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Resulta interesante considerar, en este punto, qué es lo que
se considera habitualmente como material de culto. Una acepción
que indicamos en el índice de este sitio, dice que el cine
de culto está basado generalmente sobre héroes. Eso
es cierto, y la mayoría del material de culto se remite a ese
tema. Pero también el término de culto se refiere al
aspecto intelectual de una obra (y no hablamos de cine arte como Bergman,
por ejemplo). No sólo las obras populares (las que adoran a
un héroe), sino aquellos experimentos intelectuales que llevan
a acaloradas discusiones, sea en pequeños círculos bohemios
o a nivel masivo, merecen el status de culto. Podríamos concluir
que todo aquello que deje un recuerdo imborrable en la mente del espectador
(o del lector, si se trata de una novela), que genera seguimiento
y debate intelectual, revisión constante, y un sentimiento
de entusiasmo que no merma con los años, merece el apelativo
de culto.
Existen novelas de culto, las cuales no siempre terminan por dar
a luz obras de culto, obras maestras, y ni siquiera buenas obras.
Como el caso de Duna, de Frank Herbert,
que de libro de culto pasó a una rareza cinematográfica
que no le gustó a casi nadie (y que comentamos en este sitio).
Ahora, en el caso que nos ocupa, tenemos otra obra de culto que
ha sido trasladada a la pantalla. Y, lo que resulta lamentable,
no sólo es resultado es poco feliz, sino que uno llega a
la conclusión de que la novela original debe ser terrible.
El Código Da Vinci ha vendido a raudales ediciones
y tickets, en sus versiones escritas y cinematográficas,
ha creado profundos debates (y polémicas), y ha generado
toda una corriente de imitaciones como la pésima National
Treasure, o la más potable Sahara. En general
es una búsqueda del tesoro mezclada con conspiración
- como para tener la presencia de algunos villanos y crear cierta
tensión -, que se encarga de vincular liberalmente hechos
históricos con tramas secretas que brindan acertijos sobre
la ubicación del mencionado tesoro - sea dinero, una verdad
oculta, etc -. No es un mal enfoque, de hecho es novedoso, pero
hasta ahora no hemos visto ninguna obra que haya podido llevar adelante
el planteo de modo decente. Y ni siquiera la novela de Dan Brown
- la piedra basal que generó toda esta corriente - puede
acertar el tiro, o elevarse por encima de sus competidores.
Es que el problema de El Código Da Vinci se da desde
sus orígenes, al nivel de la creatividad del mismo autor.
Básicamente son dos historias relacionadas : una trama policial
y un ejercicio intelectual. El modelo que sigue es, fundamentalmente,
El Nombre de la Rosa de Umberto Eco, donde un par de investigadores
de elevada capacidad intelectual se dedican a resolver un asesinato
enigmático, en una trama plena de acertijos, revelaciones,
y un vasto arsenal de teorías ingeniosas sobre hechos de
mayor o menor conocimiento popular. Pero mientras que Eco es un
hábil narrador, que sabe equilibrar suspenso con sus juegos
intelectuales y le da balance al relato, Dan Brown resulta ser un
terrible amateur que termina por hundir una parte del relato en
perjuicio de las ideas originales que pueda tener la parte restante.
Concretamente, la trama policial apesta, tiene agujeros enormes
de lógica desde el vamos, y sólo puede mantener la
tensión a base de golpes de efecto - con traiciones y doble
juegos sin motivo alguno aparente -. Muchas veces las adaptaciones
cinematográficas pulen a un mal autor, pero este no es el
caso. Comenzando por el asesinato que da inicio a la trama, que
parece totalmente estúpido que un hombre moribundo se dedique
a pintar medio Louvre con su sangre, dejando enigmas por todos lados,
desnudándose y pensando en mensajes cifrados para el que
debería ser nuestro héroe del relato. Hay un factor
que se llama suspensión de la credibilidad, que lleva
a que el espectador pueda creer que un hombre con capa roja pueda
volar, o un tipo con un látigo pueda despacharse a medio
ejército nazi, y que depende del guionista y del director.
Este no es el ejemplo, y si bien pueden existir espectadores que
toleren este trago tan sólo por ver el contenido del polémico
relato, no es mi caso. Uno precisa ir in crescendo tragando
cosas cada vez más absurdas, si el director tiene la habilidad
de que podamos digerirlas sin ver lo ilógico de las mismas.
Como decía Hitchcock, es el caso de los films "de refrigerador";
cuando un espectador sale del cine, vuelve a su casa y, después
de muchas horas, cuando en la madrugada baja a tomarse un bocadillo
de su heladera, cae en la cuenta de las mentiras y huecos de lógica
que el director supo tapar con su talento narrativo.
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La trama policial es terriblemente mala, y uno piensa que el film
pudo haber sido mucho mejor sin ella. Simplemente tratándolo
a un nivel cuasi documental, hubiera obtenido mejores resultados.
No sólo no es original, sino que está plagado de clisés
- el asesino albino rubio, que es un habitué del género
desde Foul Play con Chevy Chase, por ejemplo -. Posiblemente
la historia conspirativa esté pensada como relleno, puesto
que la otra parte - la del ejercicio intelectual - no tenga tanto
material como para llenar un libro o un film. Pero es definitivamente
pésima, además de que los personajes tienen una definición
nula, y que los actores trabajan - sobre base tan pobres - con un
rendimiento interpretativo en piloto automático, con la excepción
de Paul Bettany y Sir Ian McKellen, que siempre le dan un plus a
sus papeles.
