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Cloverfield (Monstruoso) es un film de J.J. Abrams, por más que
en los títulos figure Matt Reeves como realizador. Hay pocos casos en la
historia del cine en que un productor resulta más importante que el director,
y se me ocurre compararlo a las producciones de George Pal o Ray Harryhausen.
Y esto suele suceder porque el talento creativo pasa por Abrams más que
por ningún otro. J.J. Abrams era un joven escritor de guiones que comenzó
a tener éxito con la serie de TV Felicity. Pero la fama de Abrams
quedó establecida en el status de culto a partir de los sucesos de las
series Alias y Lost. La industria apañó lo que consideraba
un talento incipiente, y le dió un presupuesto multimillonario para su
film debut como director que fue Mision
Imposible III. De allí en más, las puertas del cine mainstream
se abrieron para Abrams, anotándolo para la dirección de la inminente
precuela de Star Trek (2008).
Cloverfield ("campo de tréboles") es un proyecto pergueñado
por Abrams durante una gira de promoción de Mision Imposible III
que hizo en Japón. Al llegar a tierras niponas, se sintió fascinado
por la enorme cantidad de merchandising de Godzilla,
y pensó que los americanos no tenían un monstruo representativo.
Existe King Kong, pero como figura romántica;
Abrams pensaba algo en terminos más apocalípticos y comenzó
a desarrollar en secreto el proyecto, utilizando técnicas de encubrimiento
del libreto que serían la envidia de la CIA. En todo momento el
guión se mantuvo en secreto, incluso durante las audiciones de los actores
que luego interpretarían el film (escribiendo escenas totalmente falsas
para el test screen, o reciclando tomas de algunas de sus series). Después
desarrolló una campaña publicitaria de guerrilla, con falsos websites,
trailers que no explicitaban en absoluto nada de la historia - simplemente
usando su nombre como marca: "el proyecto sin nombre de J.J. Abrams"
-, y desarrollando una aura de misterio que terminó por generar una enorme
expectativa. Los métodos de Abrams no son nuevos - El
Proyecto Blair Witch fue uno de los precursores en implementar dicho tipo
de campañas -. Sin dudas el esfuerzo resultó productivo, ya que
Cloverfield abrió con 41 millones de dolares de recaudación
en su fin de semana de apertura, cifra record para esta altura del año
en el calendario norteamericano. Todo indica que es un blockbuster imparable
y, posiblemente, un film de culto.
Pero en sí, no hay nada excesivamente original en Cloverfield.
Bien se puede resumir como Godzilla 1954 encuentra a El Proyecto Blair Witch.
Hay una puesta en escena realmente bien orquestada, un argumento correcto y un
collage de ideas ya antes vistas, hecho prolijamente. Pero los caminos que
recorre ya se han visto en otros films, sólo que aquí se produce
un conglomerado de influencias que termina por generar un producto nuevo pero
no revolucionario.
El tema es que, lo que hace Cloverfield, es tomar un típico film
de monstruos y narrarlo enteramente desde la perspectiva (y el caos) que sufren
los protagonistas. Aquí hay cero explicaciones científicas de dónde,
cómo y qué es el monstruo - por otro lado, no siempre es necesario
explicar todo -. Es simplemente una fuerza devastadora de la naturaleza desatada
en Nueva York - en cierto punto, uno podría compararlo con la perspectiva
que padece Tom Cruise en La Guerra de los
Mundos -. Lo que agrega Abrams es que todo el film es rodado a traves de la
video cámara hogareña de uno de los protagonistas. Esto lo convierte
más en un documental filmado con técnicas de guerrilla que en una
película con guión tradicional, y es lo que lo asemeja a un Kaiju
Eiga rodado a la Blair Witch: la cámara
se mueve todo el tiempo, hay corridas, respiraciones agitadas (incluso una despedida
similar a la de Heather Donahue en la carpa), planos sorpresivos donde se ven
amenazas y horrores, y una tensión constante que se puede cortar con un
cuchillo.
