Director
- Dmitriy Kiselev & Aleksandr Voytinskiy, Guión
- Dmitriy Aleynikov & Aleksandr Talal
TRAMA : Dima estudia en la
universidad de Moscú y es un joven de modestos
recursos. Sus compañeros de clase tienen más
éxito con las chicas gracias a que poseen coches
nuevos y caros. Viendo la tristeza del joven, su padre
le compra un viejo Volga 21, el que se encuentra
en muy mal estado pero al menos funciona. Para Dima
andar con semejante auto es un bochorno; pero un día,
accidentalmente, acciona un comando secreto y el Volga
se transforma en un coche volador. Mientras tanto Viktor
Alexandrovich Kupstov ha estado buscando un motor catalizador
de nanocombustible - una fuente inagotable de
energía -, con la cual habían estado experimentando
en la vieja Unión Soviética en los años
50, y que precisa para activar un poderoso taladro excavador
que le permitirá extraer diamantes en la capa
subterránea bajo Moscú. Al enterarse por
los diarios de la existencia del auto volador - al cual
apodan "el relámpago negro"
-, Kupstov está convencido que el coche posee
el dichoso catalizador e intentará obtenerlo
por todos los medios, llegando incluso a matar al padre
de Dima. Ahora el enfrentamiento entre el millonario
y el joven es a muerte, y se resolverá sobre
el cielo de Moscú.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia.
trailer
de Relámpago Negro
Esta fumada película procede de Rusia y
está producida por el nuevo pope cinematográfico
local, Timur Bekmambetov, director de Wanted
- Se Busca y productor de Numero
9. Aunque la idea parece realmente estúpida,
uno se termina por enganchar con el filme después
de ver el trailer en donde un Volga Gaz 21 de 1966
(una especie de Siam Di Tella ruso) vuela los cielos
de Moscú como si fuera la versión sicodélica
y pobre del coche de Will Smith y Tommy Lee Jones de Hombres
de Negro. El tema es que, una vez terminada la cinta,
termina por convencerse de que la impresión
inicial era la correcta.
El cine ruso viene dando
pasos acelerados para generar producciones fantásticas
de calidad internacional. Ellos han tenido una larga
tradición de filmografía sci fi
gracias al respaldo estatal en su momento, en donde
la política quería utilizar al cine como
propaganda del pro hombre soviético, y sus obras
estaban basadas en la abundante literatura rusa de género,
lo que le ha dado un molde más intelectual e
idealista. Pero con la caída del comunismo y
la modernización / globalización de Rusia,
la industria local terminaría por ser influenciada
por la narrativa cinematográfica norteamericana.
No hay nada más lejos de la esencia de la narrativa
intelectual rusa (al estilo del Solaris
de Tarkovsky) que Guardianes
de la Noche. Tras esa movida iniciada por Timur
Bekmambetov, vendría la secuela Guardianes
del Dia (2006) y otras cosas más substanciosas
como la bilogía de La Isla Habitada (2008
- 2009). Y, en el medio de todo ello, se colaría
Relámpago Negro.
En sí, Relámpago Negro no es más
que un intento de hacer un superhéroe ruso utilizando
el molde narrativo de Spiderman.
Acá la historia es casi idéntica - la
sigue de manera demasiado lineal, para mi gusto
-, y ése es uno de los puntos en contra del film.
No es que Dima sea picado por un Volga 1966 y se
convierta en un auto volador (algo estúpido
pero que hubiera sido interesante de ver!!), pero el
esquema estudiante pobre va a la universidad /
niña bonita que no le da bola / accidente superheroico
/ muerte del padre / deseo justiciero e identidad oculta
es una copia textual de la génesis del superhéroe
de la Marvel. Incluso acá el chico reparte
flores en vez de pizza y utiliza su auto especial
/ superpoder para hacer las entregas. En ese sentido
Black Lightning me hace acordar a las versiones
bollywoodenses de éxitos cinematográficos
norteamericanos, que roban todo el guión de un
filme conocido - desde Identidad (2003) hasta
la trilogía de Crepúsculo
- y reemplazan a los protagonistas por actores hindúes.
Al menos aquí el libreto mete algunas ideas propias,
aunque el resto de su base intelectual spidermaniana
queda en evidencia a los cinco minutos que comenzada
la película. El otro tema es que, cuando el libreto
debe abandonar ese esquema y crear un cierre propio,
empieza a deshacerse muy mal. En los últimos
20 minutos de Black Lightning la credibilidad
del filme explota por los aires, comenzando por revelaciones
de último momento (no muy convincentes) y siguiendo
por un duelo de tutús voladores por los
cielos de Moscú. Mal día para que
los guionistas abandonen el vodka.
Sin embargo, y a pesar de todas sus pifias, hay un par
de méritos que salvan a Relámpago Negro
de la hoguera. El primero es el apartado visual, que es
impecable y está rodado de manera excitante (no
sería de extrañar que Timur B. haya participado
en dichas escenas). En un momento un camión sin
control se dirige hacia una mujer con un bebé,
y el Volga volador sale de la nada, golpeándolo
de costado en cámara lenta (y no parecen efectos
especiales, sino que hubieran tomado un auto real y lo
hubieran disparado con una grúa contra el camión).
El otro punto es que esta aventura de superhéroe
a la rusa tiene otras lecturas en semejante contexto.
En el fondo de Relámpago Negro hay un discurso
de protesta en contra de la globalización de Rusia
y la pérdida de los valores tradicionales (que
no significan, necesariamente, valores pro soviéticos).
El bueno maneja un Volga, el villano maneja un
Mercedes Benz. Los chetos de la universidad usan
Mercedes, tienen Iphones y hablan un slang
casi yanqui. Dima trabaja, es pobre, en su casa come con
lo justo y toma el tranvía, por contra a esa juventud
americanizada y banal. Incluso esa banalidad llega a cuestiones
morales como la solidaridad - el padre de Dima fallece
porque el muchacho no le da bolilla a una anciana que
ha presenciado el crimen y le pide que le ayude, desconociendo
el joven la identidad de la víctima -. Uno nota
en Relámpago Negro cierta furia reprimida
contra el desprecio actual por la idiosincracia nacional
y el abrazo a valores extranjeros, lujosos y superficiales.
Es algo similar a lo que ocurre en la sociedad japonesa,
rígida y moralista, que se ha visto inundada de
una juventud rebelde y americanizada. Eso termina por
traducirse en un par de detalles curiosos que quizás
deberían haber sido mejor explotados y, con lo
cual, El Rayo Negro hubiera terminado siendo un
filme mejor y con mayor personalidad. Así como
está, es una copia mediocre de Spiderman
(o si se quiere, una versión rusa de Zenitram)
con un par de escenas logradas en lo visual y otro par
de ideas interesantes pero minimizadas de manera injusta.
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