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TRAMA : El desequilibrado Willie Loomis cree
haber dado con la pista de un tesoro perdido que la
acaudalada familia Collins mantenía en secreto.
Excavando en el cementerio familiar termina por liberar
a un vampiro que lo ataca y lo convierte en su esclavo.
Muy pronto el ser recobra su aspecto humano y se presenta
ante la familia como Barnabas Collins, un primo lejano
de Inglaterra. Ante el excepcional parecido físico
de Barnabas con los retratos ancestrales de los Collins,
estos deciden albergarlo en la vieja casona detrás
de la mansión. Pero Barnabas ha descubierto a
Maggie Evans, la institutriz de la familia, que es la
viva imagen de su amor perdido Josette Du Prez y que
pereciera en la vispera de su boda. Mientras Barnabas
intenta acercarse a Maggie, los ataques continúan
y las sospechas se fundan sobre la existencia de un
vampiro asolando el lugar. La Dra Julia Hoffman ha descubierto
el secreto de Barnabas Collins y le ofrece una cura
contra el vampirismo, lo que le permitiría pasearse
a la luz del día y llevar una vida normal. Pero
la noticia de la propuesta de casamiento de Barnabas
a Maggie produce sentimientos encontrados en Julia,
y entre la traición y el cerco de sospechas que
se cierra, pareciera que el fin estuviera cerca para
el vampiro.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Sombras en la Oscuridad (o La Casa de las Sombras
Tenebrosas, como quiera llamarle) es la versión
para la pantalla grande de la tira de culto que se emitiera
en la TV norteamericana entre 1966 y 1971 (otro nombre
alternativo con que se conoció a la serie fue Malditos
hasta la Ultima Generación). La particularidad
es que no se trataba de una serie standard sino de una
telenovela. Dark Shadows comenzó como el
proyecto matutino del legendario Dan Curtis, el procer
del horror televisivo de los años 70 con joyas
posteriores en su haber como The
Night Stalker y The Night Strangler (donde
hacía su aparición en público Carl
Kolchak, nuestro héroe de la infancia) y la famosa
Trilogía del Terror;
pero a decir verdad, las metas de Curtis eran mucho más
modestas desde un principio. Su intención era simplemente
hacer una soap opera gótica, cargada de
misterio, y nada más que eso. La historia se basaba
en la llegada de una institutriz a Collinwood, donde empezaba
a descubrir el pasado turbulento de la acaudalada familia
Collins. Pero los ratings no ayudaron.
Decidido a un salvataje desesperado Curtis comenzó
a incluír elementos sobrenaturales en la telenovela
como fantasmas y ocultistas. Si bien eran ingredientes
casuales, con la aparición de ellos la telenovela
pasaba al frente de sus competidoras. No sería
hasta el segundo año de emisión en que
Curtis apostaría el todo por el todo, e introduciría
a Barnabas Collins, el vampiro de 175 años que
regresaba a la mansión en busca de su viejo amor
reencarnado. Lo que seguiría es historia: la
telenovela desarrollaría un rating impresionantemente
alto, comenzaría a generar merchandising,
sería vista por público de todas las edades
y sexos (al contrario de las tradicionales soap operas
reservadas para las amas de casa), e incluso se vendería
al exterior (y se conocería por estos pagos).
Un éxito inaudito, considerando que las telenovelas
norteamericanas son realmente malas y eternas (Hospital
General lleva más de 30 años en el
aire).
A partir del giro de la serie, Curtis empezaría
a incluir desde clones de Frankensteins hasta científicos
locos, hombres lobo, brujas y zombies, todos relacionados
con el clan Collins. Pero sin duda el personaje fuerte
de la serie, la estrella, era Jonathan Frid: su Barnabas
Collins se transformó en una figura de culto,
aún recordada 30 años después de
la emisión de la telenovela.
En otro paso inaudito para una telenovela, los estudios
le ofrecerían a Curtis llevar la historia a la
pantalla grande. Lo haría en House of Dark
Shadows (1970) y que es la que comentamos ahora,
y en Night of Dark Shadows (1971). Pero la última
película carecía de la presencia de Frid
y tuvo una tibia respuesta. En 1991 la NBC le
daría luz verde a Curtis para reflotar la serie,
ya que su re emisión por sindicación seguía
levantando excelentes ratings. El resultado fue una
nueva Dark Shadows, más pulida y oscura,
con un elenco de primeras figuras de horror y culto
como Barbara Steele (la scream goddess de la
Hammer de los 60), Roy Thinnes (de la serie Los
Invasores) y Ben Cross, que encarnaba a Barnabas
Collins. Pero problemas en la programación, marketing
erróneo y la guerra del Golfo terminaron por
matar a la serie antes de tiempo, con tan solo 12 capítulos
emitidos además del piloto. Y en el 2004 la
Warner produciría una nueva versión
con Alec Newman (de la miniserie Dune) como Barnabas
Collins, pero también esta presentación
obtuvo una tibia respuesta. Una lástima, ya que
toda la idea de un revival parecía interesante
(se comenta que Johnny Deep tiene los derechos y quiere
hacer una versión, encarnando a Barnabas Collins;
algo que sería digno de ver).
