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USA, 2007 : Tom Hanks (Robert
Langdon), Ewan McGregor (Camerlengo Patrick McKenna),
Ayelet Zurer (Vittoria Vetra), Stellan Skarsgård
(Comandante Richter), Nikolaj Lie Kaas (asesino), Armin
Mueller-Stahl (cardenal Strauss) Director
- Ron Howard, Guión - David Koepp y Akiva Goldsman,
basados en la novela homónima de Dan Brown
TRAMA : En Genova una instalación
subterránea secreta experimenta con el acelerador
de partículas, el cual termina por generar una
chispa de antimateria. Pero el contenedor de la antimateria
es robado, y la doctora Vittoria Vetra es puesta a investigar
el caso. Mientras tant,o en El Vaticano el Papa ha muerto
y todo está preparado para celebrar el cónclave
que elegirá al nuevo pontífice. Pero un
video ha llegado a las oficinas de seguridad de El Vaticano,
mostrando que los cuatro candidatos principales al papado
han sido raptados por la sociedad secreta conocida como
los Iluminatti. Ya que dicha sociedad procede
de la edad media y estaba compuesta de científicos
a los cuales la iglesia persiguió en su momento,
las autoridades deciden recurrir al especialista Robert
Langdon para que los asesore en el caso. Pero al llegar,
Langdon descubre que los candidatos pontificios serán
asesinados uno por hora, tras lo cual la chispa de antimateria
- robada de Genova y oculta en algún lugar del
Vaticano - será detonada, arrasando la ciudad
papal y en venganza por las atrocidades históricas
realizadas por la iglesia contra sus antiguos miembros.
Con el tiempo en su contra Langdon deberá evitar
la catástrofe inminente.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Angeles y Demonios es en realidad un libro anterior
a El Codigo Da Vinci,
aunque debido al enorme éxito de la versión
cinematográfica de éste - y la necesidad
de seguir con las adaptaciones taquilleras del mismo autor
- se lo ha terminado por disfrazar de secuela. Hay algunas
referencias aquí y allá, ninguna demasiado
profunda, tras lo cual el filme sigue con su historia.
El problema es que, con lo irregular y pretensiosa que
era El Codigo Da Vinci, la película del
2006 parece una obra maestra al lado de Angeles y Demonios.
Aquí el nivel de disparate se eleva al infinito
y mas allá. Tal como en su momento sucediera
con El Codigo Da Vinci,
la Iglesia salió a protestar cuando se anunció
la exhibición de Angeles y Demonios. No
creo que sea por regalías sobre derechos de marca,
ni porque el filme muestre entretelones de la vida política
en El Vaticano. Lo que le molesta a la Iglesia es, en
todo caso, que el argumento muestra de que se trata
de una organización política como cualquier
otra, con tramoyas, corrupción, manipulaciones,
ambiciones y enjuagues de todo tipo, sumado a esto el
triste pasado de sus épocas más radicales.
Si uno la considera en su conjunto, la obra de Dan Brown
pasa de ser atea - u objetiva - a ser fervientemente
anticlerical. Yo no tengo problemas con eso, si los
puntos de vista están respaldados con hipótesis
sustentables. En definitiva, la Iglesia Católica
no puede borrar con el codo lo que ha escrito a través
de la historia, amén de que no posee una imagen
muy limpia frente a la mayoría de quienes somos
creyentes especialmente por los últimos casos
que les atañe - excomulgaciones de personajes
molestos a sus intereses, redención de figuras
polémicas, escándalos financieros y un
paraguas protector sobre escándalos sexuales
de miembros que pertenecen a su cuerpo -. En todo caso,
lo que hace Brown son dos cosas: buscar en lo peor del
pasado del accionar de la Iglesia, y encargarse de molestar
tanto a El Vaticano como para que le haga publicidad
gratis. Es un escritor amarillista pero inteligente.
Lamentablemente la erudición de Brown sobre
ritos y mitologías secretas de la Iglesia no
se condice con su talento como escritor de conspiraciones.
Y si El Codigo Da Vinci era relativamente pasable
hasta que Ian Mc Kellen abría la boca y develaba
el disparate que ocultaba el complot - no tanto por
la supuesta verdad sino por la manera completamente
artificial de cómo estaba urdido -, esperen a
ver Angeles y Demonios. Imaginen el mismo clima
del speech de Mc Kellen, pero extendido durante
dos horas y cuarto. El resultado final es tan sideralmente
prepotente que los últimos 40 minutos se convierten
en un festival camp. Uno no puede creer lo que
ve (y escucha); es un delirio de proporciones bíblicas.
Es un filme recargado de data, la cual podría sonar
interesante en papel pero en el celuloide termina por
resultar abrumador. Como la historia está tan saturada
de vueltas de tuerca, ni siquiera el director Ron Howard
puede apelar a sus recursos habituales - como en El
Codigo Da Vinci o Una Mente Brillante - de
hacer una pausa, usar hologramas para graficar los pensamientos
de Langdon y esperar que el público lo digiera.
Aquí el guión viene tan ajetreado que Tom
Hanks debe vomitar parrafadas de explicaciones mientras
corre de un lado a otro. Llega un momento en que todo
es tan abrumador, que uno decide abandonar el intento
de entenderlo todo y se deja llevar para ver hacia donde
va el filme. Y empieza a descubrir que, tras todo el enciclopedismo
de Brown, se oculta una trama estúpida por donde
se la mire. Es como un videojuego de Indiana Jones,
a un nivel supuestamente más intelectual; Tom Hanks
se devana los sesos resolviendo enigmas y explicando el
por qué, para llegar al punto X donde dedujo que
debería estar la solución, sólo para
encontrar otro acertijo. Lo que no termina por explicar
el guión es por qué estos criminales tan
brillantes dejan elaboradas pistas de cómo encontrarlos
por todos lados.
Pero cuando lo obvio - maquillado de sofisticado -
termina resultando idiota (como es la solución
de enigmas), el filme pasa a un nivel completamente
lisérgico. En especial cuando entrar a jugar
el tema de la chispa de antimateria - ¿el
guión o el libro no podría haberse decantado
por algo más standard como una simple bomba atómica?
-; es en ese momento en que uno tiene que relajarse
en la butaca y gozar de los minutos más deliciosamente
absurdos que se han visto en los últimos años.
Ni siquiera el Batman de
Adam West llegaba a estos niveles de ridiculez. El filme
no sólo sobrevive a una explosión de nivel
apocalíptico, sino que se da maña para
seguir media hora más. A esa altura la conspiración,
los doble manejos, los enigmas idiotas y las traiciones
ya no le interesan a nadie.
Angeles y Demonios es una película abismalmente
mala. Los secundarios están más o menos
bien; el que lleva la peor parte es Tom Hanks, que no
tiene tiempo para otra cosa que vomitar parrafadas de
historia mezcladas con sobreelaboradas tramas conspirativas;
pero en el medio la película se olvida de que
el espectador debe digerir esto. Y cuando la audiencia
lo hace, se da cuenta de que es un insulto a su inteligencia.
No importa si el filme tiene un mensaje anticlerical;
es tan ridículo el resultado que el mensaje no
puede ser tomado en serio. Y lo único que compensa
un poco la terrible calidad de la historia es su dichoso
final extendido, que hay que verlo para creerlo.
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