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Charly es
un clásico que le valió un merecido
Oscar a Cliff Robertson como mejor actor protagónico
en 1968. Está basado en el cuento Flores
Para Algernon (1959), el cual fue expandido
a formato de novela por el mismo autor en 1966.
La gracia del libro - además de la originalidad
de su historia - consistía es que estaba
narrado en primera persona por Charly, con lo cual
arrancábamos con su etapa de retraso, vemos
como pule su lenguaje cuando se vuelve un genio,
y culmina con el autor siendo incapaz de hilvanar
sus pensamientos debido al desmoronamiento mental
provocado por la desaparición gradual de
su propia inteligencia.
Charly era un proyecto personal
del propio Cliff Robertson. El habia interpretado
al personaje en una adaptación televisiva
de la obra en 1961, y habia adquirido los derechos
para llevarla al cine en algún momento
de su carrera. Y, sin lugar a dudas, es la mejor
actuación de su filmografía: las
escenas en donde encarna al retrasado mental,
denostado por todos pero un ingenuo con gran corazón,
son brillantes.
En realidad Charly es una variación
del mito de Icaro - el héroe griego
que quiso escapar de su prisión, construyéndose
alas con plumas y cera; pero al sentirse poderoso
en el aire, quiso acercarse al Sol y el calor
de éste derritió sus alas, provocando
su caída fatal al mar -. Aquí
hay un retardado mental al cual le practican una
cirugía experimental para llevar su inteligencia
a un nivel normal. Pero la operación no
sale como lo previsto y el tipo se transforma
en un genio, un cerebro brillante capaz de devorar
cientos de libros en cuestión de semanas.
El problema es que ese fabuloso progreso denota
también la deficiencia del tratamiento
- el sujeto viene quemando etapas demasiado
rápido - y pronto llega a un punto
limite en donde todo va a explotar o, lo que es
peor, el individuo regresará a su punto
de partida.
Si la gracia de Flores Para Algernon
residía en la narración en primera
persona - que denotaba el progreso y decadencia
mental de Charly -, la versión filmica
pierde esa ventaja y todo pasa a descansar sobre
los hombros de la perfomance del protagonista,
la cual (por suerte) es impecable. Es Robertson
quien marca los ritmos del relato, si bien es
cierto que cuando Charly se vuelve un genio el
personaje se enfria y se aleja de la simpatía
del público - aquí es cuando
faltaba un momento mas reflexivo sobre la velocidad
y los costos del cambio -. La riqueza de
la historia daba para multiples lecturas: por
ejemplo, que Charly se convirtiera en una especie
de iluminado, de una eminencia intelectual capaz
de resolver y/o anticipar el futuro de la humanidad
(hay algunas grageas sobre esto en el discurso
final que da en la conferencia científica),
con lo cual el personaje se hubiera convertido
en una especie de Mesias apocaliptico engendrado
de manera anti natural por la ciencia. Pero aquí
la historia decide no tomar dicho camino, e incluso
abandona la excusa cientifica que dio lugar al
relato, y se restringe a un desarrollo meramente
dramático. Lo que vemos es como una persona
discapacitada se recupera lo suficiente como para
ver que el proceso es limitado y va a ser testigo
de su propia caida. Es como una visión
completamente pesimista y determinista, la que
nos dice que somos incapaces de modificar nuestro
propio destino. En tal sentido el propósito
del relato es fútil - ¿qué
es lo que ha podido rescatar Charly de toda esta
experiencia, más allá de ver su
propia decadencia y hasta su eventual muerte con
plena lucidez mental? -, y hasta me animaria
a inferir que se trata de un melodrama hábilmente
camuflado - una tragedia exagerada hasta el
paroxismo, destinada a provocar el llanto de la
platea -. Por otro lado existe un discurso
conservador subyacente en la historia, similar
al de los filmes de ciencia ficción de
los cincuenta, en donde se nos advertía
que la ciencia equivalía a jugar con los
poderes de Dios y que la misma se nos pondría
en nuestra contra. Ni siquiera Charly, en su etapa
genial - y poseedor del cerebro más
brillante de la historia de la humanidad
- es capaz de resolver el dilema de su irreversible
decadencia mental.
En ese sentido uno debe resignarse a aceptar
a Charly en sus propios términos:
un drama con algunos toques sofisticados. Y mientras
que funciona muy bien la mayor parte del tiempo,
en donde el filme fracasa es en el desarrollo
romántico, que es completamente antinatural
y que, en algunas secuencias, está elaborado
para el demonio. Charly se enamora de su tutora
y, llegado un punto, intenta violarla. Luego de
esto siguen 5 minutos completamente absurdos -
con Charly convirtiéndose en un hippie
drogón, y su tutora perdonándolo
y cayendo rendida en sus brazos -, lo que
resulta completamente descolgado. Ver a Cliff
Robertson y Claire Bloom caminando de la mano
por paisajes de ensueño y recitándose
frases almibaradas cuando diez minutos antes el
tipo la quiso embocar a la fuerza, es
algo que resiente mucho más la credibilidad
que aceptar la premisa inicial de que unos medicos
pueden hacer un implante cerebral capaz de convertir
a un retrasado en un genio.
Charly es una gran película
si uno omite el lamentable desarrollo del romance.
Es un show de Cliff Robertson, y tiene un puñado
de buenos momentos. Pero a uno le da la impresión
de que la historia tiene tanta riqueza que daba
para desarrollar una mayor variedad de subtextos,
algo que aquí se ha resignado a favor de
un desarrollo dramático más simple
y lineal. |