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USA / Francia, 2000 : Melanie Griffith (Honey
Whitlock), Stephen Dorff (Cecil B. DeMente), Alicia Witt (Cherish),
Adrian Grenier (Lyle), Larry Gilliard Jr. (Lewis), Maggie Gyllenhaal
(Raven), Jack Noseworthy (Rodney)
Director
- John Waters, Guión - John Waters
TRAMA : La estrella de cine Honey
Whitlock se encuentra en Baltimore para asistir al estreno de uno
de sus filmes en una exhibición de beneficencia. Pero la
ceremonia es interrumpida por un grupo de fanáticos liderados
por el director independiente Cecil B. Demente, el que secuestra
a la actriz y escapa en medio de un tiroteo. Demente está
abocado a realizar una feroz crítica al sistema de Hollywood,
y para ello decide forzar a Honey para que realice el protagónico
de su película. Utilizando tácticas de guerrilla para
rodar las escenas, Honey y la troupe de Demente irrumpirán
en festivales y filmaciones para castigar a los culpables de la
mediocridad del cine actual y proclamar acalorados discursos idealistas.
Y, a medida que pase el tiempo, Honey irá congraciándose
con las ideas de Demente hasta terminar por abrazar su causa.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio desde
fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar partes
del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos a
esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Uno debería empezar a hablar por lo que se entiende por cine
bizarro. Por definición, la palabra bizarro alude a
aquello que es anormal, atípico o simplemente extravagante.
Pero en el caso del cine, el término tiene un sentido mucho
más amplio y termina por abarcar también al mal gusto,
a lo atroz y lo directamente ofensivo. John Waters es un director
de cine bizarro que se ha autodenominado el rey del mal gusto.
A mi juicio, es un título demasiado serio e importante como
para calificar la obra de Waters. Lo suyo es atacar con tácticas
de guerrilla los tabúes morales de la sociedad, pero desde
un punto de vista completamente naif. Ciertamente para ver
los filmes de Waters hay que tener una mentalidad abierta, pero no
hay nada en ellos que sea realmente chocante. Aún cuando la
filmografía de Waters esté notoriamente influenciada
por otros directores que son realmente atroces y buscan el shock -
como Herschell Gordon Lewis, a quien el director reconoce como una
de sus fuentes de inspiración -, sus películas son radicalmente
diferentes. En un filme de Gordon Lewis, un violador es una persona
deleznable y capaz de las peores atrocidades; en una cinta de Waters,
el mismo violador sería un buen tipo, simpático, ligeramente
calenturriento, y proclamando a cuatro voces actos atroces que sería
incapaz de concretar. Mientras que Lewis apunta a la ofensa y a lo
despreciable, Waters opta por el patetismo.
Los filmes de Waters podrían interpretarse como pornografía
barata de los años 70 rodada por Ed Wood (y pornografía
setentista en el sentido de las situaciones y los diálogos
absurdos que poblaban esas películas). Hay muchas situaciones
sexuales o risqué, protagonizada por tipos ingenuos
que desbordan de ideales disparatados. Eso termina en generar momentos
de comedia en los que uno se rie tanto de los tabúes que
Waters critica así como del absurdo idealismo de sus protagonistas.
El incesto en Pink Flamingos es tan patético que resulta
cómico. La discriminación racial en Hairspray
está resuelta de un modo tan ingenuo que termina siendo graciosa.
Es un director lleno de ideas, que prefiere hacer sus críticas
tirando un manto de piedad sobre los temas que lo inquietan.
Pero entre los ochentas y los noventas Waters parecía haberse
diluído en la maquinaria de Hollywood. Hairspray
(1988), Cry Baby (1990) y Serial Mom (1994) eran mucho
más standard de lo que era la filmografía habitual
del director. Por ello Cecil B. DeMented es un festejado
regreso a la línea risqué que siempre caracterizó
a Waters.
