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USA, 1995 : Bruce Willis (John McClane), Jeremy Irons
(Simon Gruber), Samuel L. Jackson (Zeus Carver), Graham
Greene (Joe Lambert), Colleen Camp (Connie Kowalski),
Larry Bryggman (inspector Walter Cobb) Director
- John McTiernan, Guión - Jonathan Hensleigh
sobre personajes creados por Roderick Thorpe, Musica
- Michael Kamen |
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TRAMA : Nueva York comienza a sufrir ataques
terroristas con bombas plantadas a lo largo de la ciudad.
El responsable - que dice llamarse Simon - contacta
a la policía y les exige como interlocutor a
John McClane. McClane debe resolver numerosos acertijos
que Simon le va planteando, a medida que va desarmando
explosivos en distintas zonas de la ciudad. Las agencias
de seguridad se movilizan y pronto identifican al terrorista
como Simon Gruber, el hermano del criminal al cual McClane
mató años antes durante el secuestro del
Nakatomi Plaza. Todo parece indicar que se trata de
una venganza y que Gruber tiene a la ciudad como rehen
para hacer con McClane lo que se le plazca, pero el
policía comienza a sospechar de que hay un propósito
oculto tras toda la operación. Y visitando el
lugar de uno de los atentados, McClane descubre que
las verdaderas intenciones de Gruber era robar todo
el oro de la Reserva Federal Americana, cuyos dispositivos
de seguridad quedaron anulados por la explosión
de una de las bombas.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Duro de Matar (1988) posiblemente
sea uno de los mejores filmes de acción de todos
los tiempos (si no es el mejor). Prácticamente
redefinió el género; más allá
de que pronto salieran clones por todos lados (de los
cuales, Pasajero 57 es el más aceptable),
cambió los códigos narrativos en el cine
de acción. Héroes destruidos pero siempre
en pie, duelo de ingenios entre héroe y villano,
acción desproporcionada y numerosas vueltas de
tuerca en la trama. Y lo fundamental: un ritmo envidiable.
Por supuesto vino la secuela en 1990, que es también
excelente más allá de que Renny Harlin
intentara por momentos imitar (mal) a Sam Peckinpah.
Y entonces la serie entró en una pausa, en parte
por el desbordamiento de clones y en parte por la decisión
artística de Bruce Willis de alejarse del personaje
para evitar el encasillamiento. Sin embargo Hollywood
no desiste de liberar una gallina de los huevos de oro
cuando la ha encontrado, y comenzó a trabajar
en secreto en una nueva secuela.
Pero cuando se estrenó Duro de Matar 3: La
Venganza las críticas fueron menos entusiastas
que con las entregas anteriores. La taquilla fue excelente
pero de todos modos la serie entró en el freezer
por 12 años (hasta Duro de Matar 4.0),
y la verdad es que no se entiende muy bien el por qué.
Es posible que Willis no quisiera regresar otra vez
al personaje, o que los productores quisieran darle
aire a la saga, o bien que la crítica diera la
impresión de que la tercera entrega era "buena
pero no excelente". En todo caso podría
decirse que se tratan de marcas de fábrica muy
bien custodiadas, que sólo salen a luz cuando
un proyecto decente puede tomar su nombre: es una tendencia
que comenzó con Alien, y siguió
con Terminator. Las secuelas
tardan tantos años en llegar que cuando lo hacen,
es porque se tratan de productos sólidos que
pueden justificar la portación de nombre.
El tema es que Duro de Matar 3 está injustamente
catálogada como una secuela débil. Es
obvio que nada puede igualar al impacto de la gran aventura
del Nakatomi Plaza, pero a mi juicio Die Hard
3 es tan buena como la 2, o incluso levemente
superior. Está de regreso John McTiernan, que
para mí gusto es uno de los mejores directores
de acción que existen, pero que lamentablemente
no tiene un buen criterio a la hora de elegir sus proyectos
(acá venía de un par de horrendos fracasos
como The Medicine Man y The Last Action Hero).
Bruce Willis mantiene el carisma intacto, y el clima
de los filmes anteriores se mantiene.
Como siempre, la saga mantiene su identidad. Hay una
gran amenaza - siempre de uno u otro modo involucra
el secuestro de algo - y una trama oculta, con abundantes
vueltas de tuerca. Acá las conexiones con el
primer film son directas, ya que Simon viene a vengar
la muerte de Hans Gruber, el villano del Nakatomi
Plaza. Jeremy Irons tiene un papel excelente, si
bien no llega a la altura de Alan Rickman: hay astucia,
buenas líneas e improvisaciones sobre la marcha.
Es mejor que el trío de malos de Duro de Matar
2. Es cierto que los planes siempre son disparatados,
pero acá es muy raro que la película haga
pausas y nos deje pensar en su coherencia. Si hay algo
que sí resulta obvio y artificial es el desenlace,
con el tema de las famosas aspirinas que le deja Gruber
a McClane. Pero todo el resto - incluso la excelente
incorporación de Samuel L. Jackson como el negro
racista que es forzado a acompañar a McClane
- es realmente bueno.
Lo que resulta interesante de descubrir en el film, es
cómo ha cambiado el mundo después del 11/9.
Aquí están los paneos con las Torres Gemelas
de fondo, pero fundamentalmente está el tema de
utilizar a Nueva York como víctima de atentados
terroristas. En general los americanos siempre han tomado
como simbolo a Nueva York, y como tal la han hecho objeto
de todo tipo de desastres naturales y provocados. Para
un americano conservador de hoy, ver manzanas enteras
bombardeadas o subterráneos explotando suena como
reírse del funeral de su propia madre que falleció
ayer. Filmar Die Hard 3 al día de hoy sería
imposible; y a pesar de que para 1995 los atentados en
suelo americano no eran novedad - estaba el de Oklahoma
y la bomba del World Trade Center -, podían darse
el lujo de bromear cinematográficamente sobre temas
similares. Hay en el fondo de filmes como éste
y similares, cierto tufillo a invulnerabilidad. Cuando
un osado se atreve a mancillar suelo americano, es perseguido
y castigado, y siempre los daños son contenidos.
Es posible que todo ello tenga que ver con el clima político
de la época, con las administraciones Reagan y
Bush padre, que terminaron por generar una oleada de patriotismo
masivo y un decidido aire de supremacía. Esto de
ningún modo es un comentario político, pero
uno deduce que la gente bromea sobre cosas malas que le
han sucedido porque tiene la plena seguridad que ha tomado
todas las medidas para evitar repetirlas. Es algo similar
a lo ocurrido con la Guerra de Vietnam, que por años
fue la gran herida abierta de los norteamericanos, y que
después terminaron por tomarla en broma (MASH)
e incluso darle la falsa perspectiva de una seudo victoria
(Rambo II). Es como si dijeran de que el sistema
puede tener una falla (o caída) y que queda como
una anécdota.
Pero más allá de su lectura como cápsula
del tiempo, Duro de Matar 3 sigue siendo espectacularmente
entretenida. Y el paso de los años sólo
ha servido para confirmar su status de sólido
filme de acción, que sobrevive en el recuerdo
entre miles de películas que desaparecen en el
anonimato al poco tiempo de estreno.
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