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USA, 1995 : Bruce Willis (John McClane),
Jeremy Irons (Simon Gruber), Samuel L. Jackson (Zeus Carver), Graham Greene (Joe
Lambert), Colleen Camp (Connie Kowalski), Larry Bryggman (inspector Walter Cobb)
Director - John McTiernan, Guión - Jonathan Hensleigh sobre
personajes creados por Roderick Thorpe, Musica - Michael Kamen |
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Duro de Matar (1988) posiblemente sea uno de los mejores
filmes de acción de todos los tiempos (si no es el mejor). Prácticamente
redefinió el género; más allá de que pronto salieran
clones por todos lados (de los cuales, Pasajero 57 es el más aceptable),
cambió los códigos narrativos en el cine de acción. Héroes
destruidos pero siempre en pie, duelo de ingenios entre héroe y villano,
acción desproporcionada y numerosas vueltas de tuerca en la trama. Y lo
fundamental: un ritmo envidiable.
Por supuesto vino la secuela en 1990, que es también excelente más
allá de que Renny Harlin intentara por momentos imitar (mal) a Sam Peckinpah.
Y entonces la serie entró en una pausa, en parte por el desbordamiento
de clones y en parte por la decisión artística de Bruce Willis de
alejarse del personaje para evitar el encasillamiento. Sin embargo Hollywood no
desiste de liberar una gallina de los huevos de oro cuando la ha encontrado, y
comenzó a trabajar en secreto en una nueva secuela.
Pero cuando se estrenó Duro de Matar 3: La Venganza las críticas
fueron menos entusiastas que con las entregas anteriores. La taquilla fue excelente
pero de todos modos la serie entró en el freezer por 12 años
(hasta Duro de Matar 4.0), y la verdad es que no se entiende muy bien el
por qué. Es posible que Willis no quisiera regresar otra vez al personaje,
o que los productores quisieran darle aire a la saga, o bien que la crítica
diera la impresión de que la tercera entrega era "buena pero no excelente".
En todo caso podría decirse que se tratan de marcas de fábrica muy
bien custodiadas, que sólo salen a luz cuando un proyecto decente puede
tomar su nombre: es una tendencia que comenzó con Alien, y siguió
con Terminator. Las secuelas tardan tantos años
en llegar que cuando lo hacen, es porque se tratan de productos sólidos
que pueden justificar la portación de nombre.
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El tema es que Duro de Matar 3 está injustamente catálogada
como una secuela débil. Es obvio que nada puede igualar al impacto de la
gran aventura del Nakatomi Plaza, pero a mi juicio Die Hard 3 es
tan buena como la 2, o incluso levemente superior. Está de regreso
John McTiernan, que para mí gusto es uno de los mejores directores de acción
que existen, pero que lamentablemente no tiene un buen criterio a la hora de elegir
sus proyectos (acá venía de un par de horrendos fracasos como The
Medicine Man y The Last Action Hero). Bruce Willis mantiene el carisma
intacto, y el clima de los filmes anteriores se mantiene.
Como siempre, la saga mantiene su identidad. Hay una gran amenaza - siempre
de uno u otro modo involucra el secuestro de algo - y una trama oculta, con abundantes
vueltas de tuerca. Acá las conexiones con el primer film son directas,
ya que Simon viene a vengar la muerte de Hans Gruber, el villano del Nakatomi
Plaza. Jeremy Irons tiene un papel excelente, si bien no llega a la altura
de Alan Rickman: hay astucia, buenas líneas e improvisaciones sobre la
marcha. Es mejor que el trío de malos de Duro de Matar 2. Es cierto
que los planes siempre son disparatados, pero acá es muy raro que la película
haga pausas y nos deje pensar en su coherencia. Si hay algo que sí resulta
obvio y artificial es el desenlace, con el tema de las famosas aspirinas que le
deja Gruber a McClane. Pero todo el resto - incluso la excelente incorporación
de Samuel L. Jackson como el negro racista que es forzado a acompañar a
McClane - es realmente bueno.
Lo que resulta interesante de descubrir en el film, es cómo ha cambiado
el mundo después del 11/9. Aquí están los paneos con las
Torres Gemelas de fondo, pero fundamentalmente está el tema de utilizar
a Nueva York como víctima de atentados terroristas. En general los americanos
siempre han tomado como simbolo a Nueva York, y como tal la han hecho objeto de
todo tipo de desastres naturales y provocados. Para un americano conservador de
hoy, ver manzanas enteras bombardeadas o subterráneos explotando suena
como reírse del funeral de su propia madre que falleció ayer. Filmar
Die Hard 3 al día de hoy sería imposible; y a pesar de que
para 1995 los atentados en suelo americano no eran novedad - estaba el de Oklahoma
y la bomba del World Trade Center -, podían darse el lujo de bromear cinematográficamente
sobre temas similares. Hay en el fondo de filmes como éste y similares,
cierto tufillo a invulnerabilidad. Cuando un osado se atreve a mancillar suelo
americano, es perseguido y castigado, y siempre los daños son contenidos.
Es posible que todo ello tenga que ver con el clima político de la época,
con las administraciones Reagan y Bush padre, que terminaron por generar una oleada
de patriotismo masivo y un decidido aire de supremacía. Esto de ningún
modo es un comentario político, pero uno deduce que la gente bromea sobre
cosas malas que le han sucedido porque tiene la plena seguridad que ha tomado
todas las medidas para evitar repetirlas. Es algo similar a lo ocurrido con la
Guerra de Vietnam, que por años fue la gran herida abierta de los norteamericanos,
y que después terminaron por tomarla en broma (MASH) e incluso darle
la falsa perspectiva de una seudo victoria (Rambo II). Es como si dijeran
de que el sistema puede tener una falla (o caída) y que queda como una
anécdota.
Pero más allá de su lectura como cápsula del tiempo, Duro
de Matar 3 sigue siendo espectacularmente entretenida. Y el paso de los años
sólo ha servido para confirmar su status de sólido filme
de acción, que sobrevive en el recuerdo entre miles de películas
que desaparecen en el anonimato al poco tiempo de estreno. |
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