Cecil B. DeMented podría ser la versión del
secuestro de Patty Hearst rodada por Ed Wood. Hearst era la heredera
del zar editorial del mismo nombre - el mismo tipo que se ofendió
con Orson Welles y su Citizen Kane, y terminaría por
arruinarle la carrera -, y fue secuestrada en 1974 por un grupo
terrorista con la intención de ganar publicidad en los medios
y exigir un cuantioso rescate; pero meses más tarde, aparecería
envuelta en numerosos robos, demostrando que había por terminado
de abrazar la causa de sus captores. La verdadera Hearst se volvería
una amiga íntima de Waters y aparecería en una gran
cantidad de filmes - aquí, por ejemplo, hace de la madre
de uno de los terroristas -. Al secuestro de Hearst se sumaría
el toque autobiográfico de Waters - la troupe de Cecil
B. DeMented no difiere demasiado de los Dreamlanders
que acompañaron al director durante años, compuesta
por el travesti Divine, la ex terrorista Hearst, la ex estrella
porno Traci Lords, y un largo etcétera -. Con idea de atacar
la mediocridad del cine comercial de Hollywood, DeMented y Waters
se dedican a explotar los clichés del género.
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En realidad lo que hace Waters es explotar la misma línea temática
que un año antes apareciera en Bowfinger (1999), pero
esta vez en beneficio de sus propios intereses. El resultado final
es raro, divertido pero no tan redondo como debería haber sido.
Aquí está Melanie Griffith haciendo de Melanie Griffith
- viciosa, malhablada y malhumorada -, a la que los terroristas cinematográficos
intentan explotarla como protagonista de su rodaje under. La troupe
de DeMente - cuyo nombre en realidad proviene de un apodo que la prensa
le puso al mismo Waters, parodiando el nombre del célebre director
Cecil B. De Mille - se compone de una satanista que bebe orina de
cabra diabólica, una lesbiana transexual, un estilista hetero
enamorado de su chofer gay, un vicioso que se droga con todo lo que
tiene a mano, una ex actriz porno, un masturbador crónico y
una sonidista que canta rap. Cada vez que abren la boca, se despachan
con discursos altisonantes - "el cine familiar es sinónimo
de censura"; "hacemos mediocres remakes de filmes europeos
simplemente porque no nos gusta leer subtitulos" -, que están
ok y son realidades pero no suenan tan afiladas como las críticas
que pretenden ser. Los tipos corren y montan sus rodajes a toda velocidad
mientras se agarran a tiros con la policía y empiezan a perder
miembros del equipo. Y mientras tanto, la estrella de Hollywood empieza
a convencerse de toda la mentira que la rodea en la industria.
Como sátira le falta filo; pero el enorme problema con que
se enfrenta Cecil B. DeMented es el casting de Melanie Griffith
en el papel principal. Griffith está visiblemente incómoda,
no sólo con las líneas ridiculas que le reserva el
guión - lo que es un standard de los filmes de Waters -,
sino también con la versión trash de ella misma
que debe interpretar. Por momentos da la impresión de haber
rodado la película en un completo estado de intoxicación,
absolutamente perdida de cómo debe actuar. Su perfomance
lastima la efectividad de la película, y por ello es que
terminaría nominada a los premios Golden Rasperry
como peor actriz de ese año.
Cecil B. DeMented es un viaje de ida y sólo para
un público selecto, acostumbrado a las bizarras comedias
camp de John Waters. No es una película pulida, y
no todos dardos hacen blanco; pero cuando hacen puntería,
son hilarantes. La secuencia en que la troupe perseguida por la
policía se refugia en un cine porno es formidable. Imaginen
esto: una película hardcore llamada Extasis Anal y
protagonizada por una mujer infartante y un ratón (!); la
platea que llora de emoción con la escena; y el público
de la sala, que se alza contra la policía como si fueran
una horda de masturbadores crónicos zombies (wtf?!).
Lástima que el resto de la película no sea tan genial
como esta secuencia.
Vea Cecil B. DeMented; no es lo mejor de John Waters, pero
definitivamente no es una hora y media malgastada de su tiempo.
Tenga en cuenta que no es para todos; que conste que se lo advertimos. |
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