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USA, 1981 : Burt Reynolds (J.J. McClure),
Roger Moore (Seymour Goldfarb, Jr.), Farrah Fawcett (Pamela Glover), Dom DeLuise
(Victor Prinzim / Capitan Caos), Dean Martin (Jamie Blake), Sammy Davis Jr.(Morris
Fenderbaum), Jack Elam (Doctor Nikolas Van Helsing), Adrienne Barbeau (Marcie
Thatcher), Terry Bradshaw (Terry), Jackie Chan (como él mismo), Bert Convy
(Bradford Compton), Jamie Farr (Sheik), Peter Fonda (jefe de los motociclistas),
George Furth (Arthur J. Foyt) Director - Hal Needham, Guión
- Brock Yates, Musica - Al Capps |
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Siempre el público americano se ha mostrado fascinado por los autos, y
eso se tradujo con el correr del tiempo en dos tipos de filmes: los de carreras
y las road movies. Mientras que las road movies suelen ser de corte
existencialista - los individuos viven experiencias a lo largo del viaje que los
terminan por transformar -, los de carreras se circunscriben al deporte y el placer
de escuchar el rugido de los motores, amén de todos los clisés propios
de este tipo de filmes - chico pobre / desvalido lucha contra todos los obstáculos
y triunfa a último momento -. Hay claros exponentes en ambos subgéneros:
en el primer caso se puede citar a Vanishing Point,
mientras que en el segundo está el clásico Grand
Prix (1966).
Pero desde mediados de los 60 comenzaron a haber experimentos que mezclaron
ambos géneros. En el caso de la comedia, el antecedente es It´s
a Mad Mad Mad Mad World (1963), donde distintas parejas se lanzaban a una
carrera desenfrenada para buscar un tesoro oculto. Lamentablemente después
del film de Stanley Kramer este breve subgénero se descarrilaría
hacia la idiotez total, con chistes malos y destrozos de autos a raudales, con
algunas excepciones como The Great Race.
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The Cannonball Run es el aporte del insípido
Hal Needham al tema. El antecedente inmediato es sin dudas
The Gumball Rally (1976). En realidad The Gumball
Rally y The Cannonball Run están
inspirados en hechos reales: Brock Yates - que aquí escribe el guión
- era el editor de la revista Car & Driver
y organizó entre 1973 y 1978 una serie de carreras de costa a costa (precisamente
las de Cannonball). De hecho, Needham y Yates
participaron en una de ellas con una ambulancia modificada - que es la misma que
se ve en el film -, con un falso doctor y la esposa de uno de ellos como paciente.
Pero más allá de la anécdota, esta es una obvia película
de fin de semana hecha con amigotes actores. Needham venía del éxito
de Smokey and the Bandit (1977), y Burt Reynolds
le dió carta blanca para los siguientes proyectos, una decisión
bastante siniestra ya que con el tiempo los siguientes trabajos de la dupla terminarían
por sepultar la carrera del astro. Antes del fin de la década Reynolds
estaría haciendo bodrios como Rent A Cop y
Malone, que terminarían de ponerle una
lápida si no fuera por el suceso de Boogie Nights
(1997).
En realidad el trabajo de Brock Yates es meramente nominal, estableciendo algunas
pautas y dejando que todo el mundo improvise. Dentro de toda la tontería
general se deja ver - es el mejor trabajo de Hal Needham, lo cual no significa
demasiado -. Allí está Reynolds haciendo cualquier pavada con tal
de mostrar una acrobacia de los stunts, como aterrizar una avioneta en
medio de un pueblo, o mandar a la banquina un impecable Porsche. Lo que eleva
al film sobre otros de Needham es que la comedia funciona - aunque son más
los disparos errados que los aciertos -, y en gran parte se debe a que los actores
se saltean el inexistente guión. Como el caso del dúo de Burt Reynolds
y Dom DeLuise, amigos en la vida real, que suelen sacar el mejor partido de sus
escenas. Y hay algunos momentos de Roger Moore, parodiando su imagen de estrella
y agente secreto. Pero después el resto es bastante patético, en
especial la desilusionante perfomance de Dean Martin y Sammy Davis Jr. (de quien
uno esperaba mucho más; y aquí Martin se pasea como un zombie todo
el film), el cameo extendido de Jackie Chan (aquí presentado como un japonés
y corriendo un Subaru en vez de su habitual Mitsubishi),
o la fugaz aparición de Peter Fonda (sólo para cobrar el cheque).
El libreto no existe, solo hay escenas pensadas para los gags que no siempre
funcionan. Incluso el libreto es bastante inconsistente, con personajes que desaparecen
y reaparecen de la nada, como el médico de Jack Elam, y a veces roza el
mal gusto (sin mencionar al papel descerebrado de Farrah Fawcett). Sin dudas la
cosa mejora sobre el final, gracias a la aparición del alter ego
de DeLuise, el capitán Caos, que consigue
arrancar unas cuantas risas. Es cierto que uno no pide una trama profunda cuando
ve un título como este, pero al menos pide que el guionista haya quemado
algunas neuronas para armar siquiera chistes nuevos o una comedia pareja.
Es un film ameno si pone el switch del cerebro en off; no es siquiera una buena
película, pero entretiene a costa de la simpatía del elenco, que
logra superar la ineptitud del director. |
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