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Mientras escribo esta reseña, tengo en mi escritorio
una réplica del legendario Batimovil de la serie
de 1966. Cada vez que lo veo me resulta una fuente de
inspiración, como una (bati) señal que me
indica la guía que debo seguir cada vez que elijo
y reseño un film.
Y así como quien escribe estas lineas, hay un
montón de gente en sus cuarenta (o mayores aún)
que conservan un vivo recuerdo de la serie de culto
que los hizo soñar en su infancia. No importa
si usted no es como yo, y simplemente no es de los que
compran merchandising de sus ídolos. En
mayor o menor medida todos hemos gozado con el Batman
de Adam West, riéndonos, disfrutando sus disparates,
gozando su humor blanco y atemporal.
Ya hemos comentado los orígenes del personaje
en la reseña de la versión
1989 de Tim Burton. En los primeros años
de publicación del comic, Batman demostró
ser un suceso, y pronto el personaje terminaría
siendo adaptado al cine pero en forma de serial. La
primera versión vendría en 1943 con Lewis
Wilson como el encapotado y Douglas Croft como el joven
maravilla en un serial de 15 capítulos producido
por la Columbia, donde el presupuesto era una
lágrima - el dúo manejaba un Cadillac
negro a falta de un auténtico Batimovil, y los
trajes lucían horrendos -; el villano de turno
era un espía japonés que tenía
un dispositivo para controlar la mente de las personas,
algo más propio de otros seriales (p.ej. Dick
Tracy) que de Batman, pero dado la época
en que fué rodado, casi todas las producciones
de entonces solían funcionar como propaganda
de guerra camuflada.
La segunda adaptación del personaje vendria
en otro serial de la Columbia de 1949, Batman
y Robin. Robert Lowery era Batman y Johnny Duncan
hacía de Robin. Aquí combatían
a un villano enmascarado conocido como el Hechicero.
Como el anterior, era otra producción absolutamente
olvidable.
Posiblemente el mayor aporte de ambos seriales fue
contribuir algunos conceptos que la DC Comics
terminó por incorporar a la historieta, y ya
son parte de su folklore. Desde la idea de la Baticueva
hasta el perfil delgado y con fino bigote de Alfred.
En el segundo serial ya figura Vicki Vale, la misma
reportera que aparece en Batman
(1989) de Tim Burton.
Pero para principios de los 60, los superhéroes
estaban comenzando a entrar en decadencia. En ese entonces
Ed Graham se le ocurrió proponer a la CBS
y a la DC Comics una serie basada en el personaje,
pero las negociaciones fallaron. La DC entonces
se fue a golpear las puertas de la cadena televisiva
ABC, y estos terminaron por darle el proyecto
a William Dozier. Dozier comenzó a relevar la
popularidad del personaje - en ese momento se estaba
dando un pequeño revival, con frecuentes proyecciones
privadas de los seriales de los años 40 -, pero
terminó por descubrir que la audiencia en realidad
festejaba los bajos valores de producción de
los mismos. El ver a un Batman notablemente gordo manejando
un auto de calle, y cosas por el estilo. Allí
fue cuando Dozier se presentó a la ABC
con una propuesta radicalmente diferente: filmar la
serie en un salvaje tono camp, y con un estilo
marcadamente pop. El proyecto cuajó, y el resto
es historia.
Como ya hemos comentado en algún momento, Batman
(1966 - 1968) terminó por convertirse en una de
las series de culto más amadas y populares a nivel
mundial. Aún hoy, si uno sintoniza algún
capítulo en cable, se transforma en una auténtica
delicia. No sólo es el humor absurdo, los villanos
disparatados, las tramas ridículas, los fabulosos
gadgets que le vuelan la imaginación a más
de uno (a mi juicio, el Batimovil de la serie es el auto
más hermoso de la historia del cine y la TV; los
coches fantásticos de los filmes de Burton, Schumacher
o incluso Nolan carecen del estilo y belleza del Lincoln
Futura adaptado para la tira). Es también el
enfoque de parodia, las tomas inclinadas ("porque
el mal es torcido y así debe fotografiarse"),
los "kapow" y "punch"
de las peleas, las santas batiexclamaciones de Robin....
son muchas cosas únicas e irrepetibles.
Lamentablemente el film que Dozier y compañía
decidieron generar para la pantalla grande (y seguir
explotando la Batimanía) carece de toda la eficacia
de la serie de TV, lo cual es muy triste. Los problemas
pasan, como es usual, por el director y el guionista.
Martinson es el típico director televisivo (viendo
su historial - Barnaby Jones, Mannix,
Dallas, Quincy, Chips... - , es
más fácil nombrar una serie de TV de la
cual Martinson no haya dirigido siquiera un capítulo),
y por lo tanto un individuo absolutamente chato. Semple
Jr (que era el guionista en jefe de la tira, y que años
más tarde será el padre del horrendo King
Kong producido por Dino de Laurentiis) era un tipo
que a esta altura conocía de sobra al producto.
Sin embargo entre los dos no logran crear ni un momento
memorable en la película, y toda la comicidad
parece forzada. Esto también tiene que ver con
la falta de clima que genera Martinson - la secuencia
inicial de la investigación del barco es eterna,
y el chiste del tiburón que muerde la pierna
de Batman llega demasiado tarde -. En general todo el
film parece una sucesión de chistes contados
por un mal humorista, que no conoce los tiempos y los
remates, y los termina arruinando.
Otra de las cosas que uno puede observar, es que la
película cuenta con un presupuesto bastante generoso
que la producción no supo muy bien cómo
utilizar. Lo cual termina en un montón de tiempos
muertos para mostrar paisajes, dispositivos, mansiones,
bati lanchas y bati helicópteros (sin dudas,
con la mira puesta en la venta de merchandising)
que eran inaccesibles con el presupuesto habitual de
la serie. Ver cinco minutos de vuelo del baticóptero
termina por cansar (ídem con la lancha), y encima
los personajes no hacen nada significativo. El film,
en esas escenas, se transforma en un flagrante infomercial
de futuros juguetes, pero aburren a la mayoría
de la audiencia.
Pero cuando por fin despega la trama, termina por resultar
excesivamente burocrática y sin demasiada gracia.
La resolución de los acertijos de The Riddler
es abominable y sin chispa; e incluso todos los personajes
parecen haber perdido su carisma humorístico.
El único momento realmente memorable e hilarante
es cuando Batman debe deshacerse de una bomba, mientras
se le cruzan cochecitos con bebés, bandas del
ejército de salvamento, bandadas de patitos,
niños, marineros y todo tipo de gente. Pero lamentablemente
el resto del film carece de la misma comicidad.
Me resulta triste decirlo pero Batman es un
film mediocre. Hay algunos escasos momentos pero no
alcanzan a repuntar la calidad de la película.
Posiblemente tenga que ver con que lo mismo, en formato
de media hora, era más conciso e hilarante. Pero
así como está, toda la anécdota
parece muy estirada y con demasiados tiempos muertos
en el medio. Si desea reírse, le recomiendo que
mire cualquier capítulo de la serie, o el notable
telefilm reunión Regreso
a la Baticueva: Las Desventuras de Adam y Burt,
que es muchísimo más gracioso que esta
pálida versión de ese maravilloso fenómeno
de culto que fue la tira de los años 60.
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