho. Si uno compara la competencia, todos
los filmes de la saga son ampliamente superiores al promedio de los estrenos de
acción en todas las temporadas. La cuestión es que, salvo un milagro,
no hay secuela posible que pueda opacar a un predecesor ilustre - salvo excepcionales
casos como Aliens -.
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Duro de Matar 4.0 llega 12 años después, y con un mundo
que ha cambiado. Los héroes de acción ahora son distintos y, cuando
no, son lacónicos, amargados y solitarios. John McClane es una cápsula
del tiempo de los 80, cuando USA vivía una euforia de patriotismo. Hoy,
en el mundo post 11/9, el ánimo americano está golpeado y precisa
nuevos héroes o rescatar algunos viejos y queribles, alguna figura épica
que vuelva a inflar el marchito ánimo nacionalista. Posiblemente eso (además
del olor del dinero y la falta de ideas en Hollywood) tenga que ver con toda la
resucitación masiva de sagas archivadas desde los 80, léase la próxima
entrega de Rambo, Rocky, Superman
y etc. Aquí vemos a John McClane combatiendo a los terroristas del nuevo
milenio.
Y de todas las expectativas puestas en la nueva entrega, Die Hard 4.0
sale parada de modo muy digno, aunque no sin fallas. Cuando uno había escuchado
que Len Wiseman (Underworld) había firmado
para el sillón de director, los pelos se me pusieron de punta. Wiseman
es un típico director de la generación MTV, puro estilo y
cero de substancia, que además había demostrado en Underworld
que coherencia no es su fuerte (ni siquiera algo necesario en sus películas).
Aquí sorprendentemente Wiseman consigue poner nervio al film y sacar unos
cuantos conejos de la galera como para deslumbrar a las audiencias - desde McClane
derribando a un helicóptero tirándole un auto encima, hasta un combate
mano a mano sobre una camioneta atascada verticalmente en el foso de un ascensor...
no pregunten -, y mantiene la trama con suficiente fluidez. Y lo que es mejor,
mantiene el ritmo como para que uno no piense demasiado en lo absurdo del guión
- desde la idea central de que todos los centros vitales informáticos de
Norteamérica están conectados y accesibles desde Internet, hasta
el tonto McGuffin de Matthew Farrell, al que todos intentan matar y no
queda muy claro el por qué -. En vista de que el super software que monta
Thomas Gabriel está basado de pequeños aportes de hackers - que
desconocen el destino final cuando se ensamble -, es inexplicable que se desvivan
tanto por eliminar a quien es una pieza pequeña de un enorme rompecabezas.
La única excusa es que, mientras quieran matar a Farrell, McClane tiene
trabajo.
Las secuencias de acción van de los sorprendente a lo sencillamente delirante.
Siguen teniendo la marca de fábrica de la saga, aunque a veces rayen en
el disparate, pero sigue siendo puro entretenimiento. Bruce Willis sigue manteniendo
intacto su carisma, y se le suma Justin Long como el hacker en apuros, pero es
un compañero de ruta con poca gracia (al contrario de Samuel L. Jackson
en la tercera parte). Los villanos son rutinarios,
y McClane los despacha despiadadamente de a uno o en masa, siempre de modo muy
creativo. Hay un bolo de Kevin Smith, muy en su onda, como un hacker fan de Star
Wars, pero no hay mucho más. Al menos el FBI no se porta de modo tan
estúpido como otros filmes, con la excepción de la flagrante omisión
del dato final - el que lleva al clímax - que son esas obviedades que sólo
pasan en las películas.
Está bien, no es el mejor film de la saga, y mucha de la trama es un
reciclado de Duro de Matar 3: La Venganza. Lo que
resulta demasiado fantasioso es la facilidad y la omnipotencia con que se presenta
que se pueden hackear sistemas y controlar cualquier cosa, desde un semáforo
hasta un avión, que llega a lo absurdo. Pero si uno deja el cerebro en
off, bien puede disfrutar de todo el show y es agradable ver nuevamente
al viejo John McClane de regreso en sus correrías, aunque esta vez los
villanos sean menos ilustres y terminen siendo cartón pintado. |
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