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TRAMA : El coronel Martin Hessler es llamado
por los altos mandos alemanes para lanzar la última
gran ofensiva contra las fuerzas invasoras aliadas.
Es puesto al mando de una escuadra de los modernos tanques
panzer King Tiger, fuertemente armados y blindados,
y deberá correr durante un lapso de 50 horas
en el corredor de los países bajos que desemboca
en la región de Las Ardenas. La idea es partir
en dos las fuerzas aliadas, y darle tiempo de respiro
para que el ejército nazi pueda completar la
producción de numerosas armas innovadoras como
cazas jet, bombas voladoras e incluso el proyecto de
una bomba atómica. Mientras tanto, el teniente
coronel Kiley, de la inteligencia norteamericana, ve
movimientos sospechosos en la zona y advierte a sus
superiores sobre la posibilidad de un gigantesco golpe
sorpresa por parte de los nazis. Ante el descreimiento
de los mismos, Kiley se maneja de modo independiente
- continuando con su acumulación de pruebas -
hasta que los nuevos panzer comienzan a asestar golpes
mortales a los ejércitos aliados. Y todo parece
indicar que la escalada al mando de Hessler es virtualmente
imparable.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Antes de El Señor
de los Anillos y Gladiador; y mucho antes de
la llegada a las pantallas de La
Guerra de las Galaxias, lo que Hollywood entendía
como cine épico se restringía a dos géneros:
el Peplum (o cine de griegos y romanos), y el cine
bélico. Ok, ocasionalmente se producían
algunos filmes sobre la caballería feudal de la
Edad Media, pero no son tantos en comparación con
los géneros ante mencionados.
Las películas de guerra me resultan particularmente
fascinantes, más allá que por norma no
son fieles a los hechos históricos que relatan.
Es interesante notar algunas características
que se reproducen en la mayoría de filmes del
género: primero, que ponen un mayor enfasis en
el detalle del bando aliado (o norteamericano) que en
el bando contrario. Estos filmes suelen tener multitudinarios
castings, y usualmente el 80% de los actores
conocidos juega del lado de los buenos. Segundo,
siempre terminan siendo panfletos políticos.
Si bien es cierto que las películas de guerra
se producieron desde los años 40 (durante la
misma Segunda Guerra Mundial, donde su caracter publicitario
era más que evidente) hasta fines de los 70,
siempre estos filmes terminan con un fuerte mensaje
pro americano, mejor o peor camuflado. Tercero, los
filmes de guerra se circunscriben en el 90% de los casos
a la Segunda Guerra Mundial.
Este es un factor importante. En el siglo XX hubo numerosas
guerras, pero la Segunda Guerra Mundial sin dudas
ha obtenido status de culto. Las razones son muy simples:
la Primera Gran Guerra no tuvo choques tan espectaculares
ni personajes tan conocidos. Hoy todo el mundo sabe
quién fue Eisenhower, Patton, Rommel, Montgomery,
etc. Es una cuestión de error de percepción,
ya que la Primera Guerra Mundial es vista como
una aburrida guerra de trincheras; además, el
abuso que hicieron los vencedores sobre las naciones
derrotadas es algo que prefirieron olvidar (sin ir más
lejos, abonaron el terreno donde germinaría el
nazismo). Pero después de la Segunda Guerra,
ningún otro conflicto sería resuelto de
modo tan "elegante" o con una victoria tan
espectacular. Ni la Guerra de Corea, ni mucho
menos la Guerra de Vietnam tuvieron la misma
recepción a nivel popular. Una terminó
con un empate técnico, y la otra fue una flagrante
derrota para los americanos.
Temáticamente la Segunda Guerra Mundial
es el sueño de cualquier productor de Hollywood.
Tenemos el bando de villanos (la Alemania Nazi, el Japón
imperial), y el bando de los buenos. Los malos muy malos
(el rígido imperio del mal, perverso y sádico)
y los buenos impecables y valientes (una masa de burócratas
que triunfan a partir de los heroísmos individuales
de personajes indisciplinados). Lo cual es una falacia
que terminó por convertirse en un clisé
del cine. A mí me resulta particularmente detestable
el perfil que se le suele dar al nazismo, que termina
por ser un ejército de locos y perversos, cuando
en realidad no es así. Esto de ningún
modo es una apología de la Alemania Nazi (mas
bien todo lo contrario), pero es absolutamente falso
reducir al nazismo al término de una caricatura.
El ejército alemán tenía soldados
que luchaban por su patria, y comandantes que abrazaban
la idea mesiánica de un imperio. El generalato
alemán pensaba que poseía una superioridad
racial, y disponían de algunos de los mejores
generales y científicos militares de la historia.
