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TRAMA : Los Angeles, 2017. La Tierra ahora es
una gigantesca comunidad cosmopolita, invadida por la
polución. La humanidad se ha lanzado a conquistar
nuevos mundos y utiliza para ello a los replicantes,
seres humanoides creados genéticamente y utilizados
como esclavos para fines militares, laborales y de placer.
Cinco replicantes se han rebelado de una colonia y se
han fugado a la Tierra, intentando entrar a la corporación
Tyrell, la empresa que los ha diseñado y construido.
Pero uno de ellos perece en el intento de ingresar al
edificio, y una investigación se ha puesto en
marcha. Se cree que los replicantes se han infiltrado
en la corporación, pero se desconocen sus intenciones.
Los investigadores utilizan un test que provoca respuestas
emocionales para distinguir a los replicantes de los
humanos, ya que estos seres no poseen sentimientos propios
e imitan las reacciones humanas. Pero uno de los tests
sale mal, y un replicante mata a uno de los investigadores.
La policía llama a Rick Deckard - un cazador
de replicantes o Blade Runner - para que prosiga
con la pesquisa. Deckard sabe que los replicantes tienen
una vida útil de 4 años, y presume que
la misión de los seres tiene que ver con esto.
Mientras tanto, conoce a Rachel, la asistente del mismo
Tyrell, quien resulta ser un modelo perfeccionado de
replicante. Y en el transcurso de la investigación,
Deckard se enamorará de Rachel mientras comienza
a descubrir cosas inquietantes acerca de los replicantes
y de su propio pasado.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Philip K. Dick es un autor de ciencia ficción que
se ha convertido en objeto de culto a partir de los años
80, fundamentalmente por la popularización de su
obra que impulsó Blade Runner. En lo sucesivo,
numerosas adaptaciones de Dick han sido llevadas a la
pantalla : desde El Pago hasta El Vengador del
Futuro, Minority Report, Impostor, o
la reciente A Scanner Darkly. Habiendo conocido
a Dick sólo por sus adaptaciones cinematográficas,
es tema recurrente en sus obras la alteración de
la percepción de los sentidos así como la
obsesión por la memoria. Uno podría decir
que la obra de Dick experimenta continuamente con los
límites de la realidad : ¿lo que recordamos,
realmente pasó? o ¿este mundo en
que vivimos es real o una ilusión?.
Quizás por esa temática fuera que en
los 70 comenzó a popularse su obra literaria,
posiblemente por cierto trasfondo lisérgico de
sus novelas. Si los hippies experimentaban con
drogas para expandir la mente, Dick lo hace con sus
palabras y temas. Posiblemente esto suene algo absurdo
al día de hoy, pero uno no deja de recordar que
2001, Odisea del Espacio obtuvo
una buena taquilla en los años 60, por la continua
asistencia de aquellos que vieron en la jornada final
a través de las nebulosas del astronauta Bowman
un viaje lisérgico (y lo experimentaban una y
otra vez en las butacas del cine). Lo mismo que sucedió
con Dick, pasó con Tolkien o, en un caso más
explícito, con Frank Herbert (el autor de Duna).
Pero más allá de eso, las obras de Philip
K. Dick son extremadamente inteligentes. Es un autor
de sci fi más existencialista que Bradbury
o Asimov. Sorprendentemente, sus adaptaciones al cine
han desembocado en vehículos de acción
más que en cine arte, que sería el destino
natural de sus novelas. Blade Runner se alza
como la más respetuosa y fiel a los propósitos
del autor, realzando las ideas de éste con las
de Ridley Scott, que transforman al film en un clásico
instantáneo.
En primer lugar, está la concepción que
hace Scott del futuro. Las ciudades son bizarros hormigueros
arquitectónicos y culturales, sumidos bajo una
capa de polución. Las corporaciones dominan todo,
las metrópolis son gigantescos rompecabezas que
albergan enormes fábricas en su interior, y el
cielo se encuentra totalmente cubierto, sumiendo a la
ciudad en una noche tormentosa constante. Es una visión
revolucionaria de los futuros pristinos que solía
presentar la ciencia ficción hasta ese entonces,
con la población sumida en anónimos uniformes
(¿una concepción maoísta del
futuro?) o en ridículas togas romanas. Tal
como George Lucas en La Guerra
de las Galaxias, el futuro es para Scott sucio,
multicultural y usado. La ciudad de Los Angeles en el
2017 es una visión bastante lógica y realista
de lo que puede pasar en unos años. Posiblemente
el modelo seguido sea Tokio - aunque numerosos pasajes
del film ilustran una convivencia en términos
de paridad entre las culturas china y occidental -.
El modelo de Scott sería imitado por numerosos
filmes de sci fi a partir de los años
80.
