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Sería injusto tratar a la novela Los Cucos de Midwich como la respuesta
inglesa a La Invasión de los Usurpadores
de Cuerpos. Es cierto que cae en la misma línea temática - la
invasión alienígena mediante la aparición de seres modificados
/ reemplazados -, pero la excelente novela de John Wyndham (El Día de
los Triffids) tiene suficiente personalidad como para despegarse del relato
de Jack Finney (y del film de Don Siegel) (nota: los Cucos son unos pajaros
que matan a las crías de otras aves y las reemplazan con su propios polluelos
en el nido para que se los alimenten) Ya hemos comentado anteriormente
que esa suerte de invasiones silenciosas se las suele comparar con la paranoia
de la Guerra Fría. Su vecino, su amigo, su compañero de trabajo
puede ser un espía comunista / un alienígena. Poco a poco los comunistas
comenzarán a infiltrar la sociedad, y pronto estaremos rodeados de ellos.
Pero la novela de John Wyndham juega exactamente con lo contrario. Aquí
la invasión no es silenciosa sino que es a la vista de todos, y existe
una demostración de poder de tal magnitud (y de soberbia, si se quiere)
que resulta indetenible. En esta excelente adaptación (y todo un clásico)
de 1960, la sensación es de absoluta impotencia. Los militares no pueden
entrar de ningún modo a Midwich, y cuando descubren que las mujeres fértiles
han quedado embarazadas - inseminadas - simultáneamente, es un dato estremecedor.
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La película sigue casi al pie de la letra la trama de Wyndham - una
omisión interesante es que, en el libro, un avión sobrevuela el
área y ve un gran objeto plateado asentado en el medio del pueblo -. Posiblemente
esa omisión artística del director Wolf Rilla sea un acierto, ya
que la naturaleza alienígena de los niños no resulta obvia desde
un principio, y la interrogante queda abierta. ¿Es posible que sea una
mutación, un paso evolutivo dado bruscamente?. El proceso de descubrimiento
es gradual, especialmente cuando llegan los reportes de nacimientos similares
a lo largo del mundo - cuando han nacido en tribus, han sido sacrificados porque
se consideraban demonios; en otros casos la inseminación ha fallado y nacieron
muertos; y en la URSS llegan a un punto que los bombardean atómicamente,
evaporando el poblado donde vivían -.
Donde El Pueblo de los Malditos consigue sus mejores bazas es en el
shock que provoca que la invasión no pueda ser detenida. Mientras que La
Invasión de los Usurpadores de Cuerpos se basa en la desconfianza y
en la paranoia, Village of the Damned se basa en la impotencia. Al contrario de
los seres / vainas que perseguía Kevin McCarthy - que habián optado
por no tener sentimientos -, los niños de Midwich no los tienen porque
es una característica de su raza. Es un inconsciente colectivo - idea que
tomarían para los Borg de Star Trek - que piensa, actúa y
aprende al unísono. Acá no se trata de saber quién es alienígena,
sino qué es lo que quieren. Cada escena del film es fascinante, descubriendo
sus poderes, intentando teorizar sobre sus intenciones. Los chicos son amorales,
sólo piensan en su supervivencia y en cometer su propósito (que
permanece secreto), y resultan absolutamente expeditivos a la hora de defenderse
de posibles amenazas. Es el colmo de la pesadilla de cualquier padre.
La invasión no respeta estratos sociales - tal como Invasion of the
Body Snatchers - y es algo que está sucediendo ahora en el patio de
su casa. La diferencia estriba en los medios utilizados para invadir - incluso
hay chicas virgenes que han quedado embarazadas; los invasores son niños,
con lo cual todo el mundo tiene un gran prejuicio para disponer de ellos -. Es
un film que aborda temas que eran tabú en su época - el proyecto
inicial de la MGM era filmarlo en USA, pero por presiones sobre su temática
(niños asesinos, concepción similar a la de Cristo), decidió
trasladarlo a Inglaterra -, pero que conserva intacta su capacidad de shock. Si
Invasion of the Body Snatchers es una alegoría de una posible infiltración
comunista, Village of the Damned bien podría ser una recreación
del nazismo - una raza aria, superior, que obedece a un poder supremo y que va
incluso contra sus padres, abriendose paso para dominar el mundo -.
Un aspecto interesante de esta versión es que los prejuicios humanos
son los que impiden (o retrasan) la decisión inicial de eliminar a los
niños mientras que, en el otro extremo, los chicos son lógica pura.
La única comunión de ideas que tienen es con el profesor Zellaby,
pero no en un grado equivalente, sino como un sirviente leal que tiene la obligación
de alimentar sus mentes. El clima del film es excelente y particularmente alienante,
con los niños comportándose de modo antinatural, omniscientes y
generando miedo con su simple presencia. No precisan ser deformes, verdes o tener
tentáculos para ser alienígenas - basta simplemente con un cambio
de actitud, una conducta atípica para calificarlos como extraños
-. Y es obvio que sus intenciones no son benignas - en un momento, le dicen al
profesor Zellaby que han experimentado con el poder de controlar aviones -. El
final es absolutamente abierto, con el profesor detonando una bomba y los niños
transformados en pura energía que van a buscar (probablemente) otros cuerpos
en donde anidar. Pero en todo caso el clímax lo único que hace es
confirmar la naturaleza imparable de la invasión.
Hubo una seudo secuela llamada Children of the Damned en 1963, sobre
un guión original - y no sobre algún escrito de Wyndham - que trataba
el mismo tema, pero se centraba más en la naturaleza xenofóbica
de los humanos y menos en el aspecto siniestro de los niños alienígenas.
En 1995 John Carpenter dirigió una remake de Village of the Damned,
que tuvo una tibia recepción y se la consideró demasiado efectista. |
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