Pero volviendo con el tema del film que nos ocupa, lo
que hace Curtis aquí es comprimir los elementos
más importantes de las tres primeras temporadas.
Toda la galería de personajes bizarros que poblaba
la telenovela ha sido directamente podada, y se mantiene
la trama central con Barnabas apareciendo en la mansión
de los Collins y enredándose con la reencarnación
de su viejo amor. Obviamente toda la historia de fondo
es esencialmente Drácula
disfrazado, con vampiro que ha sido maldecido y un amor
sin consumar que perdura en el tiempo. En este caso el
vagabundo desquiciado del lugar termina por hacer las
veces de Renfield, la instituriz es la nueva Mina, y hay
un profesor Stokes que hace las veces de Van Helsing.
Lo que añade Curtis de su propia factoría
es el personaje de la Dra Hoffman, una ambiciosa científica
que le ofrece una cura al vampiro pero termina enamorándose
de él. Mientras que en la TV esto era más
evidente, aquí los sentimientos de Hoffman no son
tan claros y, cuando sumo, le sobreviene un ataque de
consciencia, lo que sirve para desencadenar los sucesos.
Pero a pesar del maquillaje de una historia tan rutinaria,
es un filme logrado. La diferencia estriba en Dan Curtis,
que lograr crear más atmósfera aquí
que en 20 filmes de la Hammer juntos. La mansión
Collins posee una formidable belleza siniestra, enclavada
en un océano de árboles, donde las distancias
parecen enormes, y es verdaderamente una protagonista
más en el film. Todo lo que muestra la película
acerca de Collinwood se ve gigantesco: la casona es
tan grande que tiene enormes dependencias abandonadas
y en ruinas. Los personajes vagan tanto por elegantes
ambientes goticos como por habitaciones derruidas y
plagadas de telarañas. A pesar de estar ambientada
en el siglo XX, son pocos los indicios de la época
- los policías, algunos autos -, pero la mayor
parte del tiempo se respira una atmósfera gótica.
Todo el excelente escenario sirve para crear un clima
único.
A esto se suma la dirección de Curtis. Es ágil,
con primeros planos, sombras siniestras, y una excelente
seguidilla de escenas de tensión. Es notable
ver como un argumento tan común es utilizado
hábilmente para generar un momento de suspenso
tras otro. Los ataques iniciales, los celos de la perversa
Carolyn - que terminará siendo presa de Barnabas
y tendrá un horrendo final -, las apariciones
de ésta como vampiro (en especial la excelente
escena en la piscina abandonada donde se le presenta
al joven David), o la venganza de Barnabas después
que los experimentos con la sangre fallaran miserablemente.
Pero si Curtis hace su parte con creces, el que se
roba la escena es Jonathan Frid. Frid era un actor canadiense
desconocido hasta la epoca de la serie, y que lamentablemente
no quiso capitalizar todo el suceso de Dark Shadows
(decidió volcarse a su vocación teatral).
Su Barnabas Collins es una mezcla de monstruo y héroe
romántico; si bien como galán no posee
belleza, si tiene una carismática presencia que
lo hace atractivo. Físicamente parece un pequeño
demonio (diría Homero Simpson), pero gracias
a su perfomance Frid lo transforma tanto en agradable
como en maligno. A mi juicio es un intérprete
desperdiciado; del mismo modo que pasó con Robert
Quarry (el Conde Yorga), Jonathan Frid merecía
haber sido probado como figura del cine de horror ya
que posee la presencia, la voz y el carisma que requieren
dichos papeles. Hubiera podido alzarse a la estatura
de un Vincent Price o un Christopher Lee. Lamentablemente
su carrera posterior fue bastante opaca.
Es un muy buen filme, más que recomendable.
Quizás Curtis se excede un poco de shocks en
algún momento que otro, y a veces la trama presenta
algún que otro agujero, pero buenos intérpretes
y un buen clima de horror aseguran una buena película.
Un film que debería aún ser más
popular, y no sólo en los círculos de
fans.
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