En segundo lugar, está la concepción visual
del film, que es fascinante. La fotografía es impecable,
con luces indirectas y tenues, salones enormes, y exteriores
en penumbras. Scott recrea cierto clima del film noir,
pero también de la época de oro de la ciencia
ficción alemana de los años 20. Las construcciones
son arquitectónicamente tortuosas y bizarras, hay
una mezcla de lo viejo y de lo nuevo (como el edificio
donde vive Sebastian, o los autos antiguos equipados modernamente
que ruedan por las calles). Los trajes van desde lo futurista
hasta una estilización del glamour de los años
40. En lo estético, Blade Runner es magistral.
Y en tercer lugar, está la trama del film en
sí. Ciertamente la historia es bastante episódica,
pero Scott la desarrolla con largos intervalos donde
descubrimos cosas de estos personajes. Realmente no
todos los papeles están bien desarrollados: los
replicantes llevan la voz de mando en el relato, mientras
que el papel de Deckard resulta algo tosco - y tampoco
Harrison Ford colabora para realzarlo -. La interpretación
de Ford se ve más justificada en la llamada "versión
del director", pero resulta claro que no es
el actor ideal para realizar una caracterización
que merece tocar cuerdas más sensibles.
El tema aquí pasa por la naturaleza ambivalente
de los replicantes. En ciertos momentos, se antojan
como creaturas asustadas, peleando por su vida. Pero
en otros casos son pintados como personajes sádicos
y terribles. Las imágenes de Rutger Hauer destrozando
a Tyrell son impresionantes, y su Roy Batty roza por
momentos la locura más que la confusión
de sentimientos. A veces uno percibe que más
que reflejar la inestabilidad emocional, los actores
disparan distintos rangos que rozan la sobreactuación,
en especial Hauer y Hannah. La impresión general
es que el guión no sabe muy bien como definirlos,
si como víctimas, monstruos, o vengadores. Por
un lado está Leon, que convive con Zhora, y se
fabrica recuerdos a base de fotos intrascendentes. Pero
por otro, cuando deben defenderse resultan despiadados
y crueles, como la golpiza de Leon a Deckard en el callejón.
Quizás la mejor expresión sea la de Joanna
Cassidy como la nudista encantadora de serpientes, que
alterna entre la violencia y la desesperación
cuando Deckard le da caza.Y Batty obtiene cierta redención
en su ocaso, cuando le cuenta sus vivencias a Deckard
mientras la vida se le escapa como la paloma que tenía
atrapada en la mano.
Mientras el film le dedica mayor tiempo de pantalla
a los replicantes, prueba un par de cosas con la trama
de Deckard. Acá es donde comienzan las diferencias
entre la versión original y "el corte
del director". En el original, hay un monólogo
inicial y otro final de Harrison Ford como para setear
el clima de film negro, que son eliminados en la versión
especial (que a mi gusto, omitirlos no es una decisión
feliz de Scott, ya que le daban algo más de sabor
a Deckard). También está más trabajada
la escena del encuentro de Deckard con Rachel en el
departamento. Aquí es donde comienzan los indicios
de que Deckard puede ser un replicante : posee un piano
lleno de fotos realmente dispares, se queda brevemente
dormido y sueña con un unicornio, e incluso cuando
discute con Rachel en la cocina y le susurra al oído
desde las penumbras unas frases podemos ver un reflejo
metálico en sus ojos, similar al de los replicantes.
Sus actitudes torpes y distraídas cuando recibe
los informes de las muertes (o la forzada seducción
de Rachel); cuando Rachel le pregunta si él mismo
se ha hecho el test Voight Kampff (y Deckard
se queda oportunamente dormido). Y por supuesto, el
final de la versión del director, que omite la
escena del escape de Rachel y Deckard hacia un paraíso
verde (¿adónde, si la polución
ha contaminado el planeta, e incluso los animales son
replicados genéticamente?), donde el detective
dice que Rachel es el único modelo de replicante
sin fecha de expiración. En cambio, el corte
del director muestra a Deckard encontrando un unicornio
hecho por Gaff - similar al de sus recuerdos ¿implantados?
-, y saliendo con Rachel por el ascensor. Ciertamente
la versión del director tiene un final más
abrupto, que requería de una escena adicional
y no simplemente una puerta cerrándose.
Blade Runner tiene, sin duda, sus ocasionales
fallos pero la impresionante lista de méritos
termina por sepultarlos. Es un film esencial, una película
de climas y estéticas (gracias a la fotografía,
los fabulosos efectos especiales de John Dykstra y la
música impresionante de Vangelis), que quizás
no termine de desarrollar todo el discurso existencialista
que posee de trasfondo, pero sin duda es una cinta de
enorme influencia. |