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TRAMA
: El senador Walter Chalmers consigue que el mafioso Johnny
Ross declare en contra del Sindicato del Crimen, y el teniente Frank
Bullitt es asignado a la custodia. Pero las cosas van terriblemente
mal, y Ross y un compañero de Bullitt son baleados salvajemente
en el cuarto de hotel donde se refugiaban. Chalmers comienza a hostigar
a Bullitt y a reclamar su cabeza frente al jefe de la policía,
pero el teniente comienza a sospechar que pasa algo raro en el atentado
a Ross. El testigo había destrabado la puerta para dejar
entrar a sus asesinos. Pero Bullitt no puede obtener ninguna confesión
ya que Ross muere en el hospital, y decide ocultar su paradero para
intentar dar caza a los asesinos. Investigando sobre el mafioso,
descubre que éste se había ofrecido al programa federal
de protección de testigos después de robar dos millones
de dólares en Chicago. Y Bullitt comienza a sospechar que
todo se trata de una conspiración.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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Bullitt no es sólo la formidable persecución
entre el Dodge Charger y el Ford Mustang en las calles
de San Francisco. Es también la película basal de la
mayoría de los policiales modernos, y el modelo sobre el cual
se formarían filmes como Harry el
Sucio o series como Starsky y Hutch.
Es también interesante para reflexionar sobre el grado de
decadencia que ha sufrido el género policial en los últimos
años. Hollywood ha bastardeado el género, principalmente
por dos factores: incluír exagerados pasos de comedia (desde
Arma Mortal a esta parte) y el abandono de fuentes literarias.
Todos los filmes policiales de hoy parecen clones, con sus momentos
de humor y sus escenas de romance. Ya no hay nada fresco, todo es
rutina.
Pero entre fines de los sesenta y principios de los 70, el policial
era otra cosa. Era cine de ideas y atmósferas, de suspenso
y de personajes tridimensionales. Bullitt, Harry el Sucio,
Contacto en Francia... no tienen romance o momentos de comedia.
Se dedican exclusivamente a seguir y explorar al personaje central,
y están filmadas del modo más realista posible.
Hay mucho más en común entre Bullitt y Harry
el Sucio de lo que uno cree. Si bien Don Siegel es un director
original, es indudable que ha tomado mucho de los criterios de Peter
Yates para su film. Está San Francisco, la partitura de Lalo
Schifrin, los planos alejados, los personajes lacónicos,
las largas secuencias sin música, el héroe rebelde.
Quizás lo que le falta a Bullitt es más carisma;
obviamente Harry Callahan se lo devora. Pero el resto de las semillas
está en este filme.
Lo primero que uno nota en Bullitt es que se trata de una
película abrumadoramente lacónica. No hay muchos diálogos,
y los que hay son breves, a lo sumo un puñado de frases.
Es cierto que la trama tampoco es demasiado densa - uno asume
que la decisión del director es llenar los blancos con escenas
silentes -, pero ello contribuye a generar una excelente atmósfera.
A falta de diálogos, el espectador termina por atender otras
minucias, pequeños detalles que hacen a los personajes.
Está filmado de modo realista. Por momentos parece
un documental. Lo interesante es que todos los trucos del director
se basan en la expresividad de Steve McQueen, que aquí da una
de sus mejores perfomances. Es sorprendente lo que hace McQueen con
tan poco diálogo: ya en la primera secuencia, cuando Delgetti
va a buscarlo a su casa, es un modelo de actuación. Gestos
totalmente naturales, un par de frases que definen su personalidad,
una actitud silenciosa, inteligente y desconfiada. Es obvio que el
filme no sería lo mismo con otro actor; lo de McQueen es realmente
subliminal.
Y si bien las actuaciones van de muy bueno a excelente, el guión
tiene un par de agujeros. No queda claro por qué los asesinos
no acribillan a destajo a Ross en la secuencia del cuarto de hotel,
ya que disponían de todo el tiempo del mundo. La pista de
la chica Simmons es un obvio artilugio del libreto para desenmascarar
la verdad, pero no tiene demasiada lógica - ¿por
qué quedan las valijas con el dinero en el hotel? ¿por
qué el asesino esperó hasta el último momento?
-. Si uno lo examina en profundidad, se ve que la anécdota
es chica. Lo que Yates hace es ampliarla con una densa atmósfera,
amén de insertar al caracter de Jacqueline Bisset como para
proveer alguna reflexión sobre el personaje. Lo más
increíble del tema es que la función de Bisset sirve.
El clima del film hace efectivo pensar en el mundo violento donde
Bullitt se desenvuelve, y los largos silencios sirven para potenciar
tanto las escenas dramáticas como las de la acción.
El poder de impacto del filme está intacto.
Y por supuesto está la larga y memorable persecución
en San Francisco. Es la primera escena de su tipo, filmada de un
modo eminentemente moderno, con planos traseros de los autos, velocidad
a tope y notable tensión. Lo que más me impresiona
de la escena es que está filmada sin música ni diálogos,
y la única banda sonora es el rugido de los motores de los
dos muscle cars. Pero además el tono es acorde al
del film; hay actuación en medio de la persecución.
Los asesinos se lamentan, se meten en aprietos en el tráfico,
se preocupan; Bullitt observa, mide, decide. No es simplemente dos
cochecitos de carrera pisteando por San Francisco. Sin dudas el
primer puesto de la historia en cuanto secuencias de acción
en películas (por votación popular) es merecido por
lejos. Uno piensa, por ejemplo, en las correrías de Sean
Connery en Las Vegas con un Mustang en Los
Diamantes son Eternos. Cuántas películas intentarían
copiar a esta clásica escena de Bullitt y ninguna lograría
superarle.
Bullitt sigue siendo una película notable, un verdadero
clásico. El primer policial moderno que, a cuarenta años
de su filmación, no ha perdido en absoluto su vigencia. |
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