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Es difícil no ser
polémico al analizar un filme religioso.
Muchos pueden pensar que la crítica a lo
artístico es también una crítica
al dogma y un ataque a la fe, con lo cual queda
demostrado que aún existe mucha gente que
acepta la religión tal cual es, sin cuestionar
ni un ápice de sus postulados. En lo personal,
la religión de cada uno es un acto de fe
por lo cual uno acepta la existencia de algo superior
y sobrenatural como chispa provocadora del movimiento
del universo. Existe un límite de lo que
puede demostrar la ciencia, tras lo cual extiende
sus reinos la religión; y, por otra parte,
existe la fe en un mas allá, como consuelo
indispensable de que el fin de la vida tiene un
propósito o continuidad, y de que no nos
vamos a quedar solos cuando pasemos a otro plano
existencial.
Pero a su vez, mi formación racionalista me impide aceptar a ciegas
cualquier postulado que pueda considerar injusto,
aún cuando provenga de una escritura sagrada.
Yo no creo en la obediencia debida y automática
de órdenes que pueden ser punitivas y/o
que sometan a las personas a condiciones denigrantes.
Uno debe considerar que las escrituras - en
cualquier religión - datan de varios
milenios y que han sido escritas en condiciones
muy diferentes a las actuales. Y, considerando
a dichos escritos como un conjunto de reglas de
conducta, marcaban una serie de condiciones estrictas
cuya violación merecía un castigo
severo. Pero ello responde a que la gente, en
aquellos tiempos, obedecía más a
un libro sagrado que a un edicto real. Yo suelo
citar el caso de la prohibición de consumir
cerdo - o la circuncisión - que
son prácticas habituales de la religión
judía, y que correspondían a postulados
básicos relativos a higiene y salud. La
carne de cerdo, en el calor del desierto - en
donde vivían los hebreos -, se descompone
en muy poco tiempo; para que el pueblo entienda
dicha regla (no consumir carne de cerdo en mal
estado) era necesario incluirla en el texto de
las escrituras. De ese modo los libros sagrados
contenían reglas morales, de conducta y
hasta de mínima supervivencia, indispensables
para que el pueblo subsistiera en las duras condiciones
en que debía vivir en aquel entonces.
Tras toda esta perorata, intentaré dejar
en claro mi postura frente a La Biblia
(el libro). La primera parte es un conjunto de
dogmas durísimos, matizados por una narración
ampulosa y grandes efectos especiales. Pero el
Dios del Antiguo Testamento es tan severo, guerrero
y caprichoso, que en ningún momento se
me hace cercano en lo espiritual. El es una figura
de cuidado, como un padre violento y estricto
al cual uno le tiene que tener más temor
más que respeto. Si bien lo que uno analiza
aquí es una superproducción de cartón
pintado y demasiadas ínfulas en lo artístico,
no por ello uno deja de ver la verdadera naturaleza
del texto. Hay cuestiones fundamentales que son
contradictorias - si Dios creó el Edén,
¿por qué puso a la serpiente y al
árbol con las manzanas?; ¿por qué
debió hacer sufrir tanto a Abraham, y llevarlo
al extremo de tener que empuñar un puñal
para sacrificar su propio hijo? ¿por qué
Dios realizaba frecuentes depuraciones de la raza
humana, si al fin y al cabo para ello les dió
libre albedrío? -, y en todos los casos
la figura divina que surge es autoritaria y caprichosa.
Quizás todo esto pase por una discusión
teológica que excede a esta columna - ¿por
qué encastrar el Antiguo Testamento con
el Nuevo, si la figura de Dios cambia de manera
radical de una a otra parte? - y que va mucho
mas allá de las pretensiones de los cineastas
responsables de esta obra.
Llegando a La Biblia: En el Comienzo...,
uno debe admitir de entrada que el filme es un
monumento al aburrimiento. El problema no es la
historia sino el director John Houston, que es
tan respetuoso y solemne que ralentiza todo hasta
el punto de dejar inerte al relato. 15 minutos
del Génesis es demasiado, y todos los segmentos
parecen demorar siglos - los actores disparan
una línea cada cinco minutos -. Para
colmo, pareciera que el libreto no está
dispuesto a quitar ni una coma de los textos sagrados
(¿no entienden que esto es una adaptación,
no una reproducción textual?). Hubiera
sido más emocionante poner a un tipo en
una banqueta, leyendo la Biblia en voz alta, al
estilo de lo que aparecía en Increíble
Pero Falso.
El guión es demasiado estoico. Por otra
parte Houston, cuando decide soltarse, logra cosas
interesantes. En lo visual Houston resuelve muchas
cosas de manera brillante - la visión
de la serpiente del Edén, como un hombre
oscuro que repta sobre las ramas del arbol de
la ciencia; toda la secuencia del Arca de Noé,
que por lejos es lo mejor del filme; la breve
pero intensa secuencia de la Torre de Babel; y
la excepcional escena con los tres ángeles
que encarna Peter O´Toole, los cuales exterminan
a Sodoma y Gomorra con una bomba atómica
(!) -, pero en otras pareciera ser una imitación
barata de los espectáculos bíblicos
que manejaba, con mucha mas destreza, Cecil B.
DeMille. Todo esto da un balance muy imperfecto:
por un lado el filme logra generar un puñado
de secuencias memorables pero, por otra parte,
es un bodoque de tres horas de duración
que se mueve a paso de tortuga y que falla completamente
a la hora de emocionar (que, en definitiva, es
el propósito de todo filme religioso).
La Biblia: En el Comienzo... es una película
despareja. Tiene sus momentos, pero le demanda
mucha paciencia al espectador. La secuencia final
(y más larga) es la historia de Abraham,
y realmente se hace eterna. Y esa solemnidad es
la que termina por poner al filme en estado de
coma, uno que recién termina cuando se
prenden las luces de la sala. |