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La Rebelión de
Atlas es la primera parte de una proyectada
trilogía cinematográfica destinada
a adaptar una de las obras cumbres de la escritora
y filósofa Ayn Rand (1905 - 1982). Si bien
La Rebelión de Atlas entra dentro
de lo que podríamos llamar ciencia ficción
política - aquí hay un escenario
simulado en donde el gobierno no actúa como
de costumbre, y vemos cómo repercuten dichas
acciones en el resto de la sociedad -, el libro
apunta a utilizar la anécdota de la trama
como tesis para demostrar diversos puntos de la
postura filosófica de la autora. Como quien
dice, detrás del culebrón propio
de un best seller hay un panfleto político
hábilmente camuflado.
Para entender mejor a la obra, hay que entender
un poco a la postura de la autora. Ayn Rand era
una liberal a ultranza, una enemiga acérrima
de cualquier tipo de intervencionismo, y una defensora
sanguínea del libre mercado. Ella plantó
los fundamentos del llamado Objetivismo
e impulsó el Egoísmo Racional,
en donde cada uno debe perseguir sus propios sueños
sin interferir con los de los demás, pero
tampoco sin ayudar a aquellos que han fracasado
o se han quedado por el camino. Uno podría
citar como ejemplo a la postura actual del Tea
Party norteamericano, devotos de Rand, quienes
han dicho que Norteamérica debe ocuparse
de su propia crisis, cerrarse sobre sí
misma, y dejar a Europa (y al mundo) a su propia
suerte. Si a ustedes les gusta la historia, podrán
ver que esta posición no difiere mucho
de la famosa Doctrina Monroe - "America
para los americanos" -, la cual fue emitida
en 1823. Mientras que al principio la máxima
aludía a la exclusión de cualquier
tipo de intervencionismo político europeo
en territorio americano, con el tiempo la frase
fue interpretada como una eventual declaración
de aislacionismo. Fue la Doctrina Monroe
la que mantuvo a Estados Unidos fuera de la Primera
Guerra Mundial hasta 1917; y fueron rezagos de
la misma doctrina los que alejaron a los yanquis
de entrar a la Segunda Guerra Mundial hasta que
no les quedó más remedio, luego
del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre
de 1941.
Ciertamente uno podría decir que los tiempos
han cambiado (y mucho) para los Estados Unidos.
En el 1800 era un país joven, pujante y
algo ingenuo, y en el siglo XX ya era una potencia
con redes comerciales extendidas por todo el mundo.
Es por ello que resulta incongruente pedir que
un "imperio" se aisle del resto del
planeta cuando el 90% del mismo se ve obligado
a negociar y/o depender de él. En el fondo
tanto la Doctrina Monroe como el Objetivismo
de Rand no son más que expresiones muy
elaboradas (o camufladas) de xenofobia, conservadurismo
extremo y capitalismo salvaje, quienes desean
que nadie les robe los puestos de trabajo, nadie
les cobre un impuesto ni que nadie les exija compartir
sus ganancias y se dedican a echarle las culpas
de sus penurias económicas a los extraños
que pisan su suelo.
Cuando La Rebelión de Atlas apareció
en 1957, fue apedreada por casi todo el mundo.
Curiosamente el libro comenzó a revivir
con el paso de los años, especialmente
después de cada crisis económica
que sufrieron los norteamericanos durante las
siguientes décadas. Como un signo de los
tiempos, no sólo el público joven
de cada nueva generación accedió
a la novela sino que terminó por abrazar
sus ideas en un porcentaje cada vez mayor - hoy
en día, Atlas Shrugged es un clásico
imbatible que figura todos los años entre
los 25 libros más vendidos en Estados Unidos
-. Y hoy en día, luego de la crisis financiera
/ inmobiliaria del 2008, existe un gran porcentaje
de la población joven norteamericana que
exhibe la bandera de John Galt - el héroe
idealista que creó Ayn Rand para su novela
- como su propio estandarte. Son los que le gritan
a Barack Obama que debería haber dejado
caer a los bancos y a las corporaciones financieras
en vez de socorrerlos con miles de millones de
dólares del patrimonio público norteamericano.
