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USA, 1984 : Arnold Schwarzenegger (Conan), Tracey Walter
(Malak), Olivia D’Abo (Princesa Jehnna), Grace Jones
(Zula), Wilt Chamberlain (Bombaata), Sarah Douglas (Reina
Taramis), Mako (Akiro) Director - Richard Fleischer,
Guión - Stanley Mann, basado en las novelas de
Robert E. Howard, Musica - Basil Pouledoris |
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TRAMA : Conan es llevado frente a la presencia
de la reina Taramis, que desea que el guerrero y su
comitiva acompañe a su sobrina, la princesa,
Jehnna, a recuperar un cuerno sagrado. Conan acepta
con la promesa de la reina de regresar a la vida a su
amada compañera de aventuras Valeria, con quien
el guerrero desea formar un reino. Pero el plan secreto
de Taramis es liquidar a Conan y sus compañeros
tras el reintegro del cuerno que le devolvería
la vida al maligno dios Dagoth, ceremonia en la cual
Jehnna sería ofrecida como sacrificio humano.
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Conan el Barbaro habia
sido un suceso y había atraído la atención
del público hacia la figura de Arnold Schwarzenegger,
que hasta ese entonces trabaja en papeles muy secundarios
o en los roles típicos de forzudos (como Hercules
en Nueva York) que era el estigma que Hollywood reservaba
para los fisiculturistas desde George Reeves hasta la
época. 1984 sería el gran año de
Arnold Schwarzenegger, con su papel en este film y la
consagratoria Terminator.
Pero a decir verdad, como secuela, Conan el Destructor
es bastante floja. Es pura rutina de comic, y
parte del problema proviene de la partida del tándem
creativo de John Milius y Oliver Stone, director y guionista
de Conan el Barbaro. No es que Conan
el Barbaro fuera una gran película, pero
tenía estilo y espíritu épico más
allá de ciertas inseguridades de Milius como
director en algunas escenas. Aquí todo la épica
se pierde y queda como una simple aventura.
Al mando está Richard Fleischer, que dirigiera
grandes filmes como 20.000
Leguas de Viaje Submarino y Viaje
Fantástico, pero como le sucede a casi todo
el mundo, se encontraba en el declive de su carrera.
La dirección de Fleischer en sí no está
mal - directamente maneja al proyecto como una película
de matiné - con lo cual queda en apenas
correcto. El problema es que los valores de producción
son bastante pobres - el dibujo animado que rapta a
Jehnna es burdo, los vestuarios no son exactamente lujosos,
y salvo algunos escenarios todo termina por destilar
pobreza o improvisación propia de los peplums
italianos -. Y hay escenas que directamente rayan en
lo ridículo por lo paupérrimo de los disfraces,
como el demonio que combate Conan en el laberinto de
los espejos.
Es obvio que el libretista Stanley Mann no se tomó
muy a pecho el trabajo. Hay diálogos anacrónicos,
como cuando Malak le reclama a Conan de que "no
somos una casa de beneficiencia". Subotai no
está pero entra Malak que es prácticamente
el mismo personaje con distinto actor. Hay algunas buenas
incorporaciones como la salvaje presencia de Grace Jones,
pero parte de su efectividad se pierde en un guión
bastante flojo. Los villanos más que amenaza inspiran
lástima, y para peor la princesa Jehnna tiene un
look ochentoso que desentona completamente con
el estilo del film.
En cuanto a Arnold Schwarzenegger, al menos se lo ve
más activo y con más diálogo. No
es tan salvaje como en el primer filme, pero al menos
tiene ocasión de demostrar la existencia de algunas
neuronas bajo el pelo largo. Sigue liderando en escena,
pero el guión no acompaña demasiado, y
no se termina por explicar por qué los compañeros
de Conan lo acompañan en una misión sin
dinero de por medio - la única recompensa es
para Conan y es revivir a Valeria -.
Como siempre, el problema pasa cuando los productores
meten los dedos donde no corresponden, y aquí
bajaron el tono del salvaje y sangriento Conan al de
una aventura para toda la familia. La saga terminaría
aquí, aunque Fleischer, De Laurentiis y Schwarzenegger
se reunirían en otra aventura basada en personajes
de Robert E. Howard, la también floja Red
Sonja.
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