No era una nación de locos y estúpidos,
porque un grupo de idiotas no podría invadir
Europa y tener en jaque al resto del mundo. En todo
caso, los altos mandos nazis deberían ser perfilados
como un grupo de amorales con poder. Personas que consideran
al resto del mundo (a aquellos que no integran su grupo)
como objetos, y que despachaban / eliminaban a los mismos
en términos de su propia conveniencia. Es mucho
más escalofriante ver a un individuo sin conciencia
- o con valores morales atípicos - hablando sobre
eliminar expeditivamente a millones de seres humanos
sin mosquearse, que ver a un idiota uniformado riéndose
estúpidamente de su maldad. El perfil más
adecuado para retratar al nazismo es el que puede verse
en filmes como la excelente Conspiracion, donde
Kenneth Branagh resulta ser un personaje carismático
y agradable - incluso hasta un individuo con quien uno
podría compartir una mesa - que decide con absoluta
frialdad la eliminación de millones de judíos
en la llamada La Solución Final. Esa clase
de individuos - monstruos con piel de personas
-, que podrían estar entre nosotros, que se comportan
con absoluta naturalidad pero que poseen ideas totalmente
radicales y amorales acerca de quienes no integran su
clase, es un retrato mucho más terrorífico
y adecuado desde mi punto de vista.
Pero Hollywood ha dado muy pocas veces semejante perfil
al nazismo, y lo ha relegado al papel de villanos de cartón
pintado. Afortunadamente en este filme de 1965 le da algo
de tridimensionalidad a algunos personajes (el ficticio
general Hessler, su ayudante Conrad), pero siempre la
balanza es desigual, y hay mayor cantidad de actores conocidos
del bando aliado (a favor del filme debe mencionarse que
no hay tantos personajes en la trama, ya que los filmes
épicos de guerra suelen saturarse de tantos actores
que terminan por parecer una película Aeropuerto).
Esto también resulta en otra serie de clisés
del género, como que los generales aliados son
idiotas, y los soldados y oficiales inferiores terminan
salvando las papas del fuego gracias a su indisciplina
y a actos heroicos individuales. En el caso de La Batalla
de las Ardenas, el coronel que interpreta Dana Andrews
es absolutamente patético, limitándose a
negar cualquier cosa que Henry Fonda afirme. Y del mismo
modo, el general de Robert Ryan se limita a poner poses
heroicas, caras de circunstancia y sobre dramatizar cada
una de sus decisiones. Son personajes totalmente ineptos,
mientras que a Henry Fonda y un puñado de soldados
(Charles Bronson, Telly Savalas, James MacArthur) les
toca la tarea de corregir los errores de criterio de sus
superiores. Los clisés se repiten: el paternal
teniente que lidera un escuadrón de intrépidos,
el amoral soldado que hace negocios durante la guerra
pero termina por sucumbir al llamado del deber; el cobarde
que termina por redimirse con un gesto heroico que salva
el día...
Pero, por el lado de los nazis, si bien las cosas no
están mejor repartidas, el peso de la actuación
de Robert Shaw es descollante. No es que sea una gran
interpretación, pero es un personaje enigmático,
difícil de descifrar. Por un lado es el general
que lleva el honor prusiano y el orgullo de pertenecer
al ejército alemán en sus venas. Por otro
lado, es el hombre abierto a sondear la realidad para
conocer donde está parado. Y también es
un hombre despótico, que cree en la mano de hierro
y la disciplina como herramientas para el éxito
del ejército alemán. En todo caso, es
un personaje con su propio código de conducta,
lo que lo hace interesante. Sus choques con el ayudante
Conrad son realmente sabrosos, en donde Hessler nunca
termina de ser simpático hacia la platea (imagino
que la idea de describir un nazi con carisma debe aterrar
a cualquier guionista en Hollywood) pero siempre es
interesante de observar. En todo caso, Conrad viene
a ser la voz de la razón: en particular en la
escena donde discuten acerca de los beneficios de la
nueva ofensiva. "¿Ganamos la guerra?"
"No", "¿Perdimos la guerra?"
"No", "¿Entonces, para que sirve?"
"Para mantener la guerra".
Como todo filme bélico hay licencias, errores,
anacronismos, gaffes. A mí no me importan
si lo que se ven son tanques panzer King Tiger
o tanques americanos camuflados. El filme es un intento
de la Warner por crear algo similar a El Dia
Mas Largo del Siglo (que fuera codirigida por Annakin),
aunque el resultado es algo dispar. Visualmente es espectacular,
con un gran despliegue en las refriegas entre tanques.
Pero la película olvida algunos de sus propios
postulados: la ofensiva nazi tiene lugar porque habrán
dos días de mal tiempo, cuando en la mayoría
de las escenas se ve el tiempo despejado. Pero más
allá de algunos acartonamientos, es un filme
épico ampliamente disfrutable e intenso, si bien
su duración es algo larga y hay algunas escenas
que se extienden demasiado. La música es particularmente
horrible salvo un par de marchas militares, y los efectos
especiales son dentro de todo aceptables. Pero es un
muy buen espectáculo que merece verse. |