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TRAMA : El periodista Peter Bartel es encontrado
muerto en su auto. En principio parece haber fallecido
de causas naturales, pero pronto encuentran un dardo
de acero incrustado en su cráneo. La metodología
parece ser la que usara el Dr. Mabuse en los años
20, un diabólico cerebro criminal que teminara
apresado y encerrado en un manicomio. Pero Mabuse ha
fallecido y se desconoce quién puede ser el autor.
La investigación demuestra que Bartel había
estado investigando en el hotel Luxor, en donde varios
huéspedes del mismo - millonarios, poderosos
empresarios - han muerto también en circunstancias
extrañas. El inspector Clarence se encuentra
tras la pista, ayudado por las premoniciones de Cornelius,
un vidente que colabora con la policía. Ahora
hay una suicida en el hotel Luxor que es rescatada por
el potentado industrial Taylor. Taylor y la chica se
enamoran, pero su celoso marido aparece en escena y
el millonario termina por matarlo. Y todo parece indicar
que existe una mano negra tras la fachada del Luxor,
que ha elaborado una compleja trama para poder manipular
a Taylor, el que recientemente ha adquirido una fábrica
de misiles en Alemania.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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(les pedimos disculpas por posibles inconsistencias
en los nombres de los personajes; en toda la saga del
Dr. Mabuse en los años 60 y 70, los actores se
repiten en distintos filmes pero con roles diferentes;
e incluso en la traducción local de cada película,
los apellidos de los personajes cambian; originalmente
el inspector Clarence es el Kriminal Kommissar Kras y
el potentado Taylor era Henry B. Travers; e incluso hay
media docena de títulos alternativos para cada
una de las películas)
Los genios criminales
no nacen con James Bond en los sesenta. Provienen
de antigua data, entre finales del siglo XIX y principios
del siglo XX. Sin ir mas lejos, el profesor Moriarty
- archienemigo de Sherlock Holmes en las novelas
de Sir Arthur Conan Doyle - es un antiguo antecesor
fácilmente reconocible. Entre la literatura de
principios de siglo puede encontrarse a Fu Manchú
y a Fantomas.
Particularmente con estos dos personajes se iría
moldeando el perfil del cerebro criminal moderno - uso
de la tecnología más avanzada para obtener
sus fines, ansias de dominar el mundo, despiadados métodos
para concretar sus planes, inteligencia superior a la
normal -.
En 1921 aparece la novela por entregas Doctor Mabuse,
el jugador, publicada en el diario Berliner Illustrierte
Zeitung. El serial, escrito por el periodista francés
nacionalizado alemán Norbert Jacques, obtuvo
una gran repercusión. Sobre el trasfondo de la
Alemania de la post guerra - la época de la república
de Weimar, la extrema pobreza y la hiperinflación
-, Jacques concibe la posibilidad del surgimiento de
un genio criminal cuyo poder se basa en la hipnosis
y el control de los seres humanos. Los hermanos Ullstein,
dueños del Berliner, entraron en tratativas
con el estudio alemán UFA para llevar
el personaje al cine. En la UFA trabajaban Fritz
Lang y Thea von Harbou, quienes pronto terminarían
atachados al proyecto.
El resultado fue Doctor Mabuse, el jugador (1922),
una de las obras maestras de Lang en su época
pre americana. El film, de cuatro horas y media de duración
(y exhibido en dos partes) fue un rotundo éxito,
y al tiempo la UFA insistiría en que Lang
retome el personaje. En 1932 rodaría El Testamento
del Doctor Mabuse, donde el criminal sería
apresado e internado en un manicomio, aunque seguiría
manejando los hilos de la institución e intentando
dominar al mundo. Escrito como una metáfora anti
nazi, Lang terminaría escapando de Alemania con
los rollos del film bajo el brazo. Su esposa Thea Von
Arbou quedaría en tierras germanas, siempre fiel
al régimen nacionalsocialista.
Es obvio que el Doctor Mabuse es fruto de su
tiempo. No resulta muy alejado el escenario que aprovecha
Mabuse para desarrollar su poder que el mismo que explotara
Hitler. Un país en caos económico y político,
un campo fértil para sembrar un plan de poder,
el dominio de las mentes superiores sobre una población
desesperada.
En 1960 Lang rueda en Alemania el film que ahora comentamos
- que posee media docena de títulos diferentes
-, con absoluta libertad creativa. Es también
su canto del cisne - Lang se retiraría del cine
y fallecería en 1976 -. La insistencia de los
productores culminó en la revisita y despedida
de Lang del personaje.
Los Crímenes del Doctor Mabuse es un film
sorprendentemente ágil. Tiene una enorme cantidad
de trama y diálogos, pero resulta imposible perderse
gracias a la diestra mano de Lang en la dirección.
Hay muchísimas escenas, la mayoría muy cortas,
y con un montón de personajes yendo y viniendo.