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En ese sentido, Cloverfield es obviamente la antítesis de El
Proyecto Blair Witch: mientras que el film de Daniel Myrick y Eduardo Sanchez
operaba de forma subconsciente - existe una amenaza latente y del cual sólo
se ven señales esporádicas -, aquí la naturaleza de dichas
señales es mucho más explícita y frecuente. Edificios enteros
vuelan por los aires; el puente de Brooklyn es partido a la mitad, o la cabeza
de la Estatua de la Libertad es cercenada y lanzada por las avenidas. Lo que la
cámara en mano le agrega es un sentido de inmediatez y caos que un rodaje
tradicional no podría obtener. Además, las tomas del monstruo sólo
duran unos escasos segundos - en algún caso, un poco más -, pero
nunca pasa de ser un vistazo (y cuando algo se ve, se lo ve parecido a la criatura
que enfrentaba Luke Skywalker en el foso de Jabba the Hutt en El
Regreso del Jedi). Tal como Tiburón, el
director Reeves sigue el viejo axioma de "menos es más" (y algo
que también había usado con los episodios iniciales de Lost,
donde otra criatura no visible asolaba a los naúfragos en la isla), lo
cual no agota la exposición del monstruo y mantiene el halo de misterio.
Además, agrega a la trama el concepto de que el monstruo posee parásitos
en forma de arañas del tamaño de un hombre, que matan o contaminan
a aquello que las toque - la idea de la contaminación también parece
captada de The Host -.
Es un film de guerrilla, pensado para el shock. El resultado es efectivo. A
diferencia de otros críticos, no encontré el preambulo largo y aburrido,
aunque sí algo vacío. La película falla en darle algún
carisma de importancia a los caracteres centrales (o al menos, a alguien), y los
retrata como yuppies superfluos. Quizás el enfoque del director sea ese
- ver a un grupo de gente vacía, que de pronto se vuelven personas cuando
sucede el desastre -. Sí es así, no sería raro concluír
que todo el proyecto es una especie de racconto no oficial del 11 de Setiembre
del 2001, reemplazando aviones suicidas por un monstruo descomunal. Los neoyorkinos
abstraídos en su rutina, aislados del mundo en su propia burbuja hasta
que la realidad se los lleva por delante.
Es allí donde Cloverfield se aproxima muy cerca de la estatura
de Godzilla 1954. Rob y sus amigos huyen en el
caos del polvo y los edificios desintegrándose; las ventanas estallan,
hay muertos y socorristas por doquier. Mientras que Godzilla 1954 era la
catarsis japonesa de la bomba, sustituyendo al dispositivo atómico por
un monstruo irreal (una alegoría), Abrams reemplaza aquí a los terroristas
por otra criatura gigante y produce la catarsis norteamericana. Las imagenes del
film son idénticas a lo que mostraba la CNN en aquella mañana
fatídica de setiembre 2001.
El problema de Cloverfield es que no pasa mucho más de eso. Mientras
que Godzilla proveía la figura del científico armamentista,
que construía otro dispositivo peor a la bomba atómica - que podía
vencer a la criatura -, se atormentaba por ello (y por los posibles usos malintencionados)
y decidía morir con él, Cloverfield no provee ningun otro
tipo de conclusión más que una recreación masiva de los atentados
terroristas. Es así como si fuera : 11/9: The Joy Ride, un
espectáculo animado de los estudios de cine, donde el espectador corre
en medio de la muchedumbre en pánico mientras los rascacielos se desmoronan.
Si Cloverfield seguía los conceptos básicos del film original
de Godzilla (el único serio), podría haber desarrollado una
conclusión relativamente similar (y obvio punto de polémica), como
que el monstruo (los terroristas) fueron producto de la misma nación que
sufrió el ataque. Se puede decir que es una tesis paranoica y que se entraría
en terreno de debate (y delirio) político. La cuestión es que los
Kaiju Eiga (filmes de monstruos japoneses o de cualquier otra parte del
mundo) tienen una serie de reglas: el monstruo debe luchar contra otro monstruo,
y los humanos son testigos, con lo cual el film es entretenimiento sin sangre.
Pero cuando no existe un monstruo antagonista, la criatura unica y principal (sea
Godzilla o Gamera)
funciona como alegoría. Por algo está matando a humanos.
Cuando el bicho masacra gente, el guión debe darle algún tipo de
significado. En Tiburón era una fuerza real de la naturaleza convertida
en maldad pura; pero en Cloverfield, cuando un film muestra una situación
tan descabellada (un monstruo del tamaño de un rascacielos), el sentido
es simbólico. El tema es que el film no se preocupa en revelar nada de
esto, siquiera en alguna conclusión perdida que pudieran tener los protagonistas.
Sólo se preocupa en generar constantes situaciones de tensión -
que sin dudas, están bien filmadas -, si no es el bicho gigante son los
parasitos que son una excusa del guión para generar horror en espacios
cerrados. Con lo cual sólo se puede concluir que Monstruoso es un
muy buen espectáculo de suspenso y shock, pero carente de alguna substancia,
y que su única razón de ser es producir emoción por la emoción
misma. |
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