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- Señores...
nuestro objetivo es una pequeña superficie
de no más de 12 metros. Nuestros cazas deben
penetrar en un largo corredor repleto de artillería
enemiga, esquivarla, e intentar lanzar las bombas
en el objetivo. -
¡Que la Fuerza los acompañe!
(¡Ah, no!. ¡Esto
último pertenece a otra película!)
En los 60 las peliculas de guerra
en cinemascope y technicolor se
habían puesto de moda, y la popularidad
les duraría un tiempo hasta que la nube
negra de Vietnam terminara por invadir y opacar
todo, diciéndonos que la guerra no era
saludable, limpia ni heroica. Con el tiempo uno
tiende a embellecer las cosas y, en el caso de
la Segunda Guerra Mundial, lo habitual era poner
todo en terminos épicos: los descomunales
villanos que eran los nazis y los heroicos justicieros
que eran los aliados. El tema era que uno salía
del cine, prendía la TV, veía el
noticiero, y contemplaba como los americanos seguían
empantanados en lo que ellos habían considerado
"una guerrita de mier..." en
un pais ignoto de Asia, conflicto que ya le llevaba
una bocha de años y por el cual despachaban
todos los días miles de cadáveres
de soldados yanquis de regreso a su hogar. Mientras
Hollywood vendía que el heroismo y el esfuerzo
terminaba por triunfar, afuera - en la realidad
- uno veía doblegarse hasta las rodillas
a a la potencia mas grande del mundo (la misma
que habia subyugado a los nazis 20 años
atrás).
La otra curiosidad es que buena
parte del cine bélico de los 60 terminó
por considerar a la guerra tradicional como algo
anticuado. Es posible que el auge pop y
la fantasía comic a lo James
Bond hicieran mella en los libretistas de
la época, quienes quisieron tomar lo más
futurista de la Segunda Guerra Mundial y lo trajeron
a la palestra de una serie de películas
con visos de ciencia ficción retro.
Vale decir, de pronto vino una oleada de espías
/ escuadrones / comandos que debían
destruir instalaciones de misiles V1 y V2, arrasar
con fábricas que producían material
radiactivo para la primera bomba atómica
alemana, o sabotear la última arma experimental
germana que se le hubiera ocurrido a los guionistas
de turno, con lo cual los nazis pasaban a ser
otros villanos dispuestos a dominar / destruir
el mundo al estilo de Spectre, Ernst Stavros
Blofeld y otros siniestros antagonistas bondianos.
Después de ver por enésima vez la
misma película con diferente protagonista,
la gente comenzó a cansarse y el cine de
la Segunda Guerra Mundial terminaría por
entrar en decadencia, siendo el último
gran exponente del género Un
Puente Demasiado Lejos en 1977.
Escuadrón 633
viene de la mano de The Mirisch Corporation,
los mismos productores que hicieron los cortos
de La Pantera Rosa y una parva de filmes
interesantes como Los Siete Magníficos.
Aquí esta gente se tomó la molestia
de ir por toda Inglaterra alquilando o comprando
caza bombarderos Mosquito, los cuales habían
sido dado de baja del servicio por la RAF
el año anterior, y habían sido vendidos
a particulares o entregados a museos. Al tener
aviones reales y funcionando, la película
adquiere un enorme grado de verosimilitud. Ver
a estos artefactos volando - sumamente versátiles,
veloces y aerodinámicos - es de por
sí un espectáculo.
Pero tal como pasa ahora, ni
la presencia de los Mosquito ni los efectos
especiales hacen de por sí solos una película,
y los problemas pasan por el lado del libreto.
Es una sarta de episodios unidos con saliva
y con un desarrollo dramático realmente
estoico. Primero tenemos al recientemente
fallecido Cliff Robertson, un americano haciendo
de piloto inglés, al cual le dan una misión
a todas luces suicida y la acepta sin chistar.
El tipo se deja bravuconear por Harry Andrews,
en otro de sus típicos roles antipáticos
con los cuales hizo una carrera. A Robertson lo
asiste George Chakiris, maquillado como una drag
queen y que tiene más pinta de rockero
rebelde a lo Elvis que de miembro de la resistencia
noruega. Chakiris es quien tiene la misión
de aniquilar las defensas antiaéreas del
objetivo y Robertson es el lider del escuadrón
de bombarderos Mosquito. En el medio hay un desarrollo
dramático medio horrendo, que intenta tridimensionalizar
(sin éxito) a los personajes. Después
de eso, pasamos a la misión. A Chakiris
las cosas no le salen bien y cae en manos de los
nazis; y como Robertson es el único piloto
de la RAF que sabe volar (o así
parece), lo mandan a bombardear la mansión
noruega en donde están torturando a Chakiris,
así no delata la misión y deja de
atormentar al público con su horrenda perfomance.
Bien que se lo merece por mal actor.
Como si todo esto fuera poco,
apenas regresa Robertson a Inglaterra - luego
de matar a su mejor amigo, que para colmo era
el hermano de su novia! -, se entera que la
misión suicida se ha adelantado y en menos
de 10 horas debe volver a salir - así
es; otra botoneada de Harry Andrews - y, para
colmo, el operativo de sabotaje de las defensas
antiaéreas se ha ido al caño. ¿Ves?
Eso te pasa por matar a George Chakiris.
En realidad lo único
rescatable de Escuadrón 633 es el
ataque aéreo del final, que George Lucas
se lo robó con pelos y señales y
lo incorporó a La
Guerra de las Galaxias. El asalto a la Estrella
de la Muerte está directamente inspirado
(cof, cof!) en el climax de este filme,
y hasta los cañones antiaéreos de
Star Wars imitan el diseño de los
Flak 43 alemanes. Y aunque los efectos especiales
a veces dejan que desear (los aviones doblan en
90º en el aire o quedan pedazos de maquetas
colgando de los hilitos cuando explotan), toda
la secuencia es excitante y vale la pena. El problema
son los personajes, que son estoicos como la estatua
de San Martín; el atroz comentario final
de Harry Andrews lo delata como un feroz burócrata
y todo el sacrificio previo de nuestros héroes
resulta indebidamente menospreciado.
Como película de sábado
a la tarde, Escuadrón 633 se deja
ver. No es una maravilla, entretiene con lo justo,
pero uno debe apretar los dientes cuando esta
gente sale a escena a decir un diálogo,
ya que el libreto tiene el estoicismo propio de
los filmes de guerra del año 40. Como sea,
vale la pena, aunque sea tan solo por ver el antecedente
prehistórico del ataque final a la Estrella
de la Muerte. |