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Los Misterianos (The Mysterians - 1957) es posiblemente el gran clásico
de la ciencia ficción japonesa. No tanto por su calidad en dirección,
FX o argumentos, sino por el simple hecho de ser la piedra fundacional del género
en tierras niponas. Eran los tiempos iniciales en que la Toho se estaba
decantando hacia la sci fi, partiendo del enorme éxito que supuso
Godzilla (1954).
Si Godzilla es un filme inspirado en The Beast from af 20.000 Fathoms
(1953), The Mysterians es sin duda la respuesta nipona a War
of the Worlds (1953). Es una space opera con todas las de la ley: invasiones
alienígenas, destrucción masiva de ciudades, exhibición de
fabulosas tecnologías, la Tierra unida toda en contra de los agresores,
etc. Batlle in Outer Space es una suerte de continuación de The
Mysterians : varios personajes como el Profesor Adachi y el Dr. Immerman regresan
en esta película, aunque interpretados por otros actores.
Resulta gracioso un comentario que he leído en un blog acerca
de lo que entienden los japoneses como una secuela. Mientras que en Occidente
se realizan profundos debates sobre los puntos y comas utilizados por George Lucas
en toda la saga de Star Wars (si hechos y diálogos
de las precuelas contradicen a la trilogía original), los japoneses tiran
todo tipo de coherencia por la borda. Sucede en este film y, por supuesto, en
toda la serie de Godzilla, donde personajes van y vienen, se refieren a
filmes anteriores pero se indican otras cosas totalmente contrarias, los mismos
caracteres son representados por actores diferentes, y en general hay una amnesia
generalizada de las cosas que le convienen a los guionistas. Si bien la humanidad
ha avanzado enormemente en este 1965 alternativo, después de asimilar tecnologías
de la ultima y fallida invasión alienígena, en ningún momento
se menciona a los Misterianos. Algunos conceptos son reciclados, pero existe una
conexión muy vaga entre los filmes, todo en aras de la creatividad.
Battle in Outer Space es un despliegue impresionante. Es una producción
de la Toho absolutamente espectacular, superior técnicamente a cualquier
otro filme americano de la época (con excepción de las películas
de George Pal o Ray Harryhausen), e incluso a producciones posteriores del mismo
estudio. Hay enormes movilizaciones de extras, gigantescos decorados, enormes
naves, y un sentido de calidad muy alto, superior incluso al otro film estrella
del estudio que es Godzilla. Eso no quita de que haya maquetas obviamente
falsas, o insertados matte mal terminados, pero el 80% de los FX es realmente
fascinante y bien hecho. Resulta asombroso ver semejante despliegue en una película
de principios de los 60.
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El tema que no ha terminado de asimilar la Toho es que, para esos años,
la ciencia ficción era un género de minorías, un típico
producto clase B. Hasta La Guerra de las Galaxias
(1977), ningún film de sci fi se convirtió en un espectáculo
de masas (con excepción de la mencionada version 1953 de La
Guerra de los Mundos). Es por ello que esta producción es demasiado
cara para su época, y por ello buenas partes de su metraje serán
reciclados en otras películas posteriores de la Toho (sin ir más
lejos, algunas escenas especiales son reutilizadas en la comentada King
Kong vs Godzilla).
Pero a pesar de la abundancia de calidad en efectos visuales originales, no
es una película bien construída dramáticamente. Cae en muchos
clisés de la ciencia ficción de la época, con personajes
acartonados, dialogos tontos, alienígenas despiadados, científicos
al mando de las fuerzas militares, las Naciones Unidas como centro de debate
mundial, etc, etc. Lo rescatable es que Inoshiro Honda le pone un gran brío
al relato con lo cual las situaciones dudosas o no bien resueltas son sepultadas
por una catarata de sucesos. El filme funciona más en un sentido documental
que dramático - sólo le falta un locutor que despliegue un discurso
panfletario de cómo la humanidad olvida sus diferencias para hacer frente
al agresor común -. Además, como otra característica del
cine fantástico japonés, los personajes no son tridimensionales
sino simples testigos de los hechos que pasan, y que se encargan de explicar en
voz alta al espectador lo que sucede o va a ocurrir. Esto es más obvio
en la saga de Godzilla, donde el monstruo no habla y los personajes interpretan
lo que hace el gigante verde.
Lo que es interesante ver, y que en su momento ya hemos comentado, es el enfoque
naif de las Naciones Unidas como una suerte de gobierno mundial
para las emergencias. Este es un tema recurrente en space operas de los
50 y 60, pero en los filmes japoneses tiene otro sentido. Si Godzilla es
una metafora del horror atómico, y puede incluso hasta interpretarse como
una suerte de represalia de y hacia los japoneses por sus elecciones en la Segunda
Guerra Mundial (es una figura japonesa que asola constantemente a las tierras
niponas, castigando y recordándoles que son los perdedores de la guerra,
que él es una consecuencia de haber elegido el bando incorrecto; una suerte
de represor moral), el enfoque utópico de la humanidad unida contra la
agresión exterior tiene cierto sabor a revancha. Ahora Japón está
unido a los demás, no en su contra, e incluso lidera las acciones de la
humanidad contra esta nueva amenaza (como diciendo que ahora ellos han elegido
el bando correcto y que se encuentran integrados con el resto del mundo). Es interesante
ver esta suerte de lamento subliminal en la ciencia ficción japonesa, donde
siempre las referencias terminan siendo vinculadas a la evolución de la
post guerra.
Pero dejando de lado estos análisis, Battle In Outer Space es
un film absolutamente entretenido. Es un espectáculo juvenil, hueco dramáticamente,
pero nunca aburre. Es un brillante ejemplo de ciencia ficción a la antigua,
con todos sus defectos y virtudes, el acartonamiento de sus argumentos y el estereotipamiento
de sus personajes, pero que siempre mantiene al espectador ocupado con las ocurrencias
de un guión cargado de historias. Como por ejemplo, en el comando enviado
a la Luna - que podría suponer ser el final del filme -, que está
filmado con buen nervio (a pesar de un par de escenas ridículas como el
encuentro de la astronauta con los alienígenas, tan violentos como un teletubby),
pero que termina siendo el prólogo para el grand finale - la embestida
desesperada de los habitantes de Natal -, y que culmina con una abundante destrucción
de maquetas representando a conocidas ciudades del globo. El libreto abunda en
hechos a narrar, e Inoshiro Honda se ocupa de hacerlo del mejor modo posible. |
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