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USA, 1962 : Candace Hilligoss
(Mary Henry), Herk Harvey (el hombre), Sidney Berger (John
Linden), Frances Feist (Sra Thomas), Stan Levitt (doctor),
Art Ellison (ministro) Director
- Herk Harvey, Guión - John Clifford
TRAMA : Después de disputar
una carrera automovilistica callejera con un par de
muchachos, el coche en el que iban tres chicas pierde
el control encima de un puente y cae al río.
Mary Henry es la única superviviente y, decidida
a cambiar su vida, se muda a Utah en donde obtiene trabajo
como organista en una iglesia. Pero en el camino es
sobrecogida por imagenes fantasmales de un pabellón
abandonado en medio del desierto salino. A partir de
entonces Mary empieza a ser perseguida por un hombre
decrépito y la muchacha termina por estallar
en una crisis nerviosa. Convencida de que la presencia
del hombre tiene que ver con lo ocurrido en el pabellón,
Mary decide ir hasta el lugar para enfrentar sus miedos;
pero allí terminará por descubrir una
aterradora verdad.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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La historia detrás de El Carnaval de las Almas
es un típico ejemplo de "producción
independiente malograda en su momento y que obtiene la
gloria décadas después". En ese
sentido el film de Herk Harvey tiene un origen bastante
similar a las películas de Ed
Wood, The Blob y otras tantas
producciones emprendidas por gente amateur en aquella
época - intentando llegar a la fuente de la fortuna
que significaba el cine, recolectaron un puñado
de fondos de familiares e inversores, y se lanzaron a
rodar un filme -. A partir de allí El Carnaval
de las Almas correría con la misma suerte que
el clásico La Noche de los Muertos Vivos
de George A. Romero. Los novatos, sin entender las reglas
del negocio cinematográfico, terminaron siendo
estafados en su momento (o no tomaron los recaudos suficientes
sobre los derechos de autor), perdieron sus películas,
y las copias supervivientes pasaron a juntar polvo en
los anaqueles hasta que una punta de años después
alguien terminaría por redescubrirlos y entonces
obtendrían un postergado y merecido reconocimiento.
La leyenda de El Carnaval de las Almas es bien
conocida. Harvey era un exitoso director de filmes educativos
y documentales industriales, y en un viaje de negocios
por el desierto salino de Utah terminó por toparse
con el desolado e impresionante Pabellón Saltair
- una gigantesca construcción abandonada
en las orillas del Gran Lago Salino, concebida como
resort a fines del siglo XIX, y que tuviera una
enorme mala suerte tras padecer varios incendios sucesivos
en el correr de los años -. Ante la opulencia
del lugar, Harvey se imaginó una escena con numerosos
fantasmas bailando en el gigantesco salón de
baile del derruído hotel. Decidido a llevar adelante
su idea, reunió un puñado de fondos (unos
30.000 dólares), contrató a una actriz
profesional y a varios locales de la zona, y con su
equipo de documentalistas se lanzó a rodar un
filme. Cuando estuvo terminada, El Carnaval de las
Almas empezaría su derrotero hacia el olvido:
un estreno muy flojo, malas críticas, y un distribuidor
que se quedó con las ganancias y terminó
por quebrar.
La revancha vino por el lado de la televisión.
Al estar en dominio público - por error u omisión,
lo cierto es que se perdieron los derechos de autor
sobre la cinta -, el filme fue acaparado por las cadenas
televisivas que lo proyectaban en las trasnoches, y
con el correr de los años comenzó a generar
un culto cada vez más nutrido. Para 1989, empujado
por la presión de la masiva cantidad de fans
de la película, el entonces jubilado Herk Harvey
debió salir de su retiro y se puso a presentar
su obra en festivales así como supervisar una
edición en VHS. La película se convirtió
en un espectacular suceso y se la calificó de
un clásico rescatado del olvido.
No es difícil ver las cualidades de El Carnaval
de las Almas. Ciertamente hay algunas desprolijidades
aquí y allá, pero tiene una atmósfera
impresionante. Es una lástima que Harvey no halla
podido hacer carrera en el cine, ya que era un director
con talento. A pesar de sus 40 y pico de años
de antigüedad, el filme se las sigue arreglando
para generar un par de buenos sustos. En el momento
en que el hombre fantasmagórico se le aparece
en la ventanilla del coche a Candance Hilligoss cuando
ésta va a toda velocidad por la carretera, uno
se da cuenta de que las cosas están realmente
mal y que esta chica no salió impune del accidente
automovilístico que sufriera una semana antes.
Las múltiples apariciones del hombre, o las fantásticas
escenas en que la protagonista pierde la audición
(y todo el mundo parece no verla) son realmente muy
buenas. Pero las mejores bazas del filme están
en las visitas de Hilligoss al Saltair Pavillion.
No sólo Harvey hace unas tomas impresionantes
de un lugar perfecto para la historia, sino que las
visiones del baile fantasmagórico son sensacionales.
Como en Destino Final, he aquí otra persona
que ha escapado al momento predestinado de su muerte,
y ahora la están buscando para que pague su deuda.
El Saltair Pavillion viene a ser una especie de
purgatorio (o antesala del más allá) a donde
van a parar las almas en pena. Pero además, uno
percibe que en la chica algo ha cambiado desde el momento
del accidente. En uno de sus mejores diálogos,
Hilligoss admite de que ella no es una creyente y que
va a la iglesia a hacer negocios (trabajar como
organista). Es un cuerpo que vaga sin alma.
Aún cuando los secundarios sean lugareños
contratados, las perfomances están ok. En cuanto
a Candance Hilligoss, no es una gran actriz pero cumple
con lo que le pide el papel. Quizás el tema pase
porque tanto ella como el resto figuren como pueblerinos
algo toscos - el personaje de Mary Henry es terriblemente
antipático y antisocial -; pero cuando empiezan
los sucesos sobrenaturales, Hilligoss da el registro
correcto. Abandona su apatía para transformarse
en una persona torturada.
El Carnaval de las Almas es un sólido
clásico. Transporta el terror de los castillos
medievales de la Hammer (que era el standard
de la época) a la cotidianeidad del sur estadounidense.
Hay una gran dirección y una formidable fotografía
blanco y negro. Y provee un relato que es memorable
en todos los sentidos. |