El otro aspecto, el polémico, y realmente la cereza de oro
del postre, es el juego intelectual que plantea Brown al relacionar
hechos históricos y plantear una teoría alternativa
a la historia de Jesús. Ciertamente la obtención de
cada porción de esa teoría está atada a la resolución
de un acertijo previamente, que no siempre funcionan de modo feliz.
Parece más la mecánica de un video game de aventuras
que el de un relato. Y más absurdo se muestra cuando se llega
al final del film, donde parece que toda esa tamaña complicación
carece de sentido - ¿por qué complicar tanto la transmisión
de un mensaje? -, y donde hay hechos que uno ya viene anticipando
a pesar de los esfuerzos del relato en embarrar la cancha cada vez
que puede, con tal de crear cierto suspenso. Sin duda la elección
de Ron Howard para la silla del director se basa en su film previo
Una Mente Brillante, donde explicaba con impecables recursos narrativos
complejas teorías matemáticas. Howard recicla unos cuantos
trucos de dicho film para las escenas en que se descifran enigmas
(el resaltado de letras en frases compuestas de anagramas; representando
holográficamente lo que Langdon u otro personaje está
deduciendo), pero son bastantes los casos en que las conclusiones
parecen traídas de los pelos. Además de que Howard no
puede mantener cierto ritmo, de modo que hay tiempos muertos que no
pasa nada, y hay escenas donde en un minuto se tiran un millón
de hechos y teorías.
Pero si bien el esquema de acertijo / respuesta no siempre funciona
bien, el único aspecto de la obra que resulta potable es
su funcionamiento a nivel de juego intelectual de teorías.
No hay nada demasiado nuevo en algunos conceptos (que Jesús
era un humano corriente, que tuvo descendencia, el papel secreto
de los Templarios en la historia, etc), pero resulta fascinante
el modo en que se enlazan hechos e hipótesis. Hay mucha creatividad
en el material de relleno que inserta Brown para pulir esa larga
y compleja teoría, que resulta totalmente viable desde el
punto de vista intelectual. Como dicen en Italia, si no es cierto,
al menos está bien contado. El problema del film es que
dedica demasiado tiempo a muertes idiotas y acertijos que no entusiasman
demasiado a nadie, y cuando llega a la teoría intelectual,
la vomita en fragmentos que duran segundos, cuando uno desearía
que se explayara mucho más sobre la misma. Es ciertamente
absurdo encasillar al Opus Dei como el villano del relato
- siempre hubo tramas secretas y manipulaciones de poder en la Iglesia
Católica a lo largo de toda su historia, y no siempre tuvieron
nombre y apellido -, cuando ese papel podría representarlo
sectores secretos de la iglesia (al estilo Estigma). Pero
en cuanto al resto de la teoría se ve plausible, al menos
desde el punto de vista de un espectador standard como yo, claramente
ignorante en una vasta mayoría de los hechos presentados.
Uno no puede negar que ciertos hechos pudieran haber existido, y
que algunos textos de época conocidos de siempre (evangelios
apócrifos) o recientemente afirman interpretaciones alternativas
de la historia conocida por todos - los manuscritos del Mar Muerto,
encontrados en 1946, hablan de Jesús como un líder
político, crucificado por intereses del Imperio Romano (que
lo veían como un sedicioso) y de los sectores religiosos
locales (que esperaban un lider guerrero para alzarse en revolución),
y que tuvo descendencia -. Este es el núcleo de la novela,
pero lamentablemente no lo es del film, que lo dispara a una velocidad
impresionante sin terminar en captar a la totalidad de la platea.
Es el centro de la polémica, y lo que hizo que se vendieran
tantos ejemplares a nivel mundial. Ciertamente las exposiciones
de Ian McKellen son fascinantes - es la cualidad de McKellen para
captar la atención del público y explicar las cosas
a un nivel entendible -, pero son densas en datos y expresadas en
poco tiempo. Y cuando el film va llegando a su conclusión,
hay razonamientos que realiza el personaje de Tom Hanks con los
cuales uno coincide - ¿cuál sería la polémica
si esa fuera la verdad?¿disminuiría el papel de Jesús
en la historia? - , pero tampoco Howard se dedica a profundizar
en el tema. Es como que el director apura el paso sobre los puntos
polémicos, y ni siquiera permite a los personajes debatir
sobre los mismos. Y, como dijimos antes, buena parte de esta teoría
no es nueva, pero al polemizar públicamente sobre la novela
hace que todos salgamos corriendo a comprarla / ver el film y enterarse
de qué se trata.
El film precisaba otro director, otro guionista y otro enfoque
más existencial, además de construir una trama policial
totalmente nueva - si se deseaba mantener una -. Pero así
como está, resulta un fiasco donde uno debe devorar 120 minutos
de un film entre malo y mediocre para obtener 30 minutos de una
teoría interesante, polémica y ciertamente creativa,
que no va más allá de la mera curiosidad.
Las películas basadas en las obras del escritor Dan Brown
son: El Codigo Da Vinci (2006)
y Angeles y Demonios (2009) |
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