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Japon, 2007 : Hitoshi Matsumoto
(Masaru Daisatô / Dai-Nipponjin), Riki Takeuchi
(Haneru-no-jû), Ua ( Manager Kobori), Ryûnosuke
Kamiki (Warabe-no-jû), Haruka Unabara (Shimeru-no-jû)
Director - Hitoshi Matsumoto,
Guión - Hitoshi Matsumoto & Mitsuyoshi Takasu
TRAMA
: Un grupo de documentalistas registra la rutinaria
vida de Masaru Daisato, un cuarentón divorciado
de clase baja y sin ninguna seña en particular.
Pero Masaru es el último de una familia de superhéroes
gigantes, que deben entrar en acción cada vez
que un monstruo decide atacar Japón. Ahora Masaru
trabaja para una corporación que lo sponsorea
y transmite sus combates en vivo, aunque para ello sólo
reciba como paga un sueldo mínimo. Pero la última
criatura que ha arribado a la ciudad le ha asestado
una dura derrota a Masaru; y todo parece indicar que
ésta puede ser su pelea final.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Cuando uno ha visto hacia lo que ha evolucionado el kaiju
eiga (cine de monstruos gigantes) y, en general, toda
la ciencia ficción japonesa, uno termina por convencerse
que a los nipones les chifla el moño. Todo
su género fantástico parece haberse basado
en una mezcla de leyendas locales con las premisas de
la sci fi occidental, para luego empezar a recorrer senderos
originales cada vez más delirantes con el paso
del tiempo.
El responsable del engendro que nos ocupa es el comediante
Hitoshi Matsumoto. Por lo visto Matsumoto es un tipo
con ideas realmente originales, ya que el trailer de
su próxima película Symbol (2009)
es igual de alucinógeno - un hombre encerrado
en un cuarto totalmente blanco, vestido con un pijama
verde fluo y que comienza a ser acosado por cientos
de ángeles que empiezan a surgir de las paredes
-. Aquí con Big Man Japan (traducido,
El Japonés Gigante), decide hacer su propia
versión del kaiju eiga o cine japonés
de monstruos. El resultado final es una comedia exclusiva
para fans del género, con un puñado de
momentos cómicos brillantes, y con una ejecución
enormemente despareja. Es inteligente y sofísticada
pero a veces se excede en la auto indulgencia.
Lo ideal para poder apreciar a Big Man Japan
es acercarse sin tener la menor idea de qué trata
la película. Al principio vemos a un japonés
cuarentón de clase baja, hablando tonterías
sobre su vida personal mientras hace larguísimas
pausas. Uno percibe que Masaru Daisato es un tipo bastante
limitado, no demasiado interesante, terriblemente solitario
y con una vida insufriblemente aburrida. Los minutos
pasan y pasan, el tipo habla que le gustan los gatos
y los paraguas, comenta que tiene una hija a la que
ve una vez por mes, y que apenas le alcanza el sueldo
para pagar el alquiler de su departamento. Para colmo,
tiene una pinta de vago terrible. Los minutos se hacen
eternos - veinte que parecen cuarenta -, y uno se pregunta
qué tiene de particular este individuo como para
ser el objeto de un documental. Hay algunas pistas -
el documentalista le pregunta al dueño del restaurant
donde come Masaru si sabía de que él era
famoso; en medio de una deprimente conversación,
le tiran una piedra a la ventana de su casa y Masaru
hace caso omiso del incidente (es uno de los mejores
gags) - de que las cosas no son lo que parecen.
Después de un enorme traveling a través
de un interminable parque, vemos a Masaru llegar a las
instalaciones en donde trabaja. El tipo aparece envuelto
en una túnica, acompañado con científicos,
y se mete dentro de lo que parece ser un calzoncillo
gigante púrpura, sostenido entre dos grúas.
Y en cuestión de segundos se transforma en un
cuarentón gigante de varios pisos de altura,
completamente fuera de estado (o sea, bien fofito)
y con tatuajes publicitarios de marcas de chocolate
y otros productos pintados sobre el cuerpo, sliendo
a machacar a uno de los kaijus más ridículos
de la historia del cine - un monstruo que parece hecho
con bandas elásticas y tiene un mechón
de pelo como jopo a lo The Baldy Man -. Ahí
la audiencia se cae al piso retorciéndose de
la risa.
La idea de Matsumoto es parodiar al kaiju eiga.
Imaginen si Godzilla
pudiera hablar y dar una conferencia de prensa, dando
los pormenores de su vida. O, más adecuado aún,
si lo pudiera hacer Ultraman.
Cada monstruo que debe enfrentarse Masaru - el alter
ego de Matsumoto - es sideralmente ridículo
e incompetente. Hay un bicho sin cabeza que tiene un
ojo retráctil y lo lanza como una boleadora;
otro - el monstruo del perfúme exótico
- es una cáscara de banana gigante que se
lanza gases; para colmo Masaru es el descendiente
de una familia de luchadores con superpoderes y tiene
a su abuelo en un geriátrico. Cuando el abuelo
- en medio de su chochera - se escapa en modo gagá
a full, se transforma en un viejo gigante que se
tira gases y cree que los edificios son monstruos. Hay
que verlo para creerlo.
Toda la idea está elaborada de un modo muy inteligente.
La directora del proyecto - que consigue los sponsors
para Masaru - le paga un sueldo mínimo pero ella
va y se compra autos último modelo al contado.
Masaru es un completo loser - me hace acordar a
esos personajes patéticos que tanto le gusta interpretar
a Stephen Chow, el de Kung Fu
Hustle -, que intenta comerciar como puede el don
que ha heredado y vive en la miseria. El clímax
es tan surrealista y delirante que es imposible no caer
en convulsiones de risa.
Pero a su vez, uno se da cuenta de que ésta
no es una película para cualquiera. Al neófito
que nunca ha visto una película de Godzilla
o Ultraman, o que no tiene idea de lo que es
el kaiju eiga, no le encontrará la gracia
a satirizar las convenciones del género. Pero
el gran punto en contra son las secuencias de la vida
normal de Masaru. A uno no le cabe dudas de que Hitoshi
Matsumoto prepara los climas para generar explosiones
de comicidad - como cuando, después de un
largo cuento a lo Landriscina, viene un remate desopilante
-, pero esos momentos a veces rayan en lo eterno. Muchas
de esas escenas de la rutina diaria de Masaru dan la
impresión de basarse en la improvisación,
son extremadamente serias y no aportan demasiado. Imaginen
- entre combate y combate - diez minutos de entrevistas
a un tipo nada interesante, corto de palabra y de ideas.
Lo que faltaba allí era incluir una visión
satírica del transfondo de su vida como super
héroe - como en Ocurrió
Cerca de Casa, cuando el asesino empezaba a dar
consejos de cómo hundir apropiadamente un cadáver
en un río -, algo que hace a medias recién
cerca del final del film. Pero cuando los monstruos
gigantes aparecen en escena, es deliciosamente graciosa.
Big Man Japan es una sátira desopilante
del kaiju eiga, pero es un chiste para entendidos
que a veces tiene problemas de ritmo. Cuando hay momentos
de carcajadas, éstas son a granel; pero en el
medio los tiempos muertos - o de preparación
del chiste - son enormes. Una dirección más
ajustada de Hitoshi Matsumoto y un guión más
aceitado en las escenas normales (sin FX) lo hubieran
convertido en un clásico memorable. Así
como está, es brillante pero imperfecta. |