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Sombras en la Oscuridad (o La Casa de las Sombras Tenebrosas, como
quiera llamarle) es la versión para la pantalla grande de la tira de culto
que se emitiera en la TV norteamericana entre 1966 y 1971 (otro nombre alternativo
con que se conoció a la serie fue Malditos hasta la Ultima Generación).
La particularidad es que no se trataba de una serie standard sino de una telenovela.
Dark Shadows comenzó como el proyecto matutino del legendario Dan
Curtis, el procer del horror televisivo de los años 70 con joyas posteriores
en su haber como The Night Stalker y The Night
Strangler (donde hacía su aparición en público Carl Kolchak,
nuestro héroe de la infancia) y la famosa Trilogía
del Terror; pero a decir verdad, las metas de Curtis eran mucho más
modestas desde un principio. Su intención era simplemente hacer una soap
opera gótica, cargada de misterio, y nada más que eso. La historia
se basaba en la llegada de una institutriz a Collinwood, donde empezaba a descubrir
el pasado turbulento de la acaudalada familia Collins. Pero los ratings no ayudaron.
Decidido a un salvataje desesperado Curtis comenzó a incluír
elementos sobrenaturales en la telenovela como fantasmas y ocultistas. Si bien
eran ingredientes casuales, con la aparición de ellos la telenovela pasaba
al frente de sus competidoras. No sería hasta el segundo año de
emisión en que Curtis apostaría el todo por el todo, e introduciría
a Barnabas Collins, el vampiro de 175 años que regresaba a la mansión
en busca de su viejo amor reencarnado. Lo que seguiría es historia: la
telenovela desarrollaría un rating impresionantemente alto, comenzaría
a generar merchandising, sería vista por público de todas
las edades y sexos (al contrario de las tradicionales soap operas reservadas
para las amas de casa), e incluso se vendería al exterior (y se conocería
por estos pagos). Un éxito inaudito, considerando que las telenovelas norteamericanas
son realmente malas y eternas (Hospital General lleva más de 30
años en el aire).
A partir del giro de la serie, Curtis empezaría a incluir desde clones
de Frankensteins hasta científicos locos, hombres lobo, brujas y zombies,
todos relacionados con el clan Collins. Pero sin duda el personaje fuerte de la
serie, la estrella, era Jonathan Frid: su Barnabas Collins se transformó
en una figura de culto, aún recordada 30 años después de
la emisión de la telenovela.
En otro paso inaudito para una telenovela, los estudios le ofrecerían
a Curtis llevar la historia a la pantalla grande. Lo haría en House
of Dark Shadows (1970) y que es la que comentamos ahora, y en Night of
Dark Shadows (1971). Pero la última película carecía
de la presencia de Frid y tuvo una tibia respuesta. En 1991 la NBC le daría
luz verde a Curtis para reflotar la serie, ya que su re emisión por sindicación
seguía levantando excelentes ratings. El resultado fue una nueva Dark
Shadows, más pulida y oscura, con un elenco de primeras figuras de
horror y culto como Barbara Steele (la scream goddess de la Hammer
de los 60), Roy Thinnes (de la serie Los Invasores) y Ben Cross, que encarnaba
a Barnabas Collins. Pero problemas en la programación, marketing erróneo
y la guerra del Golfo terminaron por matar a la serie antes de tiempo, con tan
solo 12 capítulos emitidos además del piloto. Y en el 2004 la
Warner produciría una nueva versión con Alec Newman (de la miniserie
Dune) como Barnabas Collins, pero también esta presentación
obtuvo una tibia respuesta. Una lástima, ya que toda la idea de un revival
parecía interesante (se comenta que Johnny Deep tiene los derechos y quiere
hacer una versión, encarnando a Barnabas Collins; algo que sería
digno de ver).
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Pero volviendo con el tema del film que nos ocupa, lo que hace Curtis aquí
es comprimir los elementos más importantes de las tres primeras temporadas.
Toda la galería de personajes bizarros que poblaba la telenovela ha sido
directamente podada, y se mantiene la trama central con Barnabas apareciendo en
la mansión de los Collins y enredándose con la reencarnación
de su viejo amor. Obviamente toda la historia de fondo es esencialmente Drácula
disfrazado, con vampiro que ha sido maldecido y un amor sin consumar que perdura
en el tiempo. En este caso el vagabundo desquiciado del lugar termina por hacer
las veces de Renfield, la instituriz es la nueva Mina, y hay un profesor Stokes
que hace las veces de Van Helsing. Lo que añade Curtis de su propia factoría
es el personaje de la Dra Hoffman, una ambiciosa científica que le ofrece
una cura al vampiro pero termina enamorándose de él. Mientras que
en la TV esto era más evidente, aquí los sentimientos de Hoffman
no son tan claros y, cuando sumo, le sobreviene un ataque de consciencia, lo que
sirve para desencadenar los sucesos.
Pero a pesar del maquillaje de una historia tan rutinaria, es un filme logrado.
La diferencia estriba en Dan Curtis, que lograr crear más atmósfera
aquí que en 20 filmes de la Hammer juntos. La mansión Collins
posee una formidable belleza siniestra, enclavada en un océano de árboles,
donde las distancias parecen enormes, y es verdaderamente una protagonista más
en el film. Todo lo que muestra la película acerca de Collinwood se ve
gigantesco: la casona es tan grande que tiene enormes dependencias abandonadas
y en ruinas. Los personajes vagan tanto por elegantes ambientes goticos como por
habitaciones derruidas y plagadas de telarañas. A pesar de estar ambientada
en el siglo XX, son pocos los indicios de la época - los policías,
algunos autos -, pero la mayor parte del tiempo se respira una atmósfera
gótica. Todo el excelente escenario sirve para crear un clima único.
A esto se suma la dirección de Curtis. Es ágil, con primeros
planos, sombras siniestras, y una excelente seguidilla de escenas de tensión.
Es notable ver como un argumento tan común es utilizado hábilmente
para generar un momento de suspenso tras otro. Los ataques iniciales, los celos
de la perversa Carolyn - que terminará siendo presa de Barnabas y tendrá
un horrendo final -, las apariciones de ésta como vampiro (en especial
la excelente escena en la piscina abandonada donde se le presenta al joven David),
o la venganza de Barnabas después que los experimentos con la sangre fallaran
miserablemente.
Pero si Curtis hace su parte con creces, el que se roba la escena es Jonathan
Frid. Frid era un actor canadiense desconocido hasta la epoca de la serie, y que
lamentablemente no quiso capitalizar todo el suceso de Dark Shadows (decidió
volcarse a su vocación teatral). Su Barnabas Collins es una mezcla de monstruo
y héroe romántico; si bien como galán no posee belleza, si
tiene una carismática presencia que lo hace atractivo. Físicamente
parece un pequeño demonio (diría Homero Simpson), pero gracias
a su perfomance Frid lo transforma tanto en agradable como en maligno. A mi juicio
es un intérprete desperdiciado; del mismo modo que pasó con Robert
Quarry (el Conde Yorga), Jonathan Frid merecía haber sido probado
como figura del cine de horror ya que posee la presencia, la voz y el carisma
que requieren dichos papeles. Hubiera podido alzarse a la estatura de un Vincent
Price o un Christopher Lee. Lamentablemente su carrera posterior fue bastante
opaca.
Es un muy buen filme, más que recomendable. Quizás Curtis se
excede un poco de shocks en algún momento que otro, y a veces la trama
presenta algún que otro agujero, pero buenos intérpretes y un buen
clima de horror aseguran una buena película. Un film que debería
aún ser más popular, y no sólo en los círculos de
fans. |
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