En su gran mayoría, Los Crímenes del
Doctor Mabuse sigue un esquema similar a los seriales
de los años 30 y 40: diálogos muy rápidos,
esquemas diabólicos, imaginación delirante
al tope. Aquí Mabuse se vale de todo tipo de tecnología
moderna - cámaras ocultas de TV, rifles de dardos,
bovedas selladas electrónicamente - y de sus clásicos
trucos: hipnosis, telepatía. Lo único que
falta son los cliffhangers, pero bien podría
ser un serial de la Republic.
Pero no todo se trata de ritmo. Los personajes son
interesantes. En especial el contrapunto entre el inspector
Clarence, el vendedor de seguros y el Doctor Mabuse.
Es un duelo de ingenios, donde todos los caracteres
principales son suspicaces. Aquí está
Gert Frobe, dando su habitual estilo Goldfingeriano
de actuación: campechano, sagaz, desconfiado,
pleno de trucos. El inspector deja cebos y comienza
a recibir atentados. Particularmente me gustó
la falta de escrúpulos de Clarence, que obtiene
los datos del modo más expeditivo - no busca
órdenes judiciales, el toma la información
y la usa -. Cuando pone la fotografía de la novia
de Bartel en su escritorio como carnada para el vendedor
de seguros (y la hace pasar como su esposa) me parece
un toque brillante. A su vez el vendedor de seguros
- omnipresente en todo el relato, y el primero que descubre
la identidad de Mabuse - es un clon de Clarence, sólo
que el espectador desconoce sus intenciones hasta último
momento. Existen cosas sorprendentes, trucos del guión,
como la preparación del vendedor de seguros en
el hotel - toma un mantel y se lo lleva escondido, anticipando
que en el callejón el perro lazarillo del vidente
Cornelius lo va a atacar -. Nada resulta ser lo que
parece.
Pero la intensidad del ritmo domina todo, lo cual es ideal
para que el espectador no se detenga a pensar en la trama.
Si uno analiza en retrospectiva, es un guión lleno
de agujeros. Es un plan al estilo de Misión
Imposible, donde se lleva a cabo una teatralización
a fín de enredar al industrial y poder hacerse
cargo de sus fábricas de misiles. Uno puede ir
viendo que todo está orquestado, pero la película
no da respiro para pensar hacia donde va. En especial
por la presencia del vendedor de seguros - alguien de
quien Clarence desconfía e investiga -, que podría
ser el mismo Mabuse o un criminal de poca monta, decidido
a explotar el engaño para sí mismo. A su
vez Mabuse usa una organización que parece el antecesor
de Spectre - la liga de criminales que combate
James Bond en los sesenta - con miembros identificados
con un número, expeditivas eliminaciones de sus
traidores, y mecanismos electrónicos secretos de
vigilancia y chantaje.
Y si bien la velocidad del relato es excelente, donde
los huecos del argumento se empiezan a notar es cuando
la trama entra en carriles más conocidos, como
el tema de la suicida que se enamora del industrial
y es perseguida por el marido abusivo. Ya cuando Taylor
mata al esposo en defensa propia - observando secretamente
a la chica a través de un espejo doble en una
habitación contigua, algo que el corrupto gerente
de hotel le había conseguido a propósito
-, y aparece el sicólogo de la chica a camuflar
los hechos, la historia empieza a hacer algo de agua.
Por suerte Taylor es bastante sagaz para darse cuenta
del engaño, y la película rápidamente
se redime. Por último la identidad de Mabuse
es descubierta y su plan arruinado, pero el clímax
- sin ser espectacular - es realmente ingenioso. El
vidente / sicologo resulta ser el hijo de Mabuse, quien
posee la misma locura que el padre y desea hacerse con
las fabricas de Taylor para destruir el mundo. Ok, es
un propósito idiota, pero el discurso final de
Mabuse dura unos segundos e inmediatamente la acción
continúa. El descubrimiento del verdadero Mabuse
en el lobby del hotel a través de su perro
lazarillo es muy ingenioso. Y la secuencia final - abierta
para una posible secuela - no sólo está
muy bien, sino que uno queda con la duda de si Mabuse
realmente no obtuvo su propósito - la chica y
Taylor por fin deciden casarse, después que el
criminal cae con su auto al río -.
Es un film lleno de trucos; hay sagacidad, planes inteligentes
y complejos, situaciones que cambian a cada momento.
Por supuesto Lang realiza algunas trampas, como personajes
omniscientes que saben todo (o anticipan todo) lo que
va a pasar. El propósito de Mabuse es absurdo
(al menos tal como lo plantea la película) aunque
el plan es genial. Es una película realmente
entretenida, y daría pie a algunas secuelas,
además de que Mabuse regresaría en una
terrible remake a la francesa con Alan Bates
como el doctor. Pero en esta despedida oficial de Lang,
es un adiós más que meritorio.
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