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Esta es la adaptación
animada de la novela gráfica de culto Batman:
Year One, creada por Frank Miller y David
Mazzucchelli en 1987. El suceso de la historia tuvo
que ver, no sólo con el recuento de la historia
de origen de uno de los super héroes más
populares y venerados de la DC Comics,
sino con el novedoso enfoque adulto y realista de
la trama, lo que sirvió para que un espectro
más amplio de público supiera congraciarse
con el personaje. Tras el suceso de los filmes -
primero de Tim Burton,
y luego el reboot de
Christopher Nolan - la DC
decidió comenzó a adaptar en forma
animada los títulos más influenciales
de la saga de historietas y Batman: Año
Uno es su última entrega. El resultado
final es un filme fuerte en atmósfera y personajes
y dotado de un puñado de escenas potentes,
aunque el desenlace de la historia deja algo que
desear.
Quien se asome por primera vez al universo de
Batman: Año Uno (como
es mi caso) podrá percibir la gran cantidad
de conceptos que surgieron en esta historieta
y que terminaron reciclados en Batman
Comienza y Batman:
El Caballero de la Noche. La idea de una Ciudad
Gótica corrupta hasta la médula,
en donde los policias son más peligrosos
que los criminales; la presencia de Carmine Falcone
y el impecable fiscal Harvey Dent; un Batman joven,
en plena tarea de aprendizaje; y hasta el dispositivo
que utilizaba el enmascarado en Batman
Begins, en donde llamaba por ultrasonido
a miles de murciélagos que acudían
a sacarle las papas del fuego en el momento más
acuciante. En donde Batman: Año
Uno se separa de los filmes de Nolan
es en el aspecto del entrenamiento del joven Wayne,
el cual no está explicitado ni sugerido
de ningún modo (los 12 años de ausencia
de Ciudad Gótica quedan directamente sumidos
en el misterio). Tampoco tiene un sabelotodo que
le provea gadgets. Por el contrario, es un individuo
más confiado en los músculos y en
su empecinamiento que otra cosa y, ante todo,
es un gran improvisador. Pero sus comienzos en
la lucha contra el crimen resultan bastante infructuosos
... hasta el momento en que obtiene una epifanía
frente a la estatua de su padre (una formidable
escena en donde un murciélago irrumpe por
la ventana y se para encima de la cabeza de la
estatua, secuencia que me hace acordar al poema
El Cuervo de Edgar Allan Poe).
Así es como decide transformarse en Batman,
un justiciero más teatral que inexpugnable,
ya que confía más en sus puños
que en la tecnología.
El otro punto fuerte de la historia es la evolución
paralela del personaje de James Gordon, un teniente
de Chicago recién reasignado a la fuerza
de la ciudad. Gordon es un individuo de caracter
fuerte y profundamente honesto, que se encuentra
desbordado por la corrupción que lo rodea.
La sensación de peligro inminente -
tal como ocurría en Batman:
El Caballero de la Noche - es palpable.
Jamás estamos totalmente seguros de que
a Gordon o a su familia no le va a pasar algo
terrible de un momento a otro. En medio de semejante
caldera de presión, el teniente no puede
evitar caer en la tentación de tener un
amorío con una compañera del cuerpo,
algo que será explotado prontamente por
sus enemigos.
En cuanto a desarrollo de los personajes principales,
Batman: Año Uno es muy
buena. Es un filme en donde predominan los monólogos
internos por encima de los diálogos. Lamentablemente
la producción ha decidido apegarse de manera
estricta al texto de la novela gráfica
original, lo que impide que el libreto pueda extenderse
en otros personajes - desde Falcone hasta
el comisionado corrupto, los cuales son figuritas
unidimensionales y decorativas -, y le corta
el vuelo a todas las ricas posibilidades que posee
semejante historia (fijense que toda esta épica
queda ceñida a miseros 64 minutos de pantalla!).
Lo otro que falla es la inserción con calzador
de la historia de Gatúbela, la que no aporta
nada y queda descolocada en el contexto realista
del argumento. Lo único es la anécdota
de sus profesiones: prostituta de día,
ladrona de noche; por lo demás, podían
haberla podado esta subtrama sin miramientos y
la historia hubiera ganado oxigeno para el desarrollo
de los personajes más importantes.
El otro punto que no convence es el climax, el
que supone el primer y definitivo acercamiento
entre Batman y Gordon. Es obvio que de aquí
también surgieron ideas para el desenlace
de Batman:
El Caballero de la Noche, pero el final de
Nolan es mucho más redondo que este. Da
la sensación que el encapotado debería
haber culminado con algo más importante,
o que la circunstancia del final debería
haber sido escrita de otra manera. Es como un
corte abrupto frente a la expectativas creadas
por la trayectoria de estos caracteres.
Batman: Año Uno es un
sólido filme animado. Hay grandes escenas
a cargo del dúo de protagonistas, y excelentes
situaciones. Lo que uno lamenta es que, utilizando
la base de la novela gráfica, no se hayan
animado a expandir y redondear la historia, y
se restringieran a la letra ya escrita. Pero,
por lo demás, es un gran filme. |