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Duro de Matar es un clásico moderno. A pesar de sus fallas, de personajes
secundarios completamente idiotas y de algunas proezas disparatadas, es el modelo
de cine de acción de los 80. Es un ejemplo de maestría narrativa;
nunca la trama decae lo suficiente como para permitirnos darnos cuenta de lo absurda
que es.
Posiblemente hasta los productores se hayan sorprendido del éxito obtenido.
Después de todo, en Hollywood se incuban muchas superproducciones que parecen
hacer historia y terminan por hundirse en las taquillas. Consideremos el elenco
: una casta de desconocidos y actores secundarios que llegarían al estrellato
después del film. John McTiernan había tenido un éxito previo
con Depredador, pero seguramente éste es el film por el cual será
recordado siempre. Bruce Willis había flirteado con el cine sin mucho éxito,
y recién había encontrado la fama en la serie de TV Moonlighting.
Pero sus papeles siempre fueron de comedia. Resulta inimaginable poner a un cómico
a realizar papeles de acción, pero este fue el caso. Y desarrollaría
una carrera espectacular, plena de éxitos, experimentos y fracasos. Es
posiblemente el actor de clase A que ha arriesgado más en sus papeles,
tomando roles grandes y pequeños, dramáticos y cómicos, normales
y bizarros. Quizás no tenga un gran rango dramático, pero posee
lo que las estrellas auténticas deben tener : carisma. Cuando uno ve el
film de una estrella, no va a ver actuaciones camaleónicas, sino a festejar
los tics de la estrella. Schwarzenegger ha hecho una carrera con ello; Stallone...
De Niro, Nicholson, Hoffman... todos repiten manerismos en uno y otro film hasta
el hartazgo, con la diferencia que los últimos actores citados ocasionalmente
abandonan su representación de sí mismos en escena y realmente
actúan. Y si bien Willis no posee dicho rango interpretativo, se arriesga
como ninguno al tomar papeles que no son para él. En buena parte sus roles
en filmes independientes le han servido para mantener fresca su carrera. Pero
nada de esto sería posible sin el respaldo que le significó Duro
de Matar.
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El otro beneficiado es Alan Rickman. Pero el tema es que Rickman es esencialmente
un hombre de teatro, que le escapó al encasillamiento Hollywoodense como
villano, y prefirió actuar en obras y papeles menores que le resultaran
más interesantes en lo personal. Como dijimos alguna vez, un gran héroe
necesita un gran villano y su Hans Gruber es magistral. Es sofisticado, es simpático,
es siniestro y, fundamentalmente, es inteligente. La trama es brillante porque
los personajes son inteligentes, razonan, cambian de planes, toman medidas extremas.
Es cierto que la mayor parte del elenco secundario (el jefe de policía,
los agentes del FBI, el yuppie idiota compañero de Holly) son pésimos
personajes, diciendo estupideces a cada rato, pero aún así tienen
momentos disfrutables. Quizás estén perfilados ex-profeso, de modo
de resaltar el duelo de ingenios entre Gruber y McClane. La pelea por los detonadores,
las improvisaciones de Gruber ante la aparición de la policía, la
latente amenaza de descubrir la identidad de la esposa de McClane.. son momentos
de tensión y sorpresa memorables. No hay pausa en el film, no hay momento
desperdiciado en no ser acción, sorpresa o darle buena carnadura a los
personajes. Y McTiernan le da un tono de humor zumbón a toda la película,
donde uno termina festejando las muertes y las explosiones.
Hasta ese entonces, los filmes sobre secuestros habían resultado terriblemente
aburridos. El protagonista debía sufrir todo el tiempo a manos de los criminales,
intentan negociar la liberación de los rehenes. McTiernan da vuelta totalmente
al género y lo hace potable como vehículo de acción. Ciertamente
toma cosas de otros filmes - a pesar de los golpes brutales, McClane siempre permanece
de pie, al mejor estilo Indiana Jones; o toma también elementos del cine
catástrofe -, y establece rápidamente el seteo de la situación
para desarrollar un perfecto juego del gato y del ratón. La historia es
simple, uno sabe cómo va a terminar todo esto; pero es el estilo y la buena
narrativa (e inventiva) de los guionistas y del director en provocar sorpresas
a cada rato. El placer está en el viaje, no en el destino que es por todos
conocido.
Duro de Matar creó todo un subgénero, donde los mismos esquemas
se repiten en distintos escenarios : Máxima Velocidad (en un omnibus),
Alerta Máxima (en un tren), Executive Decision (en un avión),
Air Force One (en el avión presidencial con el Presidente como héroe
!), o Toy Soldiers (ambientado en una universidad), además de sus
secuelas - que poseen buena calidad pero no llegan a la frescura de la entrega
inicial -. Y posiblemente en el 2007 tengamos la entrega de Duro de Matar 4.0,
ya en pre producción. Mientras los filmes - y el género - continúen
siendo tan entretenidos, no tengo problemas de mi parte que se sigan produciendo.
En la mayoría de los casos ha resultado en espectáculos que valen
la pena, superiores al grueso de descerebrados filmes de acción que se
producen hoy en día. |
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