| |
"Recuerda que en un barco pirata, en aguas piratas, en un mundo de piratas
no hay preguntas. Sólo cree lo que veas... ¡No!, ¡Mejor cree
la mitad de los que veas!" (El Capitán Vallo, después
de saltar acrobáticamente entre varios mástiles de su nave, y dirigiéndose
directamente a la platea).
Nota del autor: amo a los españoles.
De verdad. Pero hace tiempo que me estoy frenando y ya no puedo contenerlo. Hacen
atrocidades con las traducciones y los doblajes. Desde mutar el clásico
"hasta la vista, baby!" de Terminator a
un ridículo "sayonara,baby!", hasta doblar íntegramente
las canciones de Gene Kelly en Cantando bajo la Lluvia - matando la voz
original del actor -. El último colmo es cambiar el título de The
Crimson Pirate por El Temible Burlón (nada que ver). ¿Tanto
odian los subtítulos o ver un poco del film para ponerle un título
más apropiado?. Imagino que continuarán por la misma senda, así
que no me extrañaría que cambien a la futura Terminator 4 por
"el robot cachas que mola un montón".
Los años 50 son la época de oro de Hollywood. El auge del Star
System, que era una idea de marketing pergueñada por los ejecutivos
de los estudios (en especial Louis B. Mayer) donde los actores eran prácticamente
dioses caminando en la Tierra (y esa etapa de intensa publicidad también
servía para disfrazar los escándalos sexuales tras bambalinas).
Es también el auge económico de la sociedad norteamericana de la
post guerra, y una etapa bastante naif en la cinematografía - a
excepción de la serie B que daba señales camufladas sobre la presencia
de la Guerra Fría, el resto de los filmes eran esencialmente escapistas
-. Los músicales, las super producciones a todo color, los intachables
libretos... en fin.
Como todas las modas que van y vienen, el género de piratas era popular
en aquel momento. El Capitán Kidd, el Capitán Blood...
y en 1952 apareció el Capitán Vallo. Uno no es un especialista en
el género, pero bien puede afirmar sobre bases ciertas que The Crimson
Pirate es una de las mejores películas de piratas de la historia sin
duda alguna.
Hay algo muy particular en el film, que es lo que nos obliga a incluirlo en
nuestra web. Sin ir más lejos, es el abuelo directo de Piratas
del Caribe - obviamente sin elementos fantásticos -. Christopher Lee
tiene aquí un papel pequeño en el film, y cuenta que Robert Siodmak
- que era un típico director serie B, especializado en policiales negros,
y que regresaría a Europa ni bien terminó el rodaje - leyó
el argumento y le pareció demasiado solemne, e inmediatamente introdujo
un montón de cambios que lo convirtieron en una comedia. Y terminó
por dirigir este pequeño clásico.
 |
La primera parte del film es bastante lineal. Básicamente Vallo quiere
pasarse de rosca, vendiendo, robando, revendiendo y traicionando a medio mundo.
El tema es que termina por enredarse en sus propias tramoyas - especialmente cuando
conoce a la hija de El Libre, de la cual se enamora -, lo que lo obliga
a echarse atrás y culmina por ser traicionado por su tripulación
amotinada - díganme si esto no les suena conocido... -. Cuando los
personajes de El Libre y el profesor Prudence aparecen en escena es cuando
el filme se vuelve más disparatado y desata lo mejor de su comedia.
Básicamente es un vehículo para el lucimiento de Burt Lancaster.
Lancaster ya era una estrella de acción - especialmente con su anterior
entrega El Halcón y La Flecha de 1950 -, que a diferencia de los
actores comunes, solía realizar impresionantes destrezas físicas
en pantalla - algo únicamente comparable con Douglas Fairbanks padre -.
Y esto se debe a su formación como acróbata circense, oficio del
cual vivió hasta cerca de los 30 años hasta que una lesión
lo obligó a abandonar. Precisamente el acto de circo de Lancaster estaba
complementado por Nick Cravat - un amigo de infancia de Lancaster, que llegaría
a filmar nueve películas con la estrella inclusive en su vejez como La
Isla del Doctor Moreau (1977) -, quienes se presentaban como Lang &
Cravat.
Y aquí Lancaster y Cravat tienen excusas de sobra para exhibirse. Saltando
por los techos, haciendo payasadas, volteando decenas de soldados en sus correrías
por el poblado de la Isla de Cobra. La química entre los actores es perfecta;
y Cravat se roba las escenas con facilidad, a pesar de no emitir ni un sonido
- contrariamente a lo que se cree, Nick Cravat no era mudo, sino que simplemente
poseía un marcado acento de Brooklyn que resultaba inapropiado para los
filmes de época -.
Obviamente los personajes no son tridimensionales. Están pensados como
figuras épicas: el pirata de noble corazón, el emisario gubernamental
retorcido y tan malo como el diablo, la bella idealista que hace cambiar de idea
al pirata, los bucaneros anónimos que se rigen por sus propios códigos,
etc. En algunos casos los caracteres son puro cartón pintado: en especial,
El Libre (que es el líder de la revolución) y que desaparece
de la trama en un suspiro - en una escena tan veloz que uno se pregunta minutos
después que pasó con el personaje -. Consuelo, la hija de El
Libre, tampoco es un modelo de profundidad sicológica, y el romance
es puro clisé sin demasiada química entre los protagonistas. El
malévolo Barón Gruda - que pasa en mitad del filme de ser un rencoroso
enviado de la majestad a virtual tirano de la Isla - resulta bastante inteligente
pero no posee mucho carisma (y sus primeros actos de tiranía son bastante
patéticos). Y prácticamente todo el filme se centra en Vallo y Ojo
- donde Cravat hace su mejor imitación de Harpo Marx -.
Pero si bien Lancaster y Cravat son simpáticos en la primera parte de
la película, la acción se dispara en la segunda mitad. Con el personaje
del Profesor Prudence aparecen los anacronismos y las escenas locas, como los
piratas caminando por el fondo del mar (y usando el bote dado vuelta como campana
de oxígeno), el globo aeronáutico, los tanques montados sobre carretas,
el submarino o los bombardeos con nitroglicerina. Podría haber sido un
filme de piratas más, con Nick Cravat como comic relief, pero uno
se da cuenta de que todas las cosas no van en serio cuando el barco de Vallo dispara
una andanada contra la costa y los soldados ingleses quedan en paños menores;
o cuando Vallo, Ojo y Prudence son dejados a la deriva en alta mar y uno de los
piratas llora. Por momentos el filme parece un cartoon hecho con actores.
Es una película realmente entretenida, si bien hay algunos momentos
serios que por suerte no duran demasiado. Desde el motín y el abandono
en el mar del capitán pirata hasta el clímax con los bucaneros nadando
por debajo del buque inglés y tomando por sorpresa a los marineros, hay
bastantes ideas que sin duda "inspiraron" a Ted Elliot y Terry Rossio
para escribir el guión de la afamada trilogía de la Disney.
Narrativamente es muy ágil y muy moderna para su época, con todo
el despliegue que Hollywood hacía en aquél entonces, y con la sonrisa
respladesciente de Burt Lancaster más brillante que nunca. |
|