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USA, 2011 : Lloyd Owen (comandante
Nathan "Nate" Walker), Warren Christie (capitán
Benjamin "Ben" Anderson), Ryan Robbins (coronel
John Grey) Director
- Gonzalo López-Gallego, Guión - Brian
Miller
TRAMA : La exploración
de la Luna por parte de Estados Unidos no concluyó
con la misión Apolo 17. En efecto hubo una misión
más, totalmente secreta y envuelta en el completo
misterio. Videos recientemente descubiertos atestiguan
que la misión Apolo 18 - que tenía
por objetivo instalar sensores de movimiento en superficie
selenita, destinados a alertar sobre cualquier desembarco
soviético en la Luna con fines militares
- sufrió un terrible final cuando las cosas se
salieron de control. Y es que el módulo espacial
norteamericano comenzó a sufrir ataques - por
parte de fuerzas desconocidas - ni bien pisó
suelo lunar.
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Con El Proyecto Blair Witch
se pusieron de moda los falsos documentales. Esas mentiras
grandes como una casa, en donde se presenta material
falso como "videos descubiertos a último momento
y que documentan algo totalmente fuera de lo común".
Para mí, ese chiste tiene gracia si está
armado por alguien con dos dedos de frente. En el caso
de Blair Witch, era la sensación de
inmersión en lo que ocurría en escena,
ya que había un palurdo (perteneciente al
grupo de protagonistas) que filmaba todo el tiempo, aún
cuando la amenaza de turno estuviera por devorárselo.
Con ese modelo siguieron otros filmes, reemplazando a
brujas por monstruos mutantes del espacio (Cloverfield)
u hordas de zombies que dominaban el planeta (Diary
of the Dead). Y en el 2007 apareció Actividad
Paranormal, que reemplazó al nardo que filmaba
todo el tiempo por una serie de cámaras de
vigilancia, dispuestas en el interior de una casa embrujada.
Aún así, el estilo de "cámara
testigo" seguía siendo eficiente porque la
pasividad y el silencio que brindaban las cámaras
de Actividad Paranormal terminaban por producir
sus buenos sobresaltos cuando algo salía de la
nada luego de 30 segundos de contemplar la escena mientras
uno contenía la respiración.
Apolo 18 es la última película
de terror en intentar subirse a ese carro. Intenta ser
una especie de Actividad Paranormal en el
espacio, ya que tenemos a otro idiota rodando todo
el tiempo - en este caso, uno de los astronautas
- y hay una parva de cámaras dispuestas por el
interior y el exterior del módulo lunar. Hay
una cuidadísima reconstrucción de época,
y las filmaciones se ven como si dataran de mediados
de los setenta. Pero ¿saben qué?.
Nada de semejante mise en scene funciona como
debiera.
Ciertamente el escenario que plantea Apolo 18
es fascinante - imaginen estar solitos en medio del
desierto lunar, y que algo desconocido empiece a golpearles
la puerta -, pero la puesta en escena es errónea.
Es recargada. Es distrayente. Cuando pienso en
la impresionante desolación de la superficie
lunar me acuerdo de 2001, Odisea
del Espacio, o de la reciente Moon.
Es más: el filme de culto de Duncan Jones plasmaba
mucho mejor el clima de paranoia que transmite la aridez
de semejante geografía. Acá no sólo
hay demasiados cortes de planos que duran tres segundos
- vemos la cámara del astronauta, una cámara
externa al módulo lunar, otra cámara externa,
una cámara dentro de la cápsula, otra
en el baño, etc - sino que, por el esfuerzo
de reconstrucción de época, todo se ve
como un video VHS borroso. Algo se mueve al lado
de la bandera estadounidense clavada en suelo selenita,
pero la imagen es tan turbia que resulta imposible adivinar
de qué se trata.
En ese sentido, Apolo 18 se hubiera beneficiado
mucho más con un enfoque tradicional (cámara
en tercera persona) en vez de ser Blair Witch
en el espacio. No sólo el director no logra
crear el clima necesario de tensión y horror sino
que, cuando vienen los supuestos momentos de shock...
no shockean a nadie. Ok, también es cierto
que la trama no ayuda ya que es predecible - esta gente
llega en misión secreta a la Luna para instalar
unos aparatos medidores pero a) empiezan a desaparecerle
cosas b) encuentran una misión lunar soviética
completamente diezmada por algo desconocido c)
su propia nave es atacada por algo inesperado d)
un miembro del grupo es infectado por algo extraño
-, y parece un rejunte de cosas, que van desde Alien
hasta El Enigma del Otro Mundo
(la exploración del módulo soviético
abandonado parece calcada de la investigación de
la base noruega del clásico de John Carpenter).
Resulta increíble que un filme realmente corto
- 86 minutos - y con una premisa tan clara la
pifie en gran forma. Y si bien no es completamente original,
Apolo 18 podría haber sido rutina bien
hecha. Hasta uno podría haberle perdonado la
vida... hasta que llega la revelación final de
qué (o quién) los está atacando,
y ahí es cuando Apolo 18 decide lanzarse
por el precipicio. Oh, Dios: ¿no se les
podría haber ocurrido algo mejor?.
Apolo 18 no es un filme terrible, pero tampoco
es uno bueno. No asusta, es rutinaria, el estilo "testimonial"
es distrayente, y el alien malvado de turno es
ridículo. Todo esto podría haberse mejorado
bastante si la hubieran rodado de manera standard, pero
quisieron hacerse los graciosos y el tiro le salió
por la culata. A lo sumo es un filme típico de
cable, al cual decidieron estrenarlo en cine para ver
si recaudaban un poco más con los inocentes que
pasaban por la puerta de la sala, se engancharon con
el afiche y decidieron entrar.
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