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USA / Alemania, 2009 : Rain (Raizo), Naomie
Harris (Mika Coretti), Sho Kosugi (Lord Ozonu), Ben Miles (Agente
Ryan Maslow), Kylie Goldstein (Kariko), Lee Jun (joven Raizo), Randall
Duk Kim (tatuador), Sung Kang (Hollywood)
Director -
James McTeigue, Guión - Matthew Sand & J. Michael Straczynski
TRAMA : Raizo es un huérfano
que ha sido adoptado por la liga de los nueve clanes, una oscura
e implacable organización secreta liderada por Lord Ozonu
y que se dedica a entrenar a los niños que recluta hasta
transformarlos en ninjas. Pero Raizo entabla amistad con una de
las chicas de su grupo, la cual decide huir de la brutalidad de
la escuela de Ozonu. Al ser atrapada y ejecutada, Raizo se convierte
en un ninja renegado, escapando de las huestes de Ozonu y entablando
su propia guerra privada. Ahora Raizo debe ayudar a la agente de
la Europol Mika Coretti, la cual ha descubierto la conexión
entre el accionar de los asesinos de Ozonu y una serie de asesinatos
políticos. Y ambos deberán enfrentarse a oleadas de
individuos altamente entrenados en el difícil arte de matar.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio desde
fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar partes
del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos a
esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Los ninjas o shinobis eran mercenarios que surgieron
en el Japón feudal de alrededor del siglo 14. En realidad vienen
a ser los primeros soldados comando de la historia, especializados
en espionaje, sabotaje y asesinato. Al contrario que los tradicionales
samurais, los ninjas eran asesinos al mejor postor, sin demasiadas
reglas de honor. Pero lo que terminaría resultando fascinante
serían sus técnicas stealth y sus sofisticadas
armas, algo que terminaría por envolverlos en un aura mística
de invencibilidad.
En Occidente los ninjas nos eran desconocidos hasta que aparecieron
por primera vez en el cine en Solo
Se Vive Dos Veces, en donde James Bond terminaba de formar parte
de un escuadrón de ellos que combatía a las fuerzas
de SPECTRE en Japón. Pero la popularidad de los ninjas vendría
en los años 80, cuando surgiría una fugaz e intensa
moda del género y con los filmes protagonizados por Sho Kosugi
(que aparece, a modo de homenaje, en Asesino Ninja). Lo habitual
es que fueran coproducciones serie B de calidad mediana para abajo.
Luego de ello, entrarían en cuarteles de invierno o quedarían
relegados a figuras secundarias y decorativas en películas
como Mortal Kombat o Street Fighter.
Asesino Ninja viene a ser el primer esfuerzo de los estudios
major de Hollywood en contar una historia del género
con un presupuesto y un equipo técnico potable. Al mando
está James McTeigue, quien viene haciendo las veces de director
suplente (¿o testaferro?) de los hermanos Wachowski
desde V de Venganza. Desde aquella
escena en que V empezaba a lanzar cuchillos a diestra y siniestra
en los túneles del metro en el 2006, se veía que McTeigue
tiene pasta de sobra para dirigir acción. Y ahora le ha tocado
en turno rodar una película en donde la historia es lo de
menos, y lo que cuentan son las orgásmicas masacres hermosamente
coreografiadas.
Porque en realidad Asesino Ninja no tiene mucha historia. En
realidad el guión maneja dos tramas: el origen de Raizo y la
conspiración actual que amenaza las vidas del ninja renegado,
la agente de Europol y las fuerzas del orden. Mientras que el origen
del protagonista es formidable - esto es Kung Fu, versión
el lado oscuro de la fuerza -, nadie le avisó a los
guionistas que debían escribir algo medianamente razonable
sobre la conspiración que se transpira en el tiempo presente.
¿Por qué están todos en Berlín? ¿Van
a matar a alguien?. ¿Cómo hace esta gente para ir y
venir de Alemania a Japón como si estuviera a la vuelta de
la esquina?.
Pero no importa. El filme compensa esa omisión con
grandes creces. Por un lado hay un enorme clima de misticismo en
torno a la figura del ninja - su entrenamiento, los ataques a sus
víctimas, sus fabulosas armas - y por el otro lado está
la acción. ¿Ya dijimos que era orgásmica?.
Es como si a Kill Bill le hubieran
puesto esteroides y la hubieran rodado con litros de sangre fosforescente
(en vez de las tomas blanco y negro que eligió Tarantino
para el combate entre la Novia y el Ejército de los 88 locos).
¿Es creíble?. No, pero ¿a quién
le importa si esto es entretenido?
El cantante surcoreano Rain tiene carisma de sobra para llevar
la película sobre sus hombros, y del otro lado Sho Kosugi
destila maldad por todos sus poros. Los combates son formidables,
y hay uno cada cinco minutos. La pantalla chorrea sangre y tripas,
pero es gore en toda su gloria.
Lamentablemente el lado flaco del libreto - la trama en Berlín
- y la oscuridad de las peleas nocturnas - en donde uno adivina
lo que ocurre en pantalla - opacan un poco el filme. La crítica
la defenestró, y en la taquilla le fue tibio. Y es una lástima,
ya que últimamente hay tanta idiotez que explota las taquillas,
que a Asesino Ninja le debería haber ido mejor. Era
una película que se merecía una mejor recepción,
ya que visualmente es sorprendente. |
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