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Me encanta el olor del Napalm por las mañanas. ¿Sabes?. Una
vez bombardeamos una colina por doce horas. Cuando todo terminó, me dí
una recorrida. No encontré ni uno de ellos, ningún apestoso cuerpo
seco. El olor, ese olor a gasolina, la colina entera... Huele como... a victoria.
(parlamento clásico del Coronel Kilgore en Apocalipsis Now)
El Soldado Sicodélico es un tratamiento que John Milius escribió
a finales de los años 60 sobre la famosa novela de Joseph Conrad El
Corazón de las Tinieblas. A Milius lo habían retado, argumentando
que el libro de Conrad era imposible de adaptar en forma de guión cinematográfico,
pero el libretista tomó la posta y moldeó la historia ubicándola
en el improbable escenario de la Guerra de Vietnam. Francis Ford Coppola se interesó
por el proyecto, y puso a su protegido de aquella época, George Lucas (sí,
el de Star Wars), al frente del mismo. Pero Lucas
obtuvo un éxito comercial con su film American Graffiti (1973),
y se apartó del camino. Entonces Coppola terminó por hacerse cargo
del proyecto.
Todo lo que sigue entra en la leyenda, tal como otros proyectos mesiánicos
o signados por el desastre como la pre producción de Alejandro Jodorwsky
de Duna o el rodaje de Tiburón
de Steven Spielberg. En realidad, si uno analiza esos proyectos famosos (por el
producto y por el escándalo previo), todo se circunscribe a una cuestión
de egos exagerados. En el caso de Coppola, primero planteó a Apocalipsis
Now como una filmación de guerrilla, mandando actores y equipo técnico
a rodar en locaciones reales mientras que la verdadera Guerra de Vietnam estaba
en curso (algo completamente disparatado, que ningún estudio quiso respaldar).
Para 1976 la guerra había terminado, y decidió emprender todo el
proyecto él solito, utilizando las ganancias obtenidas por la saga de El
Padrino más una serie de prestamos bancarios, con tal de mantener un
control creativo total sobre el film. Para montar la película se fue a
Las Filipinas, desoyendo las advertencias de su otrora mentor Roger Corman (nunca
vayas allí en temporada de Monzones), con un rodaje inicial de seis
semanas. Lo que siguió fue la hecatombe generalizada: desde los Monzones,
que destrozaron el set innumerables veces, hasta un rodaje que se extendió
por 16 meses, mas tres años de post producción. Un Martin Sheen
que vivia borracho y que sufrió un infarto, debiendo ser reemplazado en
algunas escenas (voces en off) por su hermano Joe Estevez; un Marlon Brando delirante
y con un divismo salvaje, que apareció en el set sin preparación,
visiblemente excedido de peso, y negándose a rodar a las órdenes
del director; la ruina financiera de Coppola; 200 horas de filmación que
tardaron años en ser editadas; un guión reescrito sobre la marcha;
e innumerables complicaciones adicionales.
A decir verdad, semejantes proyectos pueden provocar la caída o dar
toda la gloria al director. En el caso de Francis Ford Coppola logró una
victoria pírrica, obteniendo nominaciones al Oscar y reconocimientos en
Cannes. Pero también es una muestra de los excesos de ego del director,
que por manejarlo todo terminó por hundirse.
Apocalipsis Now es una adaptación muy libre de El Corazón
de las Tinieblas. La idea de Milius era, en un principio, realizar una oda
a la guerra y al militarismo - algo muy propio de él -, culminando con
Kurtz y Willard como aliados, combatiendo el ataque aéreo que se menciona
al final del film. En cambio Coppola lo transmuta completamente a lo opuesto,
como un alegato anti belicista. El viaje de Willard es un descenso a los infiernos,
algo más propio de la Divina Comedia de Dante, donde cada fase de
la guerra es como uno de los anillos del Averno, y donde el avance hacia el interior
solo sirve para descubrir peores cosas.
Es una visión demente y racista de la guerra. Uno puede ver que nadie
está en sus cabales - desde Willard, absolutamente perdido en su cuarto
de hotel y cuya única vida es la guerra; hasta los soldados haciendo surf
en los ríos vietnamitas -. La manera en que obran va desde la despreocupación
y el desdén por la vida humana, hasta la total abstracción en su
propio mundo, todas actitudes de aceptación o rechazo frente a la masacre
que los rodea. En general la mayor parte de los anillos de ese infierno termina
por mostrar a los americanos como unos cretinos totales; desde el famoso Coronel
Kilgore de Robert Duvall, que arrasa un pueblo entero con tal de poder surfear,
hasta el festival Playboy - que es un centro comercial clandestino en plena
selva -. Es demencia y es prepotencia. Sólo así se explica la fabulosa
y terrible escena de la Cabalgata de las Valkirias, donde Kilgore extermina
la aldea en su propio provecho.
Prácticamente todos los estamentos posibles de la guerra están
visualizados en el film. Los soldados que viven drogados todo el tiempo; los nervios
a flor de piel, que culminan con la matanza en el Sampán; el límite
final con el puente sobre el río, donde absolutamente todos los soldados
han perdido el juicio y disparan como locos a las sombras. Es caos puro y total.
En general las obras de los grandes directores suelen explicarse por sí
mismas. Pasa lo mismo aquí con Coppola que con, por ejemplo, Kubrick. La
narración cubre todos los aspectos posibles de la historia, sin demasiado
margen para el análisis, y se viven en realidad como una experiencia. La
dirección de Coppola es fantástica; comenzando por el largo y excelente
clip de Willard en el cuarto de hotel, al ritmo de The End de The Doors,
siguiendo por el carismático demente de Kilgore y llegando al clímax
con Kurtz. La etapa final es directamente sicodélica - es como un estado
mental masivo -. Kurtz se asume como sobrehumano, semi dios que debe cumplir su
destino (al igual que Jesús) y acepta el sacrificio. También se
puede interpretar que ha visto en Willard a un sucesor.
Si Apocalipsis Now tiene algunos peros, son menores. Estos pasan por
Martin Sheen, que definitivamente no es el actor adecuado para el papel - le falta
misterio, carece del physique du rol, y se ve como un enano, no como un
asesino experto -. La elección original de Harvey Keitel debiera haber
sido mucho mejor. La escena con el tigre es algo banal, y las secuencias con Marlon
Brando se alternan entre lo brillante y lo incoherente. Mucho de sus diálogos
son absolutamente improvisados, pero si bien encarna a un demente, le falta una
pizquita de sal al personaje. Posiblemente tenga que ver con el enfoque que Coppola
se vio forzado a tomar - el mostrar siempre a Brando aislado y en tinieblas, para
no mostrar el exceso de peso del actor -, pero precisaba algunas reflexiones más
sobre la guerra. Lo de Brando brilla cuando el actor se decide a interpretar las
líneas del guión, como el excelente relato de los niños vietnamitas
que fueron vacunados contra el polio. Y por supuesto la presencia molesta de Dennis
Hopper, obviamente intoxicado y no actuando: una cosa es ver a un drogado real
diciendo incoherencias, y otra es un actor interpretando a un drogado que dispara,
entre sus locuras, reflexiones sobre la situación. Pero son detalles menores
en vistas de la calidad final abrumadora del producto. |
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