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USA, 1983 : Jason Robards (Dr Russell Oakes),
Steve Guttenberg (Steven Klein), Bibi Besch (Eve Dahlberg), John Cullum (Jim Dahlberg),
Amy Madigan (Alison Ransom), Georgeanna Johnson (Helen Oakes), William Allen Young
(McCoy), JoBeth Williams (Nancy Baker), John Lithgow (profesor John Husley)
Director - Nicholas Meyer, Guión - Edward Hume, Musica - David Rackskin |
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Este es un efectivo telefilme que produjo un enorme revuelo en su emisión
original en las pantallas de la cadena americana ABC en Noviembre de 1983.
Obtuvo el rating más alto de la historia (más de 100 millones de
televidentes en su estreno) y generó una oleada de acalorados debates especialmente
en un momento recalentado de la escalada armamentista de la era Reagan. Quizás
su impacto haya tenido que ver con la lenta pero gradual disminución de
velocidad en la carrera atómica de mediados de los 80, pero eso sería
especular demasiado. Lo que sí es cierto que el mismo Ronald Reagan vió
el filme e incluso se carteó con el director Meyer.
Pero El Día Después dista muchísimo de ser una
película silenciosa que terminó por explotar en las pantallas de
millones de televidentes norteamericanos. No es ni por asomo un fenómeno
espontáneo - como fuera la emisión radial de Orson Welles de La
Guerra de los Mundos en 1938 -, sino una larga y calculada maniobra de marketing
que se tomó dos años hasta asestar el golpe. El proyecto empezó
a partir de 1981, cuando el presidente de la cadena ABC, Brandon Stoddard,
se sintió shockeado al ver El Sindrome de China y decidió
hacer un filme sobre el terror nuclear. Inmediatamente comisionó al guionista
Edward Hume para realizar un libreto sobre el posible impacto de un ataque misilístico
a gran escala sobre USA, y con el mayor grado de realismo. Pero a pesar de su
impulso y de su guión, el proyecto tendría muchas idas y vueltas,
con varios cambios de director hasta llegar a Nicholas Meyer. Meyer - que piloteara
Viaje a las Estrellas II: La Ira de Khan - impuso
inmediatamente algunas políticas férreas como condición para
permanecer al mando: debía tener el corte final, la película no
debería sufrir cortes adicionales, y el tono debería ser estrictamente
realista.
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Lo que siguió después fue una enorme batalla de Meyer contra
organismos gubernamentales, comisiones de censura de la misma ABC, y presiones
de todo tipo. Desde la pelea con los censores de la cadena, que no querían
mostrar escenas gráficas de quemaduras además de recortar secuencias
sobre los horrores de la guerra, hasta la lucha con las Fuerzas Armadas que le
negaron apoyo a Meyer - no le concedieron películas de stock sobre
test atómicos; le negaron información de respaldo, e incluso le
pidieron mostrar que la URSS era quien había realizado el primer ataque
-. Pero Meyer y los productores siguieron adelante, y la ABC comenzó
a realizar una lenta pero prolongada campaña publicitaria promocionando
al filme desde 6 meses antes de su emisión, e incluyendo una programación
posterior plagada de debates y documentales para encender la polémica.
Pocas veces uno ha visto semejante despliegue publicitario (y hecho de un modo
tan inteligente); y, salvando las distancias, es similar a la campaña adicional
realizada para The Blair Witch Project donde los productores consiguieron
crear el mito antes de haber proyectado un sólo fotograma del filme.
Y la verdad es que El Dia Después llena bastante bien las expectativas
que construyó durante esa campaña publicitaria. Dramáticamente
es un filme bastante pobre: los personajes no tienen nada memorable, y son similares
a los castings de las películas de cine catástrofe - una
gran masa de actores personificando clisés y recitando diálogos
rutinarios -, lo que la hace una película Aeropuerto con bombardeo
atómico incluído. Las líneas son mejores que el promedio,
pero los caracteres terminan por ser anónimos. Si el film se hubiera concebido
de un modo mas trascendental, los personajes serían épicos hombres
atormentados recitando profundas líneas filosóficas (el impacto
hubiese sido mayor en manos de un gran director como un Kubrick, por ejemplo).
Aquí en cambio son un montón de personas promedio sin demasiada
personalidad, que esporádicamente se turnan para espetar algunos conceptos
inteligentes que tira el guionista.
Eso no es necesariamente malo, pero los resultados podían haber sido mejores.
El mayor valor reside en la dirección de Meyer, que logra inyectarle más
personalidad a la historia a través de la fuerza de sus imágenes.
Es cierto que el filme utiliza un tono a veces demasiado edulcorado: la primera
parte donde se establece el setup es una America sub urbana de película
que a veces asquea - la novia de pueblo que se escapa con su futuro marido dos
días antes de la boda; el padre de familia que ve alejarse a su hija, mudándose
a la gran ciudad -. Esto, parafraseando a Roger Ebert, podríamos llamarlo
como el síndrome de la virgen violada, donde vemos imágenes
encantadoras y románticas de la protagonista. Y entonces la violan salvajemente
una y otra y otra vez. Es como si un filme de la Disney, en mitad de proyección
y mientras los animalitos cantan y bailan, cayera una bomba atómica y aniquilara
a tres cuartas partes del elenco.
Sin duda el propósito de Meyer es puramente exploitation. Y lo
logra, a base de golpes de impacto. Por suerte el libreto no busca ni finales
ni tramas intermedias felices: el futuro novio de la chica perece, la familia
del médico se evapora en pleno ataque, no hay héroes de ningún
tipo. Simplemente supervivientes. El momento del lanzamiento de los misiles es
shockeante; la escena donde la mujer del granjero - que tiene instalado un silo
nuclear en el fondo de su casa - ve los gases iniciales y el posterior lanzamiento
es memorable. La ciudad surcada por las numerosas estelas de los cohetes es sencillamente
escalofriante.
Pero la tensión de esos diez minutos centrales no es recuperada después
de pasado el momento. Las ciudades evaporadas, los hospitales abarrotados, la
falta de energía y alimentos... en otros filmes (fantásticos, por
cierto) ya lo hemos visto. Reiterando lo dicho antes, en vez de incluír
algun personaje filosófico en la trama - que se tomara unos minutos para
reflexionar sobre el apocalipsis -, el guión se decanta por introducir
viñetas de la situación posterior. Muchos de sus diálogos
y situaciones están muy bien: desde el militar que dice que "esta
guerra ya terminó" y es obligado a permanecer vigilando el silo vacío
mientras los misiles rusos están al caer, hasta los tendales de moribundos
deformados por los efectos de la radiación. Pero nadie, en ningún
momento, levanta su puño contra los militares (o contra Dios, o contra
alguien) para maldecir por el destino. Si uno podara la primera parte del filme
bien podría ser un documental no autorizado por el gobierno sobre los desvastadores
efectos de las bombas atómicas.
Nicholas Meyer ha expresado que ése era su propósito: no quería
hacer la película dramática de la semana sino un enorme aviso publicitario
de dos horas acerca de la inutilidad de la guerra atómica. A pesar de que
las eras cambiaron, el film conserva su capacidad de impacto. En lo personal me
hubiera gustado de que la película fuera más reflexiva; así
como está shockea pero se queda algo corta a la hora de estimular las neuronas. |
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