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USA / GB, 1980 : Rock Hudson
(Coronel John Wilder), Darren McGavin (Sam Parkhill),
Bernie Casey (Capitán Jeff Spender), Fritz Weaver
(Padre Peregrino), Roddy McDowall (Padre Stone), Nicholas
Campbell (Capitán Arthur Black), Gayle Hunnicutt
(Ruth Wilder), Christopher Connelly (Ben Driscoll), Barry
Morse (Peter Hathaway) Director
- Michael Anderson, Guión - Richard Matheson,
basado en el libro homónimo de Ray Bradbury
TRAMA : La epopeya de la colonización
humana de Marte, dividida en tres capítulos.
Las Expediciones: llegan las primeras
misiones de exploración al planeta rojo pero
los marcianos han sido puestos en alerta y utilizan
todo tipo de artimañas para eliminar a los astronautas
y evitar la futura colonización de Marte. Los
Colonizadores: los marcianos han perecido debido
a la llegada accidental de enfermedades humanas como
la Varicela, para la cual carecen de defensas. Sin embargo
el espíritu de los alienígenas parece
seguir flotando en los restos de las desiertas ciudades
marcianas. Los Marcianos: una guerra nuclear
ha devastado la Tierra y los colonos marcianos han decidido
regresar para reconstruir la civilización. Sólo
un puñado de personas permanece en los áridos
desiertos del planeta rojo, y han comenzado a contactarse
entre ellos para formar una nueva y pequeña comunidad.
Pero, en la hora más triste de la historia de
la humanidad, una nueva esperanza surge al hacer contacto
con los escasos sobrevivientes de la antigua civilización
marciana.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Crónicas Marcianas (1950) es, sin lugar
a dudas, la obra más conocida de Ray Bradbury.
Este es un compilado de cuentos que Bradbury escribió
durante la década del 40, a los cuales agregó
algún que otro relato al momento de su publicación
como para darle un poco de unidad temática. Y si
bien el proyecto de adaptar Crónicas Marcianas
estuvo dando vueltas durante años en Hollywood,
recién se materializaría en esta miniserie
de 1980, la cual fue rechazada por la crítica,
el público y el mismo Bradbury en su momento.
Debo admitir que no me gusta Bradbury. Creo que es
un excelente narrador pero un pésimo creador
de historias, las cuales comienzan de manera excitante
y concluyen de manera muy boba. Cuando sus obras han
llegado al cine (y le han podado la narración
en off del mismo Bradbury) quedan en evidencia
los defectos estructurales de sus historias, tal como
ha ocurrido con El Hombre
Ilustrado y El
Carnaval de las Tinieblas. Hasta ahora la mejor
adaptación cinematográfica del autor ha
sido Fahrenheit
451, gracias al talento de Francois Truffaut.
Y, honestamente, la versión 1980 de Crónicas
Marcianas tampoco es una maravilla que digamos.
Acá la producción - a cargo del ex
pope de la Amicus Milton Subotsky - es pobrísima
y los magros fondos sólo alcanzaron para contratar
a uno de los directores más espantosos de todos
los tiempos como es Michael Anderson, el mismo de Fuga
en el Siglo XXIII y Millenium.
Por contra, el cast es bueno y se dieron el lujo
de fichar a Richard Matheson como guionista.
La miniserie está dividida en tres capítulos,
los cuales son dispares. En el primero recibimos el
shock de ver un despliegue de efectos especiales terribles,
decorados baratos, y astronautas vestidos con pantalones
y chaquetas. En una decisión artística
execrable el director Anderson rueda una larguísima
secuencia en el espacio - con acoples de naves en
orbita, descensos hacia la superficie, etc - que
parece estar hecha con juguetes Lego.
Cualquier otro cineasta hubiera intentado esconder las
limitaciones de la producción, pero aquí
parecen regodearse con el detalle. Sumen a esto unas
cuevas marcianas hechas con papel maché, y tendrán
una idea de lo patético que se ve todo esto.
