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USA, 1980 : Kirk Douglas (Capitan
Matthew Yelland), Martin Sheen (Warren Lasky), James Farentino (Comandante Richard
Owens), Charles Durning (Senador Charles Chapman), Katharine Ross (Laurel Scott)
Director - Don Taylor, Guión - David Ambrose, Gerry Davis,
Thomas Hunter & Peter Powell, Musica - John Scott |
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Los filmes de viajes en el tiempo no son algo que me apasionen. Será el
mal recuerdo que a uno le queda de El Tunel del Tiempo (la serie de TV
de Irwin Allen), que siempre despiden cierto tufillo a reciclado de filmes de
stock (movilizaciones de tropas romanas, documentales de la segunda guerra, etc.;
nunca material original), y que en general nunca terminan de realizar apuestas
arriesgadas desde el punto de vista intelectual.
Y La Cuenta Regresiva es otro flagrante ejemplo de lo mismo. Uno piensa
que no es otro de los capitulos clonados de la mítica serie de TV La
Dimensión Desconocida, sólo con mejor presupuesto y numerosas
tomas de aviones y barcos de guerra modernos. Acá la premisa es simple
y está bastante bien construída: experimentemos con una teoría
loca; ¿qué pasaría si una fuerza militar moderna apareciera
50 años atrás y pudiera cambiar el rumbo de la historia?
El problema del film es que va encadenando toda una serie de hechos de modo
de crear una escalada de expectativas que, a último momento, termina por
desarmarse. Es un coito interruptus cinematográfico. En general
los escenarios que se plantean los viajes en el tiempo son dos : viajar al futuro
(que es una excusa para una aventura de ciencia ficción standard, con mundos
devastados y nuevas razas como La Maquina del
Tiempo), o bien viajar al pasado y descubrir que el curso de la historia no
se puede cambiar. Bah, en realidad se puede, pero casi ningún director
ha desarrollado un proyecto decente sobre el tema, con la excepción de
la trilogía Volver al Futuro.
En realidad la aparición de tecnología moderna en el pasado se
relaciona con la llamada paradoja Newton, donde la incursión de
un nuevo elemento determina futuros alternativos. Como en la novela de Len Deighton
SS-GB, donde los nazis han invadido Inglaterra, por ejemplo. Mientras que
la paradoja Newton es imaginar ¿Qué hubiera pasado si...?,
los viajes al pasado son la excusa para justificar dichas teorías. Acá
podría plantearse si la presencia del portaviones atómico Nimitz
en 1941 hubiera sido decisiva, no sólo para vencer a la flota japonesa
en Pearl Harbor, sino incluso para ganar toda la guerra y proveer un mundo absolutamente
distinto. Mientras que en el cine este tipo de apuestas terminan con argumentos
tímidos o cobardes (como aquí, que inexplicablemente reaparece la
tormenta que transportó al navío al pasado junto en el momento que
están por irse a los bifes), en el mundo del comic el desenlace hubiera
sido radicalmente distinto. Imaginando, p.ej. a Alan Moore (de V
de Vendetta y Watchmen) a cargo de un argumento similar, el Nimitz
hubiera arrasado a las potencias del eje, la tecnología volvería
a USA una superpotencia nuclear y tecnológica incomparable, y Yelland bien
podría instaurarse como dictador en Estados Unidos con semejante poder
de su navío. Vale decir, las posibilidades del argumento eran tan enormes
y fascinantes que uno no puede dejar de sentir una enorme frustración (y
rabia) cuando el libreto decide irse al mazo y replegar todos los artilugios que
venía construyendo. Como dice Richard Scheib en su website, es
un acto de enorme cobardía cinematográfica.
El film está bien, tiene buen ritmo y unas excelentes tomas aéreas.
Por supuesto recicla escenas de Tora! Tora! Tora!,
pero muy pocas. Los personajes son títeres de los guionistas para plantear
las alternativas posibles - el rescate del posible vicepresidente de Roosvelt,
que a la muerte de este, llegaría al poder en lugar de Harry S. Truman;
la teoría de Martin Sheen de si él asesinara a su abuelo... cómo
podría él viajar desde el futuro si nunca existió -,
y la escalada de suspenso está ok. Don Taylor (Escape del Planeta de
los Simios) dirige correctamente. Lástima que los guionistas son cobardes
y no se animaron a explorar la riqueza de posibilidades que planteaba el tema,
pasando a ser una película correcta en vez de haber sido un formidable
clásico. |
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