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USA, 2002 : Wesley
Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Leonor Varela (Nyssa), Norman Reedus
(Scud), Ron Perlman (Reinhardt), Thomas Kretschmann (Eli Damaskinos), Luke Goss
(Jared Nomak), Danny John-Jules (Assad), Daz Crawford (Lighthammer), Matt Schulze
(Chupa), Marit Vaille Kile (Verlaine), Tony Curran (Priest), Donnie Yen (Snowman),
Karel Roden (Kounen) Director - Guillermo del Toro, Guión
- David S. Goyer, basados en el comic de la Marvel creado por Gene Colan &
Marv Wolfmank, Musica - Marco Beltrami & Buck Sanders |
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TRAMA
: Blade logra rescatar a Whistler de ser convertido en vampiro,
después de años de cautiverio. Pero el clan de los vampiros
contacta al Caminante Diurno y le propone una insólita alianza.
La aparición de una mutación genética, superpoderosa
y que está depredando a vampiros y humanos por igual, pone
en riesgo la supervivencia de ambos bandos, quienes deciden hacer
una tregua. El portador original es Jared Nomak, quien desata cruentas
matanzas en donde sus víctimas terminan por convertirse en
mutaciones que responden a sus órdenes. Blade y un grupo de
élite de vampiros, comandados por la hija del líder
del clan, Nyssa, y el volátil Reinhardt, decide atacar al grupo
de mutantes. Pero nada es lo que parece, y pronto la sombra de la
traición se cerninará sobre Blade y sus aliados. |
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Esta es la primer secuela de Blade (1998). Ya hemos comentado sobre los
orígenes del personaje en la reseña de Blade:
Trinity. Blade era un personaje menor de la Marvel que sirvió
como prueba piloto de toda una nueva camada de adaptaciones a la pantalla grande
de comics de la conocida editora. El suceso de Blade terminaría
por ser la cabeza de playa de toda una larga serie de films producidos entre la
Marvel y los estudios, como Hulk, Spiderman,
Daredevil, XMen y un largo etcétera.
Es obvio que Blade no era una apuesta arriesgada. Al contrario de de
otros personajes canónicos de la Marvel, muchos espectadores recién
se enteraron al ver el film que se trataba de un super héroe de comic,
con lo cual esto permitió a los realizadores trabajar con mayor libertad
a la hora de plantear los guiones y encausar el proyecto. Muy diferente hubiera
sido arrancar con Spiderman, de quien todos conocemos la historia y los
villanos, y que el mismo hubiera terminado en fracaso.
Mientras que el primer film estaba correcto pero no era demasiado trascendente,
Blade II es una vorágine de acción espectacular. Eso no significa
que sea una obra maestra, pero es una formidable sobredosis de adrenalina que
transforma a la película en un entretenimiento excelente. El mérito
de Blade II se basa en Guillermo del Toro, un cineasta mexicano que había
dado pruebas de su gusto por el cine fantástico con Cronos (1993)
y que después se pasaría a Hollywood con la correcta Mimic
(1997). Pero el gran destape de del Toro se produciría en el comienzo del
nuevo milenio, con la española El Espinazo del Diablo (2001), Blade
II (2002) y la excelente Hellboy (2004). Todo este
pedigree lo llevaría a ser candidato de encargarse del proyecto
de precuelas de El Señor de los Anillos
(concretamente de dos filmes basados en la novela El Hobbit), algo que
parece firme hasta ahora.
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Las secuencias de acción son formidables; es obvio que del Toro ha estudiado
Matrix, y se ha despachado con algunas recetas propias.
A la hora de las peleas y balaceras, el film entra en una modalidad hiper kinética
fabulosa, que no sólo asombra sino que permite seguir el transcurso de
la acción perfectamente - al contrario de Michael Bay y otros realizadores
que utilizan cámara en movimiento de manera desquiciada y mareante -. No
sólo del Toro logra que la acción sea elegante y novedosa, sino
que contribuye a generar todo un clima gótico futurista que realza a la
historia. Es una excelente atmósfera de comic.
No todo el guión cuaja bien con la primera entrega, en especial la subtrama
del secuestro de Whistler que parece un emparche rápido y es velozmente
olvidado en los primeros minutos del film. No importa. Cuando Nomak aparece
en escena y comienza a producir las carnicerías, es realmente shockeante.
Se transforma en un villano de temer. Lo que sigue es adrenalina pura con algunos
toques elegantes, aunque lamentablemente el guión decide terminar por cercenar
un puñado de excelentes ideas sobre el final de la película para
darle una conclusión. Pero la idea de que Blade y la hija del clan de los
vampiros mantengan una relación amorosa platónica, o bien el concepto
de los vampiros organizados como un clan familiar (y una corporación económica)
es fascinante. Cuanto más se ve a este film, uno más se da cuenta
de todas las ideas que Underworld ha robado de esta
saga. Existe una sensación de deja vu al ver a Eli Damaskinos (interpretado
por un irreconocible Thomas Kretschmann, el capitán del barco de King
Kong y villano de Resident Evil: Apocalipsis)
metiéndose en la bañera con sangre y y recordar a Bill Nighy haciendo
cosas similares en Underworld.
Lo que es interesante notar es que el libreto lleva todo el fetichismo del
cuero negro de Matrix (y obras similares) al siguiente
estamento y a su conclusión lógica. Mientras que usualmente, tanto
héroe como villano están vestidos en cuero como un simple aditamento
fashion, aquí todo ese fetichismo no es más que la expresión
de una cultura sado masoquista subterránea que profesan los protagonistas.
Uno podría pensar que las vestimentas del escuadrón de élite
de los vampiros raya en lo ridículo (en especial el gigante que se pasea
con el hacha) hasta que uno ve la escena de la Casa del Dolor, en donde hordas
de vampiros se desenfrenan en una orgía de flagelaciones placenteras (e
inofensivas en virtud de su inmortalidad). Es una observación sencillamente
brillante.
A mi juicio el film bien se podría haber partido en dos, y esa siguiente
secuela posiblemente hubiera resultado superior a Blade:
Trinity, si bien la tercera entrega es muy buena en sus propios términos.
Lo único que uno lamenta es que estos personajes interesantes sólo
están presentes en éste film.
En cuanto a las perfomances, Wesley Snipes sigue radiando carisma. Es curioso
notar que ésta es una saga que daba para mucho más que tres entregas,
pero posiblemente el divismo desmedido de Snipes haya contribuído a que
la historia terminara por reciclarse en una serie de TV que sólo duró
12 episodios (a esta altura Snipes ya estaba dejando de ser primera figura, sacando
productos directos a video tal como Steven Seagal o Jean Claude Van Damme). Está
el amigo de todos nosotros, Ron Perlman, robando escenas como de costumbre. El
mencionado Krestchmann, que parece algo restringido en su papel. Y si hay alguien
que desentona es Leonor Varela, que es una actriz muy dura (en todo sentido) y
que carece del carisma que exigía el papel. No tiene misterio y actuando
es de madera terciada. |
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