|
 |
Hay películas condenadas
a perder plata desde el vamos, y Chillerama
(que uno podría traducir como Chillido-rama)
es una de ellas. Es una obra nerd hecha
para nerds como nosotros, tipos que nos
hemos devorado toneladas de peliculas malas de ciencia
ficción y terror, y que sabemos quién
es Lloyd Kaufman o por qué tal secuencia
representa un homenaje a El
Amanecer de los Muertos de George A. Romero
(oh, si, cuántos años desperdiciados
en esto y qué poca vida propia... pero
qué lindo!). Entraría dentro del
micronicho de comedias de culto por el culto en
sí, completamente autorreferenciales, dentro
de la cual puede inscribirse Me
Llaman Bruce, la dupla de Grindhouse,
Alien Traspass
o Amazonas en la Luna
(por citar las primeras que se me ocurren). No esperen
que gente normal vaya corriendo a verlas; es un
homenaje a las cosas que nos gustan, a lo que se
suma una parva de chistes atroces como para llevar
las cosas al límite y que la gente comente
y las desparrame boca a boca (precisamente se
me ocurre un chiste sobre esto y el general Bukkake
que interpreta Eric Roberts en el filme... pero
creo que sonaría de total mal gusto).
Como suele ocurrir en los compilados de historias,
hay una de ellas que actúa de lineamiento
general. En este caso, hay un autocine a punto
de ser demolido y su dueño - Cecil Kaufman,
mezcla de Cecil B. DeMille y Lloyd Kaufman, el
fundador de los atroces estudios Troma -
está decidido a estrenar, en su última
noche de función, las cintas más
salvajes que posee en su depósito. Uno
de los ayudantes del dueño ha sido muerto
por un zombie - en un particular caso de necrofilia,
ver para creer - y pronto comienza a morder
y a contagiar a todos en el autocine. Lo que sigue
es una copia bastante fiel de Demonios
(1985) de Lamberto Bava, con un montón
de muertos vivientes haciendo chanchadas de todo
tipo y color en un cine mientras la parejita principal
intenta escapar. A diferencia de Bava, acá
el tono es mucho más zarpado, con zombies
fornicando cuerpos despedazados o practicando
sexo oral con cabezas cercenadas.
Ya ahí ustedes tienen una pista de
lo que pueden encontrarse en el filme. Durante
todo el tiempo Chillerama se decanta por
lo atroz, y aún con los cuidados puestos
por los directores para que la platea entienda
que nada de esto va en serio, eso no quita que
haya veces en que la pelicula resulte chocante.
A esta altura del partido creo que no hay necesidad
de reiterar que no soy un puritano, pero lo atroz,
si no es gracioso, sólo resulta repulsivo.
De todos modos la galeria de situaciones bizarras
que atraviesa Chillerama es tan grande
que, en menos de dos segundos, pasamos de una
a otra, y todo queda sepultado bajo una tonelada
de excesos en cortísimo tiempo.
La historia central - del autocine - está
ok, con homenajes varios a los filmes de zombies
(tanto de Romero como italianos). Descolla un
cálido monólogo de Richard Riehle
sobre la extinción del cine tradicional
a manos de la tecnología moderna, lo que
constituye una muestra del amor de los responsables
de la cinta sobre el género al cual homenajean
y parodian. Esta historia es responsabilidad de
Joe Lynch, un tipo cuyo título más
conocido es una secuela de la saga Wrong Turn.
En cambio, en donde Chillerama descolla
es en el primer segmento - Espermazilla
-, en donde un espermatozoide mutante gigante
ataca Nueva York. Es una clara parodia al cine
de monstruos de los 50, y es el capitulo más
trabajado de los cuatro. La sucesión de
chanchadas es inacabable (seguimos con los chistes
fáciles), y a mi juicio es aquí
donde figuran las escenas más graciosas.
El segmento le corresponde al más conocido
de los cuatro directores, Adam Rifkin, responsable
de los libretos de Small Soldiers, MouseHunt
y Underdog entre otros títulos.
El segundo segmento es definitivamente flojo.
Aquí hay una idea buenísima pero
ejecutada para el demonio. Imaginen la típica
comedia de hombres lobos adolescentes - la
pandilla de licántropos que infecta al
chico débil de la secundaria; la fascinación
del muchacho al descubrir sus nuevos poderes;
su rebelión a aceptar su nuevo estado como
permanente y a dañar a los demás
-, con la diferencia de que el muchacho se transforma
.. en un gay enorme, peludo y vestido con
ropas de cuero (un "oso", como
le dicen los yanquis). El protagonista no es otro
que Brent Corrigan, una megaestrella del cine
porno gay (trabajando aquí con su
nombre real), y que ya ha actuado con anterioridad
en otras peliculas mainstream (como Another
Gay Sequel: Gays Gone Wild!). Aún con
todos esos ingredientes, Yo fui un hombre oso
adolescente fracasa de manera miserable. Hay
demasiadas canciones, largas e insípidas
- ya que el segmento intenta, al mismo tiempo,
parodiar a las películas playeras de los
sesentas, como las comedias musicales de Annette
Funicello y Tommy Kirk -, y Corrigan no tiene
demasiada vena cómica.
El tercer segmento intenta emparchar el bache
dejado por Yo fui un hombre oso adolescente.
La idea de un monstruo Frankenstein judío
persiguiendo a Hitler es hilarante, pero da la
sensación de que la anécdota está
estirada demasiado - todos los segmentos tienen
30 minutos exactos de duración, como para
asegurar que no existan recelos entre los directores,
pero no estoy seguro que todas las historias ameriten
semejante tiempo -. Joel David Moore (Avatar)
le pone un montón de energía a su
Hitler caprichoso y sexópata, mientras
que la criatura (que parece una mezcla de Golem
y rabino mutante) está protagonizada por
Kane Hodder... Jason en la saga de Martes
13.
Es posible que los 4 atómicos que le damos
aquí sean excesivos, pero Chillerama
tiene un contagioso e irreverente espíritu
juvenil que es de celebrar. No está lograda,
pero tiene energía y es refrescante...
y a mi - con eso - me basta y me sobra
para recomendársela a los amigos que leen
esta columna. |