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Australia, 1980 : Robert Powell
(Gregory Wolfe), David Hemmings (Nick Rast), Carmen Duncan
(Sandra Rast), Mark Spain (Alex Rast), Broderick Crawford
(Doctor Wheelan) Director
- Simon Wincer, Guión - Everett de Roche
TRAMA : El vice gobernador
Steele ha desaparecido en un misterioso accidente mientras
buceaba. El gran candidato a sucederle es el senador
Nick Rast, un político débil y fácilmente
influenciable. Pero la imagen pública y la familia
de Rast se encuentran notoriamente deterioradas: el
senador mantiene un affaire público con
su secretaria, y se encuentra alejado de su esposa y
de su hijo, el que padece leucemia en estado terminal.
Ahora se celebra el cumpleaños de Alex, quien
está visiblemente desmejorado; pero en la fiesta
aparece un misterioso payaso, el que comienza a provocar
cambios en la salud del niño hasta obtener una
súbita mejoría. Sandra Rast acepta al
clown como un salvador, y éste se identifica
como Gregory Wolfe, un ilusionista con poderes sobrenaturales.
La influencia de Wolfe en la familia de Rast se vuelve
cada vez más notoria, y el accionar del individuo
es un misterio - nadie sabe si es un hombre con poderes
o un estafador -. El entorno corrupto del senador lo
fuerza para que tome medidas drásticas contra
Wolfe... pero Rast aún no logra deducir cuáles
son las verdaderas intenciones del misterioso arlequín.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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(Antes de la review debo hacer dos aclaraciones importantes:
1) el nombre de nuestro sitio se debe al personaje
del Joker de Batman y no a este filme,
si bien lo vimos hace más de 20 años y
resultó impactante.
2) la tipografía de nuestro sitio fue elegida
al azar y coincide misteriosamente con la de la película.
Ambos datos significan que nuestras elecciones
fueron por criterio propio y completamente fortuitas...
o bien, de que Gregory Wolfe nos ha estado influenciando
inconscientemente desde 1980)
La Ultima Ola (1977) fue el título que
le abrió las puertas del mundo a la cinematografía
fantástica australiana. Rápidamente se
sucederían otros filmes aclamados por la crítica
como Mad Max (1977), Patrick
(1978), Razorback (1984) y La Ultima Profecia.
En el medio de la oleada apareció Arlequín,
debut en el cine del director Simon Wincer. Lamentablemente
Wincer no llegaría nunca a generar algo de semejante
altura, y en su carrera hollywoodense hay cosas que
van desde Harley Davidson and the Marlboro Man
(1991), la versión moderna del superhéroe
clásico del comic El Fantasma (1996),
Liberen a Willy (1993) hasta cosas feítas
como Operation Dumbo Drop (1995) y comedias insulsas
con Paul Hogan.
Arlequín es un rompecabezas fascinante,
aunque uno de resolución no muy clara. La influencia
primordial es la historia del monje ruso Rasputín
(1869 - 1917), reimaginada en un contexto político
moderno. Rasputín fue una figura enigmática
de la historia rusa, y un sujeto centro de múltiples
controversias. Apareció de improviso en la vida
del Zar Nicolás II, atendiendo y sanando a su
hijo Aleksei de una hemofilia incurable, tras lo cual
ganó el afecto de la familia y comenzó
a influenciarlos en todo sentido. Con su fama de sanador
místico y su influencia sobre las decisiones
políticas del Zar se ganó un sinnúmero
de enemigos, los cuales terminaron por asesinarlo en
1917 tras envenenarlo, golpearlo innumerables veces,
castrarlo, tirotearlo y lanzarlo a un río; todo
esto, simplemente porque el tipo no se moría
(!), y terminaría por tejer una leyenda sobrenatural
sobre su figura.
Aquí los roles son prácticamente los
mismos. Gregory Rasputin ha pasado a ser Gregory Wolfe,
El senador es Nick Rast (por Nicholas Tsar, versión
inglesa del nombre del Zar de Rusia), la esposa es Sandra
por Alexandra y el chico es Alex por Aleksei, el hijo
de Nicolás II. Gregory Wolfe también sana
al hijo del senador y comienza a influenciar a su familia
y a su entorno mientras realiza actos de ilusionismo
que superan a lo normal. Gran parte de los poderes que
posee Wolfe se pueden explicarse por actos de hipnotismo
masivo (que era lo que hacía Rasputín
en su época) pero otros no, y parecieran ser
dotes sobrenaturales. Es que la trama no se contenta
sólo con la historia de Rasputín y tira
otras referencias históricas al estofado: desde
la muerte de un vice gobernador (ahogado de manera similar
al Primer Ministro australiano Harold Holt, fallecido
en 1967) hasta un personaje siniestro que maneja los
hilos del gobierno al estilo de J. Edgar Hoover, el
temible y legendario fundador del FBI, el que
extorsionó a políticos y administraciones
enteras de la Casa Blanca hasta su muerte en 1972. Eso
sin contar de que, por momentos, Arlequin parece
tomar ideas de la mitología cristiana sobre la
vida de Jesús.
Mientras desarrolla la trama, Arlequín es
un misterio atrapante. No sólo no sabemos si los
poderes de Wolfe son reales, sino que también desconocemos
completamente cúales son sus intenciones. El presentimiento
de su muerte y la marca en el piso (al estilo del Santo
Sudario) hacen creer que este hombre tiene algún
tipo de misión sagrada. El libreto alterna puntos
de vista sobre Wolfe de manera tan ambigua que no sabemos
si es un villano o un salvador. En un punto pareciera
presentarse como una tabla de salvación para el
voluble David Hemmings - él es el ilusionista que
le muestra la verdad a Rast tras los corruptos políticos
que lo manejan -, pero por otro lado parece tener sus
propias intenciones. (Alerta
spoilers) Quizás
el último fotograma sea el que revele la verdad:
ahora Alex es la encarnación del espíritu
de Wolfe, y lo que quería era obtener una silla
cerca del poder, al estilo de La Profecía
(1976) (fin de spoilers).
Ciertamente el director Wincer se pasa de rosca un
par de veces pero ello no termina por lastimar el relato.
En una escena en donde Wolfe levita y a la vez se muestra
el mismo cuadro visto por la cámara de seguridad,
nos damos cuenta de que lo suyo es meramente hipnosis
(Hemmings mira el techo mientras Powell corre a sentarse
en el sillón del escritorio). Pero en otras ocasiones
uno realmente duda de que todo sea ilusión, como
los pájaros atacando los cristales de la casa
de los Rast o el estallido de los vidrios del auto mientras
Wolfe y Alex juegan con el sonido en su interior.
Arlequin es un filme notable por sus ideas y
por su clima. A ello contribuye la carismática
actuación de Robert Powell, que domina la escena
con sólo su mirada. Desde ya, es una de esas
joyitas del cine australiano que uno no debe perderse.
Y un show iluminado por una premisa fascinante. |