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Beowulf es considerada como la primera ficción heroica de la historia.
Es un poema escrito entre los siglos IX y XI que narra las aventuras del héroe
del título, enfrentado a todo tipo de criaturas fantásticas. Si
bien tiene visos de leyenda, hallazgos arqueológicos realizados en el siglo
XX han terminado por demostrar que algunos de los personajes así como las
locaciones del relato están basados en la realidad - por ejemplo, se han
encontrado restos de los que podría haber sido el salón real del
rey Hrothgar y que se menciona en el film -. El poema estuvo en manos privadas
y separado de la vista del público durante muchos siglos, hasta que en
el siglo XIX fue traducido y publicado.
En los últimos años han existido varias adaptaciones del relato,
tanto con Christopher Lambert como con Gerard Butler interpretando al héroe
del título. Pero no sería hasta el 2007, con este proyecto de Robert
Zemeckis (Forrest Gump, Contacto) que la historia tuviera una versión
realmente popular.
Robert Zemeckis es un director que ha surgido de las filas de un grupo de cineastas
enrolados por Steven Spielberg en los años ochenta, cuando éste
intentaba generar una fuerza artística propia dentro de la industria -
que terminaría por dar a luz a su productora Amblin primero, y después
a los estudios Dreamworks -. De toda esa troupe - John Landis, Joe Dante,
etc - Zemeckis es sin dudas el que mayor talento posee. Ha terminado por desarrollar
una carrera impecable, de la cual se destaca sus esfuerzos por probar con tecnologías
cinematográficas de punta. Desde la fusión de humanos y dibujos
animados conviviendo en la misma escena en ¿Quien Engañó
a Roger Rabbit?, pasando por los collages de actores y personajes históricos
en Forrest Gump hasta su primer experimento con animación fotorrealista
en El Expreso Polar, el director siempre ha estado en la avanzada de nuevas
técnicas de filmación, amén de demostrar una capacidad camaleónica
para rodar cualquier tipo de estilo de relatos con igual intensidad y calidad.
En los últimos años Zemeckis también ha montado su propia
productora, la Dark Castle Productions, que se ha especializado primeramente
en realizar remakes de cintas del director de culto William Castle (House
on Haunted Hill, 13 Ghosts, etc).
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Aquí Zemeckis vuelve a retomar el hilo de la animación fotorrealista,
una técnica que presentó al mundo con El Expreso Polar. Los
actores representan sus papeles y sus movimientos son capturados en computadora,
insertándolos en mundos virtuales. Realmente es una técnica que
plantea fabulosas posibilidades, desde la creación de escenarios fantásticos,
la posibilidad de manipular la cámara como el director desee, la modificación
de las características físicas de los personajes a voluntad, pasando
por monumentales escenas de acción que resultarían mucho más
caras de realizar en un film standard plagado de CGI.
Pero el tema pasa aquí precisamente por el uso de dicha técnica,
la cual resulta ambiciosa pero que aún necesita madurar. Mientras que en
escenas desarrolladas a plena luz del día son impecables, por otro lado
las secuencias que tienen lugar a la noche resultan bastante desparejas. La animación
de movimientos a veces deja bastante que desear, la expresividad de los ojos es
neutra, y por momentos el problema de perspectivas en las escenas nocturnas termina
por darle una fisonomía de cartoon a los caracteres que no es la
deseada. La secuencia inicial en el salón del Rey Hrothgar no difiere mucho
de las escenas de cantina de Shrek. A esto se suman algunas decisiones
artísticas no muy felices, como el diseño de Grendel que raya en
lo bizarro o el exagerado respeto por la apariencia física de Anthony Hopkins,
que luce demasiado gordo y débil para quien se supone que es un poderoso
rey guerrero entrado en años (al pensar en un caracter similar, así
hubiera sido mejor perfilarlo como un Schwarzenegger maduro al estilo Conan,
o al menos en un respetable anciano guerrero como Theoden en El
Señor de los Anillos, que resultaban más dignos). A su vez la
elección de Ray Winstone como Beowulf resulta algo discutible, tanto por
su perfomance vocal como por su expresividad y apariencia que han sido enormemente
retocados (como diría James Bernardelli, "si van a modificar la
voz y la apariencia de un actor para que parezca Sean Bean...¿por qué
no contratan directamente a Sean Bean?"). Muchas de estas elecciones
artísticas resultan a veces distractivas y rompen la magia del momento.
Pero si uno omite esas distracciones (o la bizarra secuencia inicial del primer
ataque de Grendel), es un film más que interesante. Zemeckis no precisa
desplegar enormes ejércitos para realizar una historia épica. Sin
dudas Beowulf es un personaje bidimensional en todo sentido, propio del género,
pero la película se las ingenia para darle un costado interesante, fundamentalmente
por la ambiguedad moral del mismo. Estos son añadidos que los guionistas
(Roger Avary, frecuente socio de Tarantino, y el libretista de comics Neil Gailman)
agregan de su propio pecunio a la trama. En el poema original el relato funciona
de una manera clásica y lineal, pero aquí los libretistas suman
todo el esquema de relaciones incestuosas entre reyes y demonios, lo que muestra
el costado débil de los héroes - la ambición por el poder
- y termina por predestinarlos a la tragedia. Es un giro de tuerca realmente sorprendente
que, si se quiere, termina por demostrar a la larga la grandeza del héroe
- el climax no es más que la reivindicación de Beowulf de sus propios
pecados -. Citando ahora a Richard Scheib, es tan inesperado como si Aragorn se
hubiera aliado con Saruman a último momento en El
Señor de los Anillos.
El film se las arregla para construir un relato realmente adulto, con desnudos
y carnicería incluídos. Es un saludable regreso a la madurez del
género, ya que desde El Señor
de los Anillos y 300 (y con algunas excepciones como
Cruzada), ultimamente sólo se han visto batallas asépticas
en el cine épico. A su vez Zemeckis lograr generar excelentes escenas de
acción y tensión, lo que transforman al film en un espectáculo
sólido y de lo más destacable de su género dentro de lo visto
en los últimos años.
Es una película más que recomendable, siempre que el espectador
pueda omitir las faltas mencionadas. A mi juicio, si Beowulf hubiera sido
rodado con otras técnicas más pulidas (como actores sobre pantalla
azul, al estilo de 300), hubiera culminado en un clásico.
Así como está, los problemas de estética lastran el film
y le quitan algunos puntos para lo que podría haber sido memorable. |
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