Pero, gracias a Dios, el lirismo de la adaptación
de Richard Matheson termina por triunfar sobre las limitaciones
artísticas del abominable Michael Anderson. En
el primer capítulo Matheson / Bradbury se despachan
con secuencias realmente inspiradas, explorando la naturaleza
de la colonización. Por supuesto la obvia fuente
de inspiración es la invasión española
de América en el siglo XV, tocando temas como el
choque de civilizaciones, el aniquilamiento cultural de
los conquistados, y la llegada de nuevas y devastadoras
enfermedades que traen los colonizadores. A esto se suma
temas de la propia factura de Bradbury - la civilización
marciana ecologista, espiritual y decadente; los poderes
mentales de los alienígenas, capaces de crear ilusiones
en base a los recuerdos humanos y que se constituyen en
la unica arma con la que cuentan para detener al invasor
(un recurso que la película Viaje
al Septimo Planeta terminaría por copiar) -
que contribuyen a crear un inquietante clima fantástico.
Es en el acalorado discurso del personaje de Bernie Casey
en donde este segmento alcanza sus mejores momentos.
El segundo capítulo es temáticamente
algo más dispar. Está la excepcional idea
de concebir a Marte como una zona espiritual, que puede
ser tanto el Paraíso como una gigantesca casa
embrujada. Los marcianos han perecido pero... algo de
ellos aún flota en el ambiente, y puede asumir
formas familiares. ¿Es simplemente el mecanismo
de auto defensa de una raza pacífica casi extinguida,
o hay una intención mucho más perversa
detrás?. La materialización de los
fantasmas basados en recuerdos humanos sigue una línea
similar a Solaris, y
tiene tanto su cuota de redención como de tortura
moral. Si su hijo muerto reviviera en Marte, usted
¿qué haría?. ¿Lo mataría,
sabiendo que es un marciano?. ¿Lo aceptaría,
aún a sabiendas que se trata de un truco mental?
¿Acaso éste es el cielo y esta es una
segunda oportunidad para redimirse con un ser querido
que había dejado de existir?. En el caso
de Crónicas Marcianas el relato se vuelve
extremadamente melancólico cuando hacen acto
de aparición estos fantasmas. Es como si los
mismos marcianos hubieran quedado huérfanos y
quisieran ser adoptados por los humanos, haciéndose
pasar por uno de ellos.
Y por supuesto la secuencia del padre Peregrino es
muy rica en ideas. Las esferas de luz, ¿son
ángeles o marcianos benevolentes? ¿o acaso
ambos conceptos son lo mismo, sólo que la religión
se vio obligada a interpretarlos y le dió otro
nombre?.
El tercer capítulo arranca muy mal. Una guerra
nuclear arrasa la Tierra, y los colonos marcianos regresan
en masa, decididos a ver qué ha quedado en pie
en nuestro planeta. Por contra un puñado de colonos
- los más solitarios y pobres - se han
quedado en el planeta rojo. Estos sobrevivientes intentan
contactarse entre sí pero, los que quedan, no
están muy cuerdos que digamos. Esto lleva a una
larguísima e irritante secuencia seudo cómica,
en donde Christopher Connelly - luego de buscar durante
días - logra dar con la última mujer
del planeta, la cual tiene las neuronas quemadas y vive
maquillandose frente al espejo. Luego de una media hora
insufrible, el relato pasa a otra historia (el viejo
que vive con los robots que hacen de su esposa y su
hija), el que al menos está más inspirado
y fusiona la conclusión de ambas tramas con una
vuelta de tuerca aceptable.
Crónicas Marcianas es muy dispar. Hay
que aceptar que el relato funciona en tono de alegoría,
y hay que disculpar tanto la mala dirección como
los terribles efectos especiales. Pero, dentro de sus
cuatro horas y media de duración, hay muchas
ideas y muchos momentos inspirados, los que terminan
por volcar la balanza hacia un resultado positivo. |