Ahora llega esta película, la cual sería
el primer capítulo de una posible trilogía
(cuya concreción ha sido puesta seriamente
en duda debido al magrísimo resultado en
taquilla que tuvo el filme ... y que demuestra
que no hay tantos ultraliberales como uno cree).
Aquí los únicos aspectos de ciencia
ficción pasan por la extinción casi
total de los yacimientos de petróleo en
todo el mundo y por el descubrimiento de una aleación
de metales casi indestructible. Lo que sigue es
jugar con las repercusiones de dicho escenario
- ausencia casi total de autos, desesperación
por encontrar fuentes de energía alternativas,
una crisis económica global que voltea
a la mayoría de empresas y corporaciones,
el resurgimiento del ferrocarril como único
medio masivo de transporte de personas y carga
-, lo cual es manejado de manera muy racional
y creíble. No es el futuro más fascinante
para investigar, pero no por ello deja de ser
interesante.
Ciertamente La Rebelión de Atlas, Parte
I tiene una cantidad enorme de problemas.
Si se quiere, éste es un filme mediocre
cargado de aspectos fascinantes. Por un lado hay
una intriga muy propia de best seller a lo Arthur
Hailey con "rica heredera que se hace
cargo de la empresa familiar en crisis, la saca
adelante y vence a sus siniestros enemigos de
turno", que no por trillado no deja de
ser interesante. Por otro lado está el
pasquín político de Rand, en donde
sindicalistas y operadores del gobierno son visto
como sucios, ineptos y corruptos, enemigos acérrimos
de la libre empresa. El discurso político
del filme es tan exagerado que a veces bordea
lo ridículo - Rand crea a un empresario
e inventor idealista (el mentado John Galt), el
cual va reclutando a los empresarios más
poderosos para llevarlos a una "colonia"
y, desde allí, mandar un masivo lock out
para tumbar al gobierno que los explota (de allí
el nombre de la novela; la rebelión de
quienes mantienen el sistema y que, como Atlas,
se encargan de sostener el mundo); los ministros
y secretarios toman, en medio de la crisis, algunas
de las medidas más estúpidas y aberrantes
que uno haya escuchado, como "no producir
más que el competidor", "que
los empresarios no sean dueños de más
de una empresa", o que no puedan despedir
a gente de más de tantos años de
antigüedad -, y ello termina por minar
las bases de una historia rica en posibilidades.
El problema pasa porque Rand pone como villanos
a los políticos y a los sindicalistas,
los cuales toman medidas monumentalmente absurdas
para arruinar a la pobre niña rica
heredera de los ferrocarriles. Lo que se dice,
un melodrama capitalista ultraliberal.
El tema con La Rebelión de Atlas, Parte
I es que las dos tramas - la intriga de
best seller y el panfleto político
- son demasiado extensas para coexistir en 90
minutos de filme y terminan siendo metidas con
calzador. Hay demasiados diálogos, como
si los libretistas no se hubieran animado a recortar
o abreviar la densidad de la trama. Y si bien
hay escenas en donde florecen discursos ideológicos
inspirados (aunque discutibles en cuanto a contenido),
abundan los momentos aburridos. Este es un filme
muy particular, con puntos interesantes, pero
que a su vez no es muy entretenido y que uno precisa
estar de un humor muy especial para poder apreciar
sus ideas.
La Rebelión de Atlas, Parte I es
una cinta interesante. Oh si, la visión
de Rand es discutible, pero igual no deja de ser
interesante ver cómo está construída.
Quizás lo que precisaba la obra era otro
formato - el de una miniserie -, lo cual
le daría más oxígeno y mayor
libertad para adaptarla. Así como está
no está totalmente mal... aunque tampoco
está del todo bien.
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