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Philip K. Dick es un autor de ciencia ficción que se ha convertido en objeto
de culto a partir de los años 80, fundamentalmente por la popularización
de su obra que impulsó Blade Runner. En lo sucesivo, numerosas adaptaciones
de Dick han sido llevadas a la pantalla : desde El Pago hasta El Vengador
del Futuro, Minority Report, Impostor, o la reciente A Scanner
Darkly. Habiendo conocido a Dick sólo por sus adaptaciones cinematográficas,
es tema recurrente en sus obras la alteración de la percepción de
los sentidos así como la obsesión por la memoria. Uno podría
decir que la obra de Dick experimenta continuamente con los límites de
la realidad : ¿lo que recordamos, realmente pasó? o ¿este
mundo en que vivimos es real o una ilusión?.
Quizás por esa temática fuera que en los 70 comenzó a
popularse su obra literaria, posiblemente por cierto trasfondo lisérgico
de sus novelas. Si los hippies experimentaban con drogas para expandir
la mente, Dick lo hace con sus palabras y temas. Posiblemente esto suene algo
absurdo al día de hoy, pero uno no deja de recordar que 2001,
Odisea del Espacio obtuvo una buena taquilla en los años 60, por la
continua asistencia de aquellos que vieron en la jornada final a través
de las nebulosas del astronauta Bowman un viaje lisérgico (y lo experimentaban
una y otra vez en las butacas del cine). Lo mismo que sucedió con Dick,
pasó con Tolkien o, en un caso más explícito, con Frank Herbert
(el autor de Duna).
Pero más allá de eso, las obras de Philip K. Dick son extremadamente
inteligentes. Es un autor de sci fi más existencialista que Bradbury
o Asimov. Sorprendentemente, sus adaptaciones al cine han desembocado en vehículos
de acción más que en cine arte, que sería el destino natural
de sus novelas. Blade Runner se alza como la más respetuosa y fiel
a los propósitos del autor, realzando las ideas de éste con las
de Ridley Scott, que transforman al film en un clásico instantáneo.
En primer lugar, está la concepción que hace Scott del futuro.
Las ciudades son bizarros hormigueros arquitectónicos y culturales, sumidos
bajo una capa de polución. Las corporaciones dominan todo, las metrópolis
son gigantescos rompecabezas que albergan enormes fábricas en su interior,
y el cielo se encuentra totalmente cubierto, sumiendo a la ciudad en una noche
tormentosa constante. Es una visión revolucionaria de los futuros pristinos
que solía presentar la ciencia ficción hasta ese entonces, con la
población sumida en anónimos uniformes (¿una concepción
maoísta del futuro?) o en ridículas togas romanas. Tal como
George Lucas en La Guerra de las Galaxias, el futuro
es para Scott sucio, multicultural y usado. La ciudad de Los Angeles en el 2017
es una visión bastante lógica y realista de lo que puede pasar en
unos años. Posiblemente el modelo seguido sea Tokio - aunque numerosos
pasajes del film ilustran una convivencia en términos de paridad entre
las culturas china y occidental -. El modelo de Scott sería imitado por
numerosos filmes de sci fi a partir de los años 80.
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En segundo lugar, está la concepción visual del film, que es
fascinante. La fotografía es impecable, con luces indirectas y tenues,
salones enormes, y exteriores en penumbras. Scott recrea cierto clima del film
noir, pero también de la época de oro de la ciencia ficción
alemana de los años 20. Las construcciones son arquitectónicamente
tortuosas y bizarras, hay una mezcla de lo viejo y de lo nuevo (como el edificio
donde vive Sebastian, o los autos antiguos equipados modernamente que ruedan por
las calles). Los trajes van desde lo futurista hasta una estilización del
glamour de los años 40. En lo estético, Blade Runner es magistral.
Y en tercer lugar, está la trama del film en sí. Ciertamente
la historia es bastante episódica, pero Scott la desarrolla con largos
intervalos donde descubrimos cosas de estos personajes. Realmente no todos los
papeles están bien desarrollados: los replicantes llevan la voz de mando
en el relato, mientras que el papel de Deckard resulta algo tosco - y tampoco
Harrison Ford colabora para realzarlo -. La interpretación de Ford se ve
más justificada en la llamada "versión del director",
pero resulta claro que no es el actor ideal para realizar una caracterización
que merece tocar cuerdas más sensibles.
El tema aquí pasa por la naturaleza ambivalente de los replicantes. En
ciertos momentos, se antojan como creaturas asustadas, peleando por su vida. Pero
en otros casos son pintados como personajes sádicos y terribles. Las imágenes
de Rutger Hauer destrozando a Tyrell son impresionantes, y su Roy Batty roza por
momentos la locura más que la confusión de sentimientos. A veces
uno percibe que más que reflejar la inestabilidad emocional, los actores
disparan distintos rangos que rozan la sobreactuación, en especial Hauer
y Hannah. La impresión general es que el guión no sabe muy bien
como definirlos, si como víctimas, monstruos, o vengadores. Por un lado
está Leon, que convive con Zhora, y se fabrica recuerdos a base de fotos
intrascendentes. Pero por otro, cuando deben defenderse resultan despiadados y
crueles, como la golpiza de Leon a Deckard en el callejón. Quizás
la mejor expresión sea la de Joanna Cassidy como la nudista encantadora
de serpientes, que alterna entre la violencia y la desesperación cuando
Deckard le da caza.Y Batty obtiene cierta redención en su ocaso, cuando
le cuenta sus vivencias a Deckard mientras la vida se le escapa como la paloma
que tenía atrapada en la mano.
Mientras el film le dedica mayor tiempo de pantalla a los replicantes, prueba
un par de cosas con la trama de Deckard. Acá es donde comienzan las diferencias
entre la versión original y "el corte del director". En
el original, hay un monólogo inicial y otro final de Harrison Ford como
para setear el clima de film negro, que son eliminados en la versión especial
(que a mi gusto, omitirlos no es una decisión feliz de Scott, ya que le
daban algo más de sabor a Deckard). También está más
trabajada la escena del encuentro de Deckard con Rachel en el departamento. Aquí
es donde comienzan los indicios de que Deckard puede ser un replicante : posee
un piano lleno de fotos realmente dispares, se queda brevemente dormido y sueña
con un unicornio, e incluso cuando discute con Rachel en la cocina y le susurra
al oído desde las penumbras unas frases podemos ver un reflejo metálico
en sus ojos, similar al de los replicantes. Sus actitudes torpes y distraídas
cuando recibe los informes de las muertes (o la forzada seducción de Rachel);
cuando Rachel le pregunta si él mismo se ha hecho el test Voight Kampff
(y Deckard se queda oportunamente dormido). Y por supuesto, el final de la
versión del director, que omite la escena del escape de Rachel y Deckard
hacia un paraíso verde (¿adónde, si la polución
ha contaminado el planeta, e incluso los animales son replicados genéticamente?),
donde el detective dice que Rachel es el único modelo de replicante sin
fecha de expiración. En cambio, el corte del director muestra a Deckard
encontrando un unicornio hecho por Gaff - similar al de sus recuerdos ¿implantados?
-, y saliendo con Rachel por el ascensor. Ciertamente la versión del director
tiene un final más abrupto, que requería de una escena adicional
y no simplemente una puerta cerrándose.
Blade Runner tiene, sin duda, sus ocasionales fallos pero la impresionante
lista de méritos termina por sepultarlos. Es un film esencial, una película
de climas y estéticas (gracias a la fotografía, los fabulosos efectos
especiales de John Dykstra y la música impresionante de Vangelis), que
quizás no termine de desarrollar todo el discurso existencialista que posee
de trasfondo, pero sin duda es una cinta de enorme influencia. |
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