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Alien (1979) de Ridley Scott es uno de los más influenciales clásicos
del cine de terror de los últimos veinte años. Generó una
saga de secuelas que progresivamente fueron cayendo en sus niveles de creatividad,
aunque no de calidad. El gran problema de la saga de Alien es que básicamente
se limitaron a repetir lo mismo una y otra vez, cambiando cosméticamente
los escenarios. Lo único que la mantuvo viva fue la apuesta arriesgada
de la Fox al tratar a la saga como cine de autor, incluyendo a talentos
como James Cameron, David Fincher o Jean Pierre Jeunet, que hicieron malabarismos
para darle frescura al tema. Pero después de cuatro filmes resulta obvio
que el truco - jugar al Doom con el Alien en corredores
mal iluminados - termina por cansar si no hay un giro radicalmente nuevo en los
libretos.
Hubo un proyecto para realizar un Alien 5, con Ridley Scott en la dirección,
Sigourney Weaver como la figurita repetida de turno, y James Cameron en libreto
y producción. Era un proyecto que iba avanzando lentamente, pero en un
momento la Fox decidió dar un vuelco y eligió hacer una combinación
de dos franquicias que tenía bajo su paraguas - Alien y Depredador
-, algo que terminó por espantar y alejar a todos los talentos involucrados.
Es que, paralelamente, el proyecto de un choque de monstruos (Monster Bash,
al estilo de los filmes de la Universal de los años 40) había
estado germinando en el estudio desde finales de los años 80. Básicamente,
cuando la Dark Horse Comics desarrolló una serie de historietas
basada en Alien contra Depredador, que obtuvieron un rotundo éxito
y comenzaron a generar su propio merchandising. El encuentro llegaría
hasta tener su propio video juego, que sería un hit de ventas e impulsaría
sus propias secuelas.
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Estando involucrado Paul W.S. Anderson (Mortal Kombat) en el proyecto,
es obvio que el film tiene un tono absolutamente diferente a lo esperado por los
fans de Alien. Aquí es donde comienzan los problemas de valoración
de la película, entre los que se cuenta la misma Fox que no le tuvo
confianza al producto y le negó la preview a la crítica norteamericana,
con lo cual la prensa decidió ensañarse con el film. Como siempre,
el periodismo americano es corporativo y politizado, y privilegia al respeto de
su poder antes que las cualidades artísticas.
Y el tema es que uno debe pesar cuál es el punto de vista adecuado para
emitir su opinión. Si considera a Alien vs Predator como una secuela
de Alien, es una película terriblemente light, sin atmósfera
ni sustos que hicieran célebre a la saga. En cambio si la considera como
una secuela de Depredador - que eran, básicamente, vehículos
de acción -, resulta un film mucho mejor visto. En realidad, y con Anderson
tras las cámaras, como debe evaluarse a la película es como la adaptación
de un videogame. Ese es el punto de vista exacto.
En general Paul W.S. Anderson es un director bastante blando; a mi juicio, es
un tipo que se enrieda en el cuarto de edición y cuyas obras tienen problemas
de continuidad, cuando no desarrolla filmes impecables técnicamente pero
sin brío y con la consistencia de una comida rápida. Son películas
fácilmente olvidables, entretenidas mientras duran y no demasiado dañinas
a la neurona. Alien vs Predator es bastante mejor que filmes anteriores
de Anderson, pero no califica para darle una cuarta estrella.
Como entretenimiento es ok, con un buen ritmo y con una buena atmósfera
inicial. Todo el procedimiento previo a la expedición es bastante interesante,
aunque las teorías sobre la pirámide resulten una sanata sideral,
diciendo que los depredadores enseñaron a los humanos a construir a cambio
de que éstos se entreguen en sacrificio para cultivar aliens y entrenarse
con ellos (sin considerar la charlatanería sobre las culturas egipcia,
azteca y cambodiana, cuyas pirámides fueron construidas desde antes de
Cristo hasta el siglo XII DC, una explicación totalmente incomprensible).
Todo el film sigue la estructura de un juego y, de hecho, las secuencias en que
el edificio se transforma en un enorme cubo de Rubik parecen las etapas
de un video game, donde los protagonistas obtienen armas para avanzar en
la misión. Pero al menos los combates entre alienígenas y cazadores
son bastante intensos, amén del clímax con la reina Alien, que permiten
olvidar los enormes agujeros del guión.
Es un film muy entretenido si uno deja el cerebro en remojo en otra parte.
Los caracteres son cartón pintado, y ni siquiera la protagonista (Sanaa
Lathan) tiene presencia o carisma para acarrear el papel de heroína. ¿Dónde
estás, Milla Jovovich, cuando te necesitamos?. Está Lance Henriksen
en un cameo extendido como el antecesor del androide Bishop, que estuviera en
Alien y Alien 3, como para darle continuidad al producto. Pero dejando
de lado la asepsia del film y un par de ideas disparatadas, es un vehículo
de acción disfrutable que no le amargará el rato si la alquila un
sábado de lluvia a la tarde. |
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