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Italia / Francia, 1968 : Jane
Fonda (Barbarella), John Phillip Law (Pygar), Milo O'Shea (Duran Duran),
Anita Pallenberg (Reina Negra), David Hemmings (Dildano), Marcel Marceau
(Profesor Ping), Ugo Tognazzi (Mark Hand) Director - Roger
Vadim, Guión - Roger Vadim, Clement Biddle-Wood, Vittorio
Bonicelli, Claude Brule, Brian Degas, Jean-Claude Forest, Tudor
Gates & Terry Southern, basados en el comic creado por Jean-Claude
Forest, Musica - Maurice Jarre |
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TRAMA
: Barbarella es una agente de la República de la Tierra
enviada tras la búsqueda del científico Duran Duran,
quien se ha escapado con el rayo positrónico. Debido a desperfectos
en su nave, termina por estrellarse en el planeta 16, y es atacada
por una extraña tribu de niños caníbales, pero
es rescatada por el lugareño Mark Hand. Barbarella decide
agradecerle a Hand manteniendo relaciones sexuales como es usual
en la Tierra - tomando una píldora que expande la mente e
intercambiando energías -, pero Hand decide hacerlo a la
vieja usanza. Extasiada con la experiencia, Barbarella continúa
su busqueda y terminará en los laberintos que rodean a la
misteriosa ciudad de SoGo. Allí se encontrará al angel
ciego Pygar, quien la llevará a SoGo. Y encontrará
que la ciudad está regida por la despiadada Reina Negra,
y construida sobre un lago de plasma viviente que se alimenta del
mal. No pasará mucho tiempo antes de que Barbarella descubra
que Duran Duran es ahora consejero de la Reina, y que planea un
golpe de estado. Aliándose con la revolución, la agente
intentará anticiparse a Duran Duran y acabar con las fuerzas
de la Reina Negra, pero descubrirá que la mejor arma con
que cuenta para obtener sus fines es su sexo.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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Barbarella es la creación del historietista francés
Jean-Claude Forest, que publicara la tira en formato de novela gráfica
entre 1962 y 1981. Y en 1968 llega esta adaptación de la primera
de dichas novelas de la mano de Roger Vadim, un director de cine más
famoso por las mujeres con quien se casó (Brigitte Bardot,
Jane Fonda, etc) que por su calidad cinematográfica.
Vadim no es el peor director del mundo, pero sí uno insípido.
Sus obras van desde comedias a dramas livianos, pero lo que lo hizo
más conocido (aparte de sus matrimonios), fue incluir escenas
eróticas en sus filmes, como algunos desnudos y sugerencias
lésbicas. Lo que en su momento era visto como un escándalo
(en los 50 y 60), hoy resulta absolutamente patético y hasta
un aviso comercial de la TV puede tener más carga erótica
que la mayoría de filmes de Vadim juntos. Salvando enormes
distancias (como estilo, temáticas, etc), Vadim terminó
siendo una especie de Russ Meyer a la francesa, un vanguardista
de su tiempo que retó los límites de la censura, aunque
cargado de ciertos aires intelectualoides que Meyer carecía,
y posiblemente por obra y gracia de la Nouvelle Vague gala.
En los sesentas, Vadim era el gurú del erotismo cinematográfico
en Europa, un título bastante grande a juzgar por el talento
real que exhibía detrás de cámaras.
Barbarella es la incursión de Vadim en la ciencia
ficción; y es un claro ejemplo de lo sobrevaluado de sus
talentos. Uno puede encontrar que en Barbarella hay tres
filmes : una space opera, un film erótico y una comedia
sicodélica camp. Ciertamente a nivel de ciencia ficción
Barbarella es una película terrible : los diálogos,
las situaciones, las actuaciones y los efectos especiales pueden
ubicarse perfectamente entre lo peor del género (como un
film clase Z), con un aire kitsch que satura el ambiente.
La película fue producida por Dino de Laurentis, y uno no
deja observar que el nivel bizarro de sus FX es semejante al de
otros títulos también financiados por de Laurentis
como Flash Gordon o Duna. E inclusive
a nivel guión, la trama deja bastante que desear. La resolución
de la película no es muy clara (de pronto la Reina Negra
no resulta ser tan malvada, ni tampoco se sabe cómo queda
la situación resultante en SoGo), y en general todo parece
resultar una serie de episodios no muy bien conectados, que sirven
para destacar la sexualidad de la protagonista.
Allí es donde pasamos a la segunda categoría (la
del film erótico), donde Barbarella explora su sexualidad,
se acuesta con varios personajes del lugar e incluso se insinúa
a la Reina Negra ("bonita, bonita"). Jane Fonda
luce bellísima, aunque no deja de ser una especie de Barbie
de los sesenta, el modelo de rubia idiota que cambia vestuario cada
cinco minutos para lucir su silueta. Uno se asombra de lo que era
capaz en aquel tiempo, comparado con su evolución posterior
a nivel artístico y personal - su militancia política
en contra de Vietnam, su elección de papeles comprometidos,
los Oscars, y un largo etcétera -, con lo cual no
es difícil imaginar que Barbarella debe figurar en
su lista negra personal, de aquellos trabajos que es preferible
olvidarse. En el área erótica, Barbarella es
apenas tibio, ni siquiera llega a ser un softcore, y todo no pasa
de una serie de insinuaciones. Y, si se quiere, no dejar de ser
una fantasía masculina en la mejor onda revista Playboy,
donde una mujer semidesnuda pilotea una nave decorada como un departamento
de soltero de la época (alfombrado en pisos y paredes, lleno
de raros gadgets, con muebles de formas extravagantes).
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Pero donde el film obtiene sus mejores réditos es como comedia
sicodélica. Es una cápsula del tiempo de la cultura
under de los 60. Hay algo de hippismo por aquí,
otro tanto de los happenings intelectuales por allá,
y mucho de cultura lisérgica por todos lados. Como, por ejemplo,
los viajes espaciales del film, que no semejan al standard vacío
negro con estrellas y planetas que estamos acostumbrados a ver en
las películas de ciencia ficción, sino que son formas
viscosas fluorescentes del mismo estilo de las proyecciones traseras
que solían utilizarse en las boites de aquella época.
También la escena donde se encuentra con Dildano (el torpe
líder de la revolución, y que posiblemente sea el mejor
momento del film), donde se explica que los terrícolas ahora
utilizan pastillas para expandir la mente e intercambiar energías
como forma de tener relaciones sexuales. Uno no puede dejar de observar
cierto panfletarismo camuflado del LSD, y hasta podría
asumir de que la aventura de Barbarella no es más que un viaje
interior inducido por las drogas. Esto no es una crítica conservadora
o represora al respecto, sino la observación de lo que intelectualmente
en los 60 se entendía como el próximo paso de evolución
cultural. Desde pasajes de 2001, Odisea del Espacio
(el viaje de Bowman) hasta referencias más explícitas
en otros films como Easy Rider, resulta claro que para los
artistas, la integración del LSD (u otras drogas) a
nuestras vidas era un paso necesario e indispensable para la evolución
intelectual y espiritual. La posibilidad, en vida, de abandonar el
cuerpo y viajar por mundos desconocidos.
Hay algunas ideas interesantes, como el concepto del lago de plasma
viviente que se alimenta del mal, y que es sobre el cual está
construida SoGo (que es la abreviatura de Sodoma y Gomorra).
Duran Duran le explica en un momento a Barbarella que él
ha envejecido prematuramente, entregándose a las vivencias
del plasma, pero no es un concepto que sea explorado sino dicho
al pasar. Posiblemente en el comic hayan cosas originales
que Vadim termina enterrándolas en el relato, engolosinandose
más con sus propios delirios. También es cierto que
el guión resulta incoherente por momentos, lo que no es de
extrañar ya que uno ve cuanta gente (ocho personas) metieron
mano en el libreto, incluyendo al delirante Terry Southern que lo
más prolijo e interesante que ha escrito en su vida sea el
guión de Dr. Strangelove.
Pero lo que termina por salvar al film de ser un total bodrio o
de terminar enterrado en las arenas del tiempo, son algunos momentos
inspirados (o cómicos) y ciertas imágenes que son
icónicas. El angel ciego Pygar (con su nido y su miedo a
volar, que termina por desaparecer después que Barbarella
se acuesta con él), los vestidos de Jane Fonda, el ataque
de las muñecas caníbales, las corridas por SoGo, las
mujeres fumando esencia de hombre (!) o la muerte por placer en
el órgano de Duran Duran. Muchas de estas cosas resultan
fascinantes plasmadas en una foto; en el film, rara vez son efectivas
o terminan siendo conducidas de un modo bizarro.
Barbarella es un film de culto, pero más que nada
por el último aspecto comentado : es un excelente generador
de íconos, pero incluídos en una película terrible.
En su momento tuvo una gran repercusión y disparó
algunas carreras, en especial la de John Phillip Law, que se transformó
en un ícono pop de la cinematografía europea (protagonizando
títulos como Danger: Diabolik, Dr. Justice o El
viaje dorado de Simbad). Pero no deja de ser un film bizarro
y muy desparejo, con ocasionales momentos inspirados. |
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