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Ya hemos hablado de Conan
en nuestra reseña
del filme de 1982. Conan nació
como personaje de novelas pulp, y terminó
por formar su propio género llamado la Fantasía
Heroica, el que se caracterizaba por narrar
las aventuras de musculosos guerreros en mundos
infestados de monstruos y magos infames. A diferencia
de la Fantasía común
(como, p.ej., las leyendas arturianas o la
Tierra Media), la Fantasía Heroica
transcurría en un entorno saturado de sexualidad
y testosterona, con lo cual llegó a transformarse
en una especie de literatura masculina fetichista.
Esto quedó en evidencia cuando Conan
llegó al comic y Frank Frazetta le impuso
la interpretación definitiva de lo que hoy
entendemos como Fantasía Heroica
- un universo saturado de hombres y mujeres
semi desnudos, bañados en sangre y enarbolando
enormes espadas -.
En 1982 John Milius llevó el personaje
al cine, en lo que muchos consideran que es la
interpretación definitiva. Ciertamente
Conan el Bárbaro
1982 tiene puñados de grandes aciertos
- la fotografía, el excelente guión
de Oliver Stone, la partitura wagneriana de Basil
Pouledoris, la presencia de Arnold Schwarzenegger
-, que han quedado marcados en la mente de todos,
y que han servido para disimular en la memoria
colectiva las debilidades de Milius como director
en otros aspectos. Pero esas flaquezas de estilo
quedan completamente olvidadas cuando uno ve una
pifia de proporciones gigantescas como es esta
versión 2011 del personaje. Hay tantos
errores de criterio que se acumulan hasta formar
una pila gigantesca que termina por sepultar cualquier
mínimo mérito que pudiera tener
la película.
La primera impresión es que se trata de
una versión de Conan dirigida
por Uwe Boll. ¿Cuales son los problemas
mas sobresalientes y habituales del detestado
director alemán?. Primero el casting,
luego la excesiva copia de estilos de otros directores
mas originales y talentosos que él, y -
tercero - la mala dirección de
actores. Acá hay otro alemán a cargo
- Marcus Nispel, que viene haciendo carrera
a fuerza de remakes que no le han gustado a nadie
-, y una dupla de guionistas trasnochados (responsables
de Sahara, Dylan
Dog y El Sonido
del Trueno, entre otros libretos mal cocinados)
que dan muestra de no haber leído nunca
un libro o un comic de Conan.
Da la impresión que todos estos tipos se
dedicaron a reciclar algún capítulo
perdido de Xena, la Princesa Guerrera
- que daría muy bien para los standáres
de la TV, pero que queda muy corto de ideas y
desarrollo para una película a estrenar
en cine -, generando una trama con personajes
huecos, excesivas correrías copiadas de
otros filmes, villanos que no impresionan a nadie
y culminando con un climax rebuscado, largo y
estúpido. Si hay tanto material generado
sobre el personaje en sus ochenta años
de vida, ¿por qué no
molestarse en abrevar en dichas fuentes?.
El arranque es muy poco convincente. Cómo
la madre da a luz a Conan y lo bautiza en pleno
campo de batalla lo deja a uno sacudiendo la cabeza.
Luego sigue la flojísima interpretación
de Ron Perlman, un tipo que está muy curtido
en estas lides pero que acá da la impresión
de que le han dado los lineamentos erróneos
desde el sillón del director. Hay una competencia
de valentía completamente estúpida,
hay dos villanos que se relamen en su maldad barata,
y hay un héroe que aparece totalmente formado
en medio del relato (explicación cero de
cómo aprendió a pelear, cómo
sacó tanto músculo o cómo
se unió con los piratas). Todo es demasiado
rápido y muy poco convincente. Y a esto
se suman los diálogos, que van de lo simplón
a lo anacrónico. En las historias épicas
se precisan grandes narradores, grandes discursos
y una prosa inspirada. Acá da la impresión
que son todos tipos comunes, sin nada que los
haga especiales, y hablan como recién hubieran
llegado al set luego de hacerse la peluquería
en Beverly Hills.
Ciertamente Jason Momoa es una decisión
interesante de casting. Tiene presencia y da los
looks del personaje, con lo cual es una bestia
pero también es apuesto. El problema es
cuando abre la boca; o es demasiado moderno y
canchero, o le tocan unos parlamentos
muy pobres en contenido. Al menos Stephen Lang
le pone energía a su hueco villano y Rose
McGowan da muestras de pasarla bomba con su sangrienta
hechicera.
Conan el Barbaro es fallida;
es errónea la puesta en escena, el libreto
tiene problemas y la historia se ve demasiado
superficial. Cuando Schwarzenegger tomó
el personaje, le dió la energía
oscura que éste precisaba (y eso que el
austríaco era un actor terrible). Y cuando
John Millius rodó su filme le impuso un
tono fuertemente épico, narrando la historia
de un hombre signado por la tragedia, formado
en el odio y convertido en una máquina
de matar para poder ejecutar de manera eficiente
su propia venganza. Ese sentido del destino está
completamente ausente en esta versión 2011,
lo cual convierte al filme en un ejercicio